dimecres, 7 de desembre del 2016

HIPÓCRITAS

El Sr. Alfonso Guerra, carcamal a sueldo del presupuesto español desde hace 30 años, reconocido anticatalán, déspota grosero en el trato con las personas, adalid de las hordas meridionales de boinas y descamisados, factótum del primer tren de alta velocidad en España en beneficio propio , instigador, maquinador, voraz e implacable defensor del Cataluña paga y calla, revestido de una aureola hecha a medida de intelectual de fino y tapa, ha vuelto, una vez más, a vomitar su bilis más agria en contra de los que le pagan un buen trozo de su eterna nómina.

Parece que se ha sentido molesto porque durante el debate de investidura de Rajoy, donde él propugnaba la abstención por un "sentido de estado", las palabras del republicano Rufianes le ofendieron de tal manera que no se explica porque no salieron en tromba todos los diputados socialistas con una respuesta más contundente. "No se pueden legitimar Rufianes", dijo, haciendo gala de su vena más democrática. Y no pudiéndose refrenar de su dialéctica tenebrosa y maloliente, disimulada con la ironía, alertó a sus condiscípulos de que "España no es una nación de naciones y el veneno de los independentistas llega hoy a los socialistas".

Huelga decir que Rufianes ya le dio respuesta adecuada vía tuit. Estamos en unas proporciones de agravios y ofensas diarias que quizás necesitaríamos una oficina dedicada exclusivamente a responder todos estos bocazas que se liberan de sus ineptitudes e ignorancias mediante provocaciones diarreicas escritas con faltas de ortografía. Burros. Demasiado costoso sería. Coste, el que ocasionó el hermano de Guerra, Juan, que a finales de 1989 lo contrató el PSOE como asistente de su hermano en la Delegación del Gobierno en Andalucía, Sevilla. El vicepresidente estaba en Madrid y Juan dedicaba sus horas en su despacho sevillano a trapicheos personales hasta que fue condenado en 1995 por fraude fiscal. Alfonso Guerra, naturalmente no sabía "nada" de las frivolidades de su hermano, pero tuvo que dimitir. Desde entonces se dedica como diputado a disfrutar de una vida arregladita y hacer distinciones entre buenos y malos. Los buenos piden insistentemente, los malos pagan calladamente. La solidaridad, que no es un palo flamenco, debe ser el máximo posible, mal les pese a los catalanes, y el límite no finiquitar ni cuando la muerte nos separe.



El pasado 24 de noviembre el Sr. Iceta se desplazó hasta Sevilla para entrevistarse con la inefable sultana de Triana para recomponer puntos de entendimiento y puentes rotos. Un viaje que por su tufo lo sitúa en una especie de rendición, de homenaje al partido hermano. Nada de nada. El PSC es acusado de disidencia al desobedecer las órdenes del PSOE sobre la abstención del grupo en la investidura de Rajoy. Iceta quiere que le condonen la grave falta y pueda seguir unido al partido madre -madrastra? - con presencia en los órganos de gobierno y con voz y voto. Desgraciadamente los cantos de sirena que provienen de la calle Ferraz de Madrid, más bien dicen todo lo contrario: les perdonarán y les permitirán seguir votando al partido hermano pero sin verles la cara, pintando un cero a la izquierda, con una venda en los ojos y un estropajo en la boca. Ni nación de naciones, ni derecho a decidir, ni morcilla con judías. Sólo morcilla.


Y uno se pregunta si en este momento de turbulencias, no sería más apropiado que Iceta y sus cuatro amigos se arremangaran y trabajaran por su país. Ya sabemos que no son independentistas, y lo respetamos, pero sus votos en el Parlament tendrían unos balsámicos efectos con más eco en Madrid que los que puedan tener durante cien años a un PSOE muy alejado de nuestro pesquis. No dicen o decían o dirán que son partidarios de que la gente se exprese? Pues venga hombre, un empujoncito por la dignidad y menos suspiros por la Puerta de Alcalá y el Puente de Triana, que nunca nos aportarán nada fiable. Ni bueno.

dijous, 1 de desembre del 2016

NAVIDAD ENTRE GÓNDOLAS

Había salido temprano, no podía dormir, el viento mordía clavándote sus colmillos en la cara. La proximidad del canal y la humedad que transmitía aumentaban la sensación de intemperancia. Las viejas chimeneas exhalaban un humo de color de ceniza adulterada, manipulado, podría decirse que quemaban leña y demasiados diarios. Las altas paredes de los callejones soltaban sin cesar lágrimas de agua sucia en el vertical camino hasta deslizarse al pequeño canal.

Llamaban mi atención las canoas y motoras que transitaban por el Gran Canal arriba y abajo repartiendo los víveres a Ristorantes y tiendas. Se oía un rumor de mercado, vendedores y compradores madrugadores, los venecianos igual que los napolitanos hablan en voz alta y gesticulan ostensiblemente, como una mayoría de italianos. Las hordas de turistas aún no habían invadido los espacios y me sentía bien desgranando los callejones próximos al Ponte Rialto. La plaza de San Bartolomé o la calle de Pío X, donde los comerciantes ultimaban los últimos preparativos en sus establecimientos para poder tentar y seducir el deseo de las legiones de cuellos con máquinas de fotografiar colgadas. Venecia es una ciudad cara para los visitantes y para los mismos residentes que deben cargar con la inflación ajena. En el trato comercial abusan de su condición dominante ¿Quién no quiere visitar la ciudad de los canales? Algo queda de los antiguos mercaderes venecianos, rendijas de picardía y astucia, por decirlo suavemente. Hay que pagar el tributo del tropiezo, por ejemplo sentarse en la terraza del Café Quadri a tomar una cerveza y disfrutar de las vistas de la Plaza San Marcos llena de sombreros de colores con piernas, y bolsas repletas de recuerdos. Una pequeña orquestina irá desmenuzando las notas de viejos romances napolitanos o adagios del lugar, muy celebradas por la clientela que verá satisfechas sus ilusiones y agotados sus bolsillos a razón de quince o veinte euros por una vulgar cerveza caliente.



En estas fechas la bella y decadente ciudad lucía una imagen más entrañable que de costumbre, era Navidad. No sólo las calles, edificios y monumentos se veían realzados por la iluminación navideña, también las lanchas y vaporettos se engalanaban con ristras de bombillas de proa a popa, y las góndolas con farolillos rojos. Venecia muere pensaba yo caminando entre diminutos canales y altos muros enmohecidos por la humedad y el tiempo. El enigma de los callejones húmedos enmarcados en rincones de postal me dió refugio en aquellos días  de la Navidad del año 1970. Vivía en un pequeño estudio en la Riba del Ferro, a escasos metros del Ponte Rialto. Los barrios se sacudían la pereza entre balcones y ventanales renacentistas que atesoraban un pasado de poder, intrigas y traiciones. La primera vez me impresionó el Gran Canal. Te perdías por la calle del Orologio abandonando la plaza de San Marcos, adentrándote en un laberinto de pequeños puentes, esquinas de emboscada y espadachín, ristorantes de juguete y vendedores de fruta y cuando, boquiabierto por la belleza del lugar, dabas un último saltito te topabas con la romántica estampa del Gran Canal.

Por entonces, espoleado por la fuerza de la juventud, me debatía con las contradicciones: por un lado me maravillaba de poder ser testigo real de un lugar bendecido por la historia, foco de atracción de grandes personajes y literatos, de los retorcidos dibujos de la personalidad llevados a la pantalla por Visconti y destino añorado de todos los enamorados. Por otro lado imaginaba que en un futuro próximo, la ciudad desaparecería bajo las aguas de la laguna veneciana. Venecia me sugería la muerte, el frío y la tristeza, el desengaño. El hundimiento de una góndola al oscurecer el día, llena a reventar de los besos y caricias de dos pájaros juguetones y enamorados. O el Puente de los Suspiros que no tiene nada de romántico sino que los que lo atravesaban no veían más el cielo ni el mar. Así discurría mi primera y última Navidad en la ciudad de Marco Polo, Albinoni, Vivaldi, Bellini y ... adagios y más adagios.

dimecres, 23 de novembre del 2016

NO SERÉ NUNCA INDEPENDENTISTA

Parece que el tiempo cambia, llegan nubes vestidas de plomo. Los que me conocen bien saben que este título podría ser una travesura de mi subconsciente o una quimera de una tarde lluviosa. Pues no, sólo es un acto de rebelión ante la impotencia que siento al ver la legítima opción que eligen muchos de mis conciudadanos. No hay que olvidar que secularmente nos hemos matado nosotros mismos. Independentistas son todos aquellos que con sus votos nos niegan el pan y la sal, el derecho a ser lo que nosotros queramos, los que aplastan todas nuestras iniciativas y cercenan la prosperidad de este pueblo. Los que con mentiras y argucias vacían nuestros bolsillos. Los que se apartan de nosotros, los que nos quieren bien lejos pero atados del cuello con una larga soga, estos son los verdaderos independentistas. Soy respetuoso con las creencias de los demás, aunque no lo sean ellos con las mías. No soy independentista de la misma manera que no soy funambulista, taxista, marxista, analista, taxidermista u oculista. No me gustan las etiquetas de latón ni las tarjetas enmohecidas de vendedor de humo. Siempre he sido catalanista, o sea, amante de mi tierra, y ahora, este ahora ya hace mucho que llegó, dado que mi cerebro aún recibe alertas de desprecios y odios, y mis ojos resisten y registran los embates de la discriminación, la ofensa y el desprecio, he aquí que de lo único que estoy seguro es de que solos nos lo haremos mejor, mejor solos que mal acompañados. No me quiero alejar de nadie, me quiero desprender, librarme, desatarme. Ahora soy, más que antes, acérrimo defensor de mi familia, de mi país y de mis pequeñas cosas. Quiero estar exento y ausente de verme obligado a hablar una lengua que no es la mía, de costumbres que no son las mías, de fiestas nacionales que con sus regueros y salpicaduras de sangre nos ofenden el humanismo, de estar obligado a compartir leyes decimonónicas y centralistas, de estar bajo la lacra vigilante de un gobierno civil llamado delegación del gobierno de España, de no poder ondear la bandera que yo quiera en mi balcón, de no poder ayudar a los que más lo necesitan, los que no se pueden calentar, los que no tienen techo, porque unas leyes que no son las mías me lo prohíben. De tenerme que sentir calumniado y amenazado por todos aquellos que se llevan parte de mis ahorros y dilapidarlos en fuegos de artificio, procesiones de gemidos y bota, crueldades innominadas de pobres animales secuestrados del rústico pastoreo o pagar desproporcionados edificios del tren en medio de la nada y donde no falta ningún requisito, a excepción de los viajeros.



Es evidente que jamás en la vida podré ser un independentista. Pero más siento lo que me dice el corazón, me fío más, late sólo para mí y no sabe decir mentiras. Dice la RAE que el independentismo es un movimiento que propugna o reclama la independencia de un país o de una región. Santo cielo, lo veis como no es eso de lo que yo hablo. Si no fuera porque las leyes de la naturaleza, y de mis atenuadas fuerzas que me lo privan, recortaría esta bendita tierra  y me la llevaría muy lejos, donde la negrura pizarrosa del aliento a corrupción, la envidia y el egoísmo, no pudieran ni acercarse, ni siquiera saber dónde estábamos, cómo nos lo hacíamos, qué miserable recuerdo podíamos guardar. No sé ni yo dónde, tal vez me he convertido en un soñador con tantas infamias como me he sentido en los últimos años, después de una vida llena de esperanza e ilusión cuál es el legado que me han dejado, qué han hecho para que yo me sienta yo, donde están los réditos de mi riguroso cumplimiento de sus leyes, a la solidaridad? A quién, por qué y hasta cuándo?

No soy un independentista, ni desafío nadie. Tampoco quiero romper España, ya lo hacen ellos solitos. Si por yo decir dentro de mi inmensa pequeñez y anonimato, que me han expoliado de bolsillo y de corazón, como se les llama a los que aprovechándose de los demás lucen una severa y pacífica luz en la cara donde todo les parece poco? Da igual, hablar con una pared es cosa fea. No soy independentista, si algo soy es sólo cabal y realista.


Ya oscurece, llueve, el aire peina con firmeza el estanque cercano y al cribar los árboles parecen órganos de cristal. Me imagino ahora las grandes lágrimas de piedra redondeada estallando entre rayos y truenos en las cumbres de Montserrat.

dimecres, 16 de novembre del 2016

FORNICAR DE PASADA

Estamos avanzando a toda prisa hacia una sociedad totalmente despersonalizada, hoy lo que prima es sacar pasta de donde sea y como sea. En cierto modo, como siempre, nos estamos americanizando, se trata de que mediante millonarias demandas basadas en accidentes o incidentes, en muchos casos absurdas y fuera de lugar, alguien quiera beneficiarse de un sistema irracional y embolsarse lo que no conseguiría ni en doce vidas. Mayormente gente sin escrúpulos a las que les importa una higa los perjuicios que puedan ocasionar. El arañazo de un perrito, el microondas que explotó porque el imbécil no sirve ni para calentar, la reclamación de un idiota al que le saltó la dentadura postiza con unas nueces, el indocumentado que dijo abrasarse el paladar con un café con leche, la dependienta que flirteó con la caja y luego acusó al panadero de extorsión merendándose un año de baja, etc…El abanico de aspirantes al pelotazo es descomunal.

Pero acabo de enterarme de uno del que no había tenido noticia jamás en la vida. He de reconocer que el asunto tiene mala leche en grandes cantidades. Los hechos se remontan al año 2010, en el estado de Missouri (EEUU). Una mujer cursó una reclamación a sus suegros desconocidos, por gastos de manutención de su hijito. Felicity, que así se llama la demandante, trabajaba en un tanatorio (morgue para los yanquis) como maquilladora de cadáveres. Un buen día, en el  que ya había “arreglado” a unos cuantos, cuál no sería su sorpresa al descubrir que su nuevo trabajo sería para un señor con mala cara pero con una erección de caballo. Felicity, que algo de necrófila debía ser, no se lo pensó dos veces y saltó a la camilla del muerto apretando las piernas y engullendo aquel pedazo tieso del finado. Yo no sé si es posible orgasmarse rodeado de ataúdes, crucifijos, recordatorios y candelabros. El caso es que la moza se pegó un chute de aquí te espero, más tarde, en el juicio, se sabría qué tal práctica la había cometido en incontables veces. El epílogo es que el fallecido eyaculó en las entrañas de Felicity. Tal como lo oyen. Mi ignorancia me ha impulsado a documentarme sobre el hecho y efectivamente, no con frecuencia, pero se dan casos de eyaculación a larga distancia, temporal. La erección ya es más frecuente, de ahí que la empleada ya iba bien servida.

A los dos meses en un chequeo rutinario se le diagnosticó un embarazo, y ella dedujo de quien podía ser el padre por una cuestión de fechas. Ingresó en la cárcel por profanación de cadáver y necrofilia. Hasta aquí la funesta historia de una mujer de mucho temple y de ideas demasiado claras. No me gusta frivolizar acerca de ciertos hechos, pero a partir de ahí me he preguntado si cabría la posibilidad de hacer un referéndum entre los recién fallecidos, varones, y preguntarles si estarían de acuerdo en que una vez arregladitos les parecería bien un quítame de ahí esas pajas. Quizá nos sorprenderíamos del resultado.




Aquí entra en juego lo de la demanda por manutención. Porque solo de pensar que a un par de abueletes se les reclame un desliz de su hijo cometido a las 24 horas de fallecer, es algo así como estrambótico, difícil de creer. Entiendo que Missouri está en el Medio Oeste, rodeado por Nebraska, Kansas, Indiana o Kentucki, y que sus hombres son de gran fortaleza, viriles y algo pendencieros. Pero de ahí a deshidratarse post mortem, joder, hay un abismo. Sí que antes los ahorcaban y a la madera, pero no había decoradoras, las balas silbaban a todas horas y no era tiempo de contemplaciones. No sé qué juez falló, pero estoy seguro que al ver los dos viejecitos sentados, pensaría como coño los condeno a pagar si es un asunto que no entiendo ni yo. En fin, fornicar para ver.

dimecres, 9 de novembre del 2016

HAY FRAGANCIAS QUE SON LETALES

Debo reconocer que un servidor siempre ha sido bastante informal a la hora de observar ciertos hábitos. Bien, quizá más despreocupado que informal. Concretamente me refiero al cuidado personal en lo referente a los complementos: vestimenta, calzado, cremas revitalizantes, hidratantes, colonias, desodorantes, geles, champú, afeitado, faciales, etc. No es que no haga uso de casi todos ellos, entre otras cosas porque iría por la calle en pelota viva y desgreñado, no. Se trata de que casi nunca he sido fiel a una marca o una fragancia. Soy totalmente desleal e infiel, las alterno según mi conveniencia o en función del impacto que me pueda causar un determinado aroma, hablo de colonias. Por lo tanto, según lo prescrito por normas populares o de marca, debo ser un individuo sin personalidad. No se me puede identificar por los efluvios aromáticos ni por los colores de mis atuendos porque los varío constantemente.

Todo lo contrario de mi desayuno diario que podría tildarse sin posibilidad de error, de ortodoxia matinal. Antes que nada, ducha incluida, zumo de naranja exprimida y café con leche, eso sí, con los pelos estilo indígena amazónico. Un par de horas más tarde, me pille donde me pille, tres tostaditas tomateadas, unas lonchitas de fuet, copa de cerveza i café solo y muy corto. A excepción de las áreas de autopista que, dada su ineptitud para suministrar un buen pan y un buen fuet, me abstengo de detenerme. Únicamente si acuso flojera de bajos y siempre que los aseos estén libres, limpios y sin huellas visibles de que haya pasado algún energúmeno de los que pintan paredes y wáter de traje flamenco, todo topos. Para que luego digan que todos somos iguales, pues no, ya me perdonarán pero los hay que no solamente van de pezuñeros sino que no saben ni cagar. Pido disculpas, pero es que no se hacen acreedores de delicadeza alguna.



Gwyneth Paltrow, feliz intérprete de “Shakespeare in love”, no solo es aficionada a la cosmética sino que es titular de una empresa de perfumería que ya comercializa una línea de maquillaje y de cremas faciales y corporales ecológicas. Ahora amplía su catálogo de productos con una fragancia “que no dañe la salud de las personas”, la colonia se inspira en el invierno y lleva por nombre “Edition 01 fragrance”, y se presenta el próximo día 15. Un olor que Paltrow espera que traslade a los consumidores al momento en el que lees un libro cerca de la chimenea. Ya veremos, yo sí tengo chimenea, pero los que no dispongan de ella igual les recuerda cuando pasaba el tren dejando un rastro de humo negro y carbonilla que dejaba la ropa tendida también a topos, pero más pequeños y negros. La guapa empresaria venderá su bonito engendro de 50cc al módico precio de 165 dólares y también incluye una bonita vela por 72 dólares más. Y claro, dice que nos merecemos tener cosméticos que sean creíbles, lujosos. Yo quiero productos que sean buenos para mí, comenta la actriz.

Ya les he comentado mi informalidad para estas cuestiones, pero es que se me rompe el corazón al oír a la diva “Me gustan estos meses fríos porque son muy acogedores y reúnen a toda la familia en casa, todos juntos tapados con una manta en el sofá mientras leemos”. Si, ciertamente es muy acogedor pero, que quieren que les diga, a doscientos treinta y siete dólares el regalito con trazas invernales, pienso que la reunión familiar podría terminar a hostia limpia o, en su defecto, metiéndose mano bajo la manta por aquello de cobrarse el regalito. Todo ello sin mencionar el día de Navidad a media tarde, con una trompa de padre y muy señor mío, la vela en la cabeza de la abuela, la manta en llamas en el hogar, el cabeza de familia maldiciendo la puta colonia y su importe adjunto, y el novio de la niña convenciéndola de que la cajita de ocho bombones Nestlé es mejor que el “Edition 01 fragrance”. Un pasmo, vaya.


dijous, 3 de novembre del 2016

NIEBLA Y FUEGO DE ASCUAS

Me he  escapado con un par de amigos a comer fuera, bueno, uno de los amigos lo es más que el otro porque casualmente es mi hermano. La intención no es otra que cumplir con el acuerdo firmado de palabra ya hace un tiempo: por riguroso turno alternativo uno de los tres escoge el destino gastronómico del mes y carga con la cuenta de los destrozos ocasionados sobre manteles. La verdad es que a día de hoy de destrozos, pocos. El tiempo es propicio, la montaña exhibe ufana sus laderas heridas por los colores del otoño. Discurrimos entre tupidos bosques de pinos, robledales y castaños, la carretera serpentea de manera exagerada como en casi todas las ascensiones y descensos de altas cotas. Conjugar la inmensidad verdosa de los bosques con las pinceladas rojas y ocres de las caducas hojas se transforma en un enorme caleidoscopio que, sin poderlo asir, cambia los tonos y el brillo sin cesar. La masa boscosa forma un mosaico verdoso salpicado de lucecitas bailando alrededor de hojas plateadas. El otoño hunde sus raíces en la húmeda tierra alertando del fin de un ciclo en el que árboles y matorrales mostrarán sus retorcidos desnudos en espera de la primavera vigorizante, en donde las ramas florecen y acude de nuevo la vida. Lo mismo que en las infinitas hileras de los tristes viñedos.

Medio sol y sombra hemos dejado atrás, ahora toca sumergirse en las espesas nieblas que extienden sus largos mantos en cuencas y latitudes, conduzco atento, apenas hay tráfico, se cruza algún vehículo con destino secreto, lleva las coordenadas cinceladas en el salpicadero, allí donde solo sus ocupantes conocen el punto justo donde encontrarán un vergel inundado de setas, el mismo donde ahora hace un año llenaron los cestos pero, por lo visto y oído, me temo que solo se encontrarán con dos opciones: puede que el vergel esté seco, lleno de engañosa maleza, o  que un regimiento de cestas, navajas y bastones haya arrollado el lugar. Es muy probable. Soy un enamorado del bosque y temo por él, temo por el planeta entero. Deseo que escampe el etéreo y frágil humo blanquecino, sigo adelante mientras mis acompañantes hablan de platos. Me vienen a la memoria las  palabras de Rosalía que todavía hoy me estremecen “Los que ayer fueron bosques y selvas de agreste espesura, donde envueltas en dulce misterio, al rayar el día flotaban las brumas, y brotaba la fuente serena entre flores y musgos oculta, hoy son áridas lomas que ostentan deformes y negras sus hondas fisuras”.




En estos perfumados encinares ni los hay ni los queremos. No hay  reconocidos establecimientos donde abrevar y dilapidar colesterol. Se trata de sencillos lugares ocultos y sin horizontes, en donde el fuego del hogar no duerme ni deja de crepitar en todo el día y las bandejas de carne guardan turno una tras otra para ser debidamente ajusticiadas y purificadas con dentelladas de encina perfumada y llama insolente y envolvente. Mantelería a cuadritos rojos y blancos, desgastadas por el uso y salpicadas con amorosos  zurcidos que ocultan tantos descuidos y golferíos. Un viejo folio plastificado protege el santo y seña del lugar, platos todos de temporada otoñal y de alta montaña, preferencia absoluta para condenados a la brasa y la fastuosidad de las judías blancas, berenjenas y pimiento escalibado, sanfaina, cebollitas caramelizadas en las ascuas de Lucifer o unos graciosos filetitos de alcachofa temprana. Hay más, claro, pero hay que centrarse en el lugar y en el tiempo. Un músico de higos secos, avellanas, almendras y nueces tostadas dará triunfal bienvenida al café y su correspondiente chupito escocés, con la ingenua pretensión de hacer olvidar el impertérrito rastro del all i oli y el porrón de los benditos bancales del Priorat. Desandamos lo andado, regresamos, ya no conduzco y pienso en la nutriente escudella que me he zampado y el romesco de escarola con guarnición, más que nada por aquello de que hace “bajar”. Hoy he indultado a la carne.

divendres, 28 d’octubre del 2016

LA CASTA DE LOS DESCASTADOS. TAN SOLO CASPA.

Después de seguir por televisión los debates para la investidura del presidente del gobierno no nos queda otra opción que resignarnos al obligado conformismo. España no tiene remedio, vuelven a cambiarse los muebles de sitio para que todo siga igual. Las mismas caras, mismos discursos, iguales objetivos. Es realmente penoso tener que aceptar que esto no tiene remedio. Rajoy no solamente predica con algo de humildad, sino que se ha maquillado con las plumas de gallo que inspiran su  intolerancia, aquella verborrea ininteligible con la que con muchas palabras se consigue no decir absolutamente nada. Rodeado de unas bancadas sonrientes y sumisas, lanza sus mensajes en el hemiciclo con la ceguera habitual y espacia sus párrafos para que sean vitoreados y aplaudidos por los corifeos que, más que eficientes diputados, parecen miembros de un consejo de administración jaleando el reparto de dividendos. Su líder es un hombre gris, un funcionario de visera y manguitos tras una ventanilla, el hombre tranquilo que afronta los grandes y decisivos cambios con la inacción y el silencio. Sentado a la puerta no ve desfilar los cadáveres de sus contrincantes políticos, porque, finalmente, no hay cadáveres porque siempre lo han sido, ni tan solo eso, acaso solo percibe las sombras y las brumas de su inquietante, sórdida e incompetente gestión. Sus ministros, forjados al temple del hierro colado, no despuntan en nada, no demuestran en su supuesto cometido ningún hecho, ningún logro, nada que los sustraiga del ostracismo más vacuo e inane. No gobiernan, en todo caso, mandan. Ay! el ordeno y mando, tan ceñido a la riñonera española que no hay manera de cercenarlo de esas vísceras ancladas en el poder absoluto, en el limbo de la sociedad. En España jamás se ha gobernado, siempre mandado, cosa distinta. Y así piensan seguir. Es tan espeluznante y patético su sentido de la democracia que esta misma tarde ha soltado sin rubor la frase: No encuentro en el Congreso complicidades para gobernar con estabilidad”. Después de limosnear durante un año alguien a quien arrimarse, y ya lo ha conseguido, pretende que también se auto amordacen, darles unos caramelitos de cicuta, y gobernar a sus anchas durante los cuatro años de la legislatura. Para la derecha española, y la izquierda, gobernar en coalición es una broma inaceptable.




Dice Rajoy que “nosotros ofrecemos un proyecto en el que no se divide a la gente”, puede ser, quizá no la divida pero la hace trizas, la pulveriza y la amodorra de aburrimiento y de asco ante tanto ladronicio vergonzante. En cuanto al “desafío catalán” –invento español- el aspirante dice “admito no tener claro  el procedimiento ni el foro”. La frase se despacha por sí sola, esta es la reacción de Rajoy ante el dosier más importante que tiene España encima de la mesa hace ya un par de años. Lo mismo que el premier inglés con Escocia. David Cameron es la antítesis de Rajoy, así como la Cámara de los Comunes es incomparable al Congreso de Diputados. No hay que olvidar, por si éramos pocos, que la sombra franquista se extiende por los cuatro puntos cardinales del toro. Quizá Rajoy ignore el procedimiento (?) pero el foro lo ha tenido siempre claro: el Tribunal Constitucional y los ministros de Exteriores e Interior, expertos fontaneros. Estamos pagando con creces la democracia blanda o el déficit democrático en España. Por no hablar del bochornoso y esperpéntico espectáculo del PSOE que ha dado origen a la epidemia diarreica más aguda jamás vista en todas las cancillerías europeas, ya de por sí castigadas con continuos colapsos del músculo irrisorio, provenientes de las trifulcas de la Marca España. No tiene remedio la Marca. El PSOE  practicará el lametazo hostil pero lametazo al fin, porque España nos necesita, dicen. De verdad que los socialistas necesitan lamer a la derecha más intransigente y corrupta de la reciente historia? No veo castas, solo caspa maloliente. Porque ambos son lo mismo, el freno de mano para que España se descuelgue de la modernidad. Casta de caspa.