sábado, 12 de junio de 2021

 

¡Atención, café de chinitas!!

 

El Madrid castizo y bullanguero se apresta a representar el próximo domingo, una revisión del estado del malestar con respecto a Catalunya. Emulando al gallego-castizo Sr. Rajoy. El asunto a tratar en esta nueva feria del calamar frito no es menor. Ni más ni menos que dejar constancia del tremendo agravio que les supone a sus participantes y firmantes la supuesta y próxima concesión del indulto a los independentistas catalanes.

Están en su derecho, aunque resulta feo y populachero. El mismo derecho que tendríamos nosotros, los catalanes, de montar una especie de mesas petitorias para poner en solfa la corrupción, las cloacas y un largo no sé qué. Aunque de momento no estamos por la labor. No le veo mérito ninguno ni emérito, tampoco.

Lo más chiripitiflautico de la puesta en escena del grave oprobio sufrido por los convocantes y adheridos, se viene completamente abajo cuando, micrófono en mano, alguien es invitado a decir la suya…¿Qué ha firmado señora? “Contra los catalanes”. Entonces, entonces estamos hablando de catalano fobia. Y esto amigos ya es calamar de otra harinera.

domingo, 4 de abril de 2021

MOMENTS (Café sin leche IV)

 

Ha amanecido sin nubes ni malos presagios. Hace frío, el frío de San Antonio que dicen por aquí. El panadero, Eulalio, ya hace un buen rato que ha salido con su roñosa furgoneta a repartir las tiernas hogazas de pan, el alguacil, Moisés, riega la plaza mayor solo el trozo que ocupa el ayuntamiento. Es día de mercadillo y los asentadores montan las costillas de varillas oxidadas que darán soporte a los apedazados toldos; Fruta, pescado, embutidos y las preciadas paradas de ropa. Ropa de vestir que se conoce de memoria toda la comarca por su parsimoniosa venta. Aquí no hay Ralph Lauren ni ostias en vinagre. Un jersey verde que pica lo suyo para los domingos de la niña, y acaso unos calzones hasta los pies para el abuelo gruñón. No le hace ningún asco al mercadillo la Sra. Remedios, suele venir por aquí a proveerse de ropa interior, mayormente se interesa por los sujetadores, aquí los hay de talla cacerola y le cuadran. Para los vestidos y conjuntos antes se iba a Madrid pero con el tiempo también claudicó, se veía en el espejo y de su boca salían toda suerte de tacos, ¡Maldita sea yo y mis nalgas!

El sol ha llegado para empequeñecer el frío, barnizar las calles y dulcificar la dura y monótona vida de los lugareños. Hoy se ha dejado ver por aquí Salustiana, amiga de Reme y ninfómana de vocación. Gusta de pasearse por el mercadillo para darse un baño de piropos mañaneros. ¡Buenos días Salu, que buena estas hoy! ¡Hola manchega, hoy te comía el queso, no el manchego! ¡Vaya par de cántaros, manchega! Y Salustiana henchida de gozo y con media sonrisa de reojo, movía las caderas para enojo de media docena de bocas desdentadas. En fin, las banalidades propias del alegre populismo. Del ser o no ser y, a poder ser, que sea. La chica tiene maneras, cuando alguna amiga íntima le dice aquello tan solapado de “como estas Salu?” siempre les responde, como el fuego, ardiendo.

El Sr. Alsina, bancario él, aunque esté con el mocho en la calle puliendo la entrada de su oficina, si se apercibe de que pasará la Reme, se arregla los cuatro pelos, Buenos días Sra. Remedios, ¿qué la trae por aquí? Pues me trae de todo menos entrar en su oficina, ya lo sabe. No puede disimular su honda aversión a los bancos. Las perras al armario y no se hable más. Ginés, Ginés Berganza es el pijo del pueblo, bueno, más que pijo adinerado diría yo. Porque es un tarugo inclasificable, feo, desaseado, empavonado y más falso que un duro de chocolate. Sus padres hicieron fortuna de la nada. Y digo de la nada porque en su día tenían cuatro duros y decidieron dedicarse al innoble oficio de la usura. Y de ese modo arramblaron con casas, huertas y fincas, ¡toma! Es un oficio apañado, arreglado, se trata tan solo de que aquellos dineros que prestas, no te sean devueltos. San Sebastián, padre de las injurias y penas, te ruego que no me los devuelvan. Y de ese modo se hicieron un patrimonio de chupa y domine. Y ahora Ginés, vive de puta madre y ni se casa para no menguar sus bilinbines.



Continuará,

martes, 30 de marzo de 2021

MOMENTS (CAFÉ SIN LECHE III)

 

Efectivamente, como de costumbre, El Café sin Leche cumplió con las expectativas. El manchego líquido corrió de mesa en mesa hasta la madrugada, disfrazado de garrafa de cinco litros. Más ácido y agresor no podía ser, ponía el gaznate irritado y el hígado en posición de firmes. Pero todo eso era banal, olvidable. La parroquia lo agradecía porque siempre fue así, sin menospreciar que era el único día del año que el vinorro era gratis. Claro que sí. Y Reme cumplió, vaya si cumplió, ese día despliega todas sus cualidades cautivadoras y seductoras. Es mujer de sólidas convicciones y guardián de las más puras esencias. Pero tampoco le amarga un dulce.

Gregorio se acuesta pronto, le quedan muy pocas luces en su cerebro y, como siempre, coge una tajada de las que hacen época, vomita en el suelo de la cocina, balbucea no se sabe qué, y emprende la huida hacia los bajos del billar. Estos últimos años se integran en la fiesta Manoli y Salustiana. Manoli es la peluquera y esteticien, y su amiga regenta el estanco del pueblo –es ninfómana-. Sobre media noche aparece la pareja de la guardia civil, sin bigotes, interesándose por el aforo del bar y bla, bla, bla. Lo suyo son los atestados, siempre dicen, pero es un día especial, y la Reme los induce irremediablemente hacia una mesa atestada de garrafas de vino especial para distinguidos, tunantes, vividores y necesitados de cariño.

La Sra. Remedios rondará los cien kgs, mucha bondad y sabiduría. Siempre atenta a qué con tanto bullicio y desmadre rural, nadie le toque las nalgas al discurrir entre las mesas de alegres borrachuzos. Aquella maldita vez le abrió la cabeza a un muchacho y le metieron un pollo, no al tocador, a ella. Manoli sirve a destajo, garrafa en mano, los cuatro puntos cardinales del local, la suciedad del sitio empalidece ante tanta gente, y si mientras garrafa en alto siente un suave tacto bordeando su juvenil culo, no se inmuta, se gira y sonríe. Juventud, divino tesoro.

Adolfo Quijano no es cliente asiduo, viene poco. Se conoce de él que estuvo toda la vida rascando papel en una librería en Madrid. El hombre es aficionado a los libros; el tamaño, el color, la impresión, las ilustraciones, los autores, etc. Yo juraría que no se ha leído un libro en su vida. Hoy le está vendiendo la mercancía a Reme “Mire usted señora, en el año 1986 me mandaron a Beirut como corresponsal de guerra, solo le diré que al entrar en la habitación del hotel vi un letrero detrás de la puerta que decía: Prohibido salir en caso de tiroteo”. La Reme, con una pizca de chorizo en la pestaña, tan solo pensaba en las garrafas que se habrían consumido. No creía al sr Adolfo, le importaba una mierda si lo mandaron a la guerra, y Beirut le sonaba a Cuenca o por ahí. Tenía los ojos de sapo ya en franca tensión.

Desde la puerta del bar, el guardia civil más joven alzaba los brazos gritando “Gracias Sra. Remedios, El que al mundo vino y no toma vino, a qué coño vino”.

Continuará.

jueves, 25 de marzo de 2021

MOMENTS (CAFÉ SIN LECHE II)

Se empezaba a atisbar el otoño, había mudanza de colores y de vestuario. El frío repartiendo leña a gusto y las fogosidades de pareja en claro descenso. Hasta los cuatro perros callejeros bostezaban más de lo normal y con las orejas gachas. Quien sabe, año de nieves año de bienes. A la Sra. Remedios le importa una higa la climatología, la leña y las nieves. A ella los bienes. En otro tiempo metía el dinero en una caja de puros, pero al igual que antes se cogía una cogorza a base de cubatas, hoy se cogen más, pero de manera más fina y menos garrafa. Hoy guarda el money en una consistente y recia caja de cava.

Su negocio lleva por nombre Café, en la realidad no es otra cosa que una taberna, los precios son modestos y las consumiciones, más. Salen beneficiados los de siempre, los que se atan a la pata de una mesa cada día para cascarse cuatro horas dando la lata con el mus o el siete y medio, por un euro el café. Incluso alguno repite. El Sr. Alsina, de procedencia catalana, trabaja en la sucursal bancaria del pueblo, de la que es el director, administrativo, conserje, asesor fiscal y, en ocasiones, señora de la limpieza. De vez en cuando se acerca al café para darle la tabarra a la Reme, pero ni por esas. Ella siempre argumenta que antes de llevar los cuartos al banco, tendrían que pasar por encima de su cadáver. Cobra al contado y paga al contado, pasta en mano. El que quiera librar recibos por la intenné o banco, cruz y raya, fuera. Caja de cava arriba y abajo, la guarda en el armario de su habitación, se necesitaría un hacha para encontrarla. Tan frágil proceder me recuerda que en los pueblos hay poca costumbre de comprar periódicos, pero sí de leerlos. Se darían con un canto en los dientes antes de comprarlos. Para eso están los cafés. A lo que Reme aduce sibilinamente que, si ella apenas sabe leer, cómo va a comprar periódicos para otros. Al Sr. Alsina le cobra el café a uno con veinte y él, con resignación y noble elegancia, se despide con una cortés inclinación de cabeza. Reme les dice a los clientes que el Sr. Alsina es un caballero y él, de regreso a la oficina, piensa en aquellas uñas tan espeluznantemente enlutadas y aquella enorme blusa condecorada con múltiples premios de colores. 

Pero no todo es racanería, Reme es una mujer hecha a sí misma, origen humilde, luchadora, buen corazón y mala estampa, constante, atrevida y cumplidora, cuando lo cree necesario. Y una pizca fachilla, si, también. Hoy es su santo y tira el café por la ventana, sin leche. El café está a rebosar, impacientes, dirá unas palabras, subirá dos peldaños, dará media vuelta y declamará:

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

La Mancha le cautivó y allí se quedó, en uno de los pueblos que no salen en el mapa pero igual a cualquier pueblo. No olvida las raíces paternas, Granada le cosquillea en el corazón, y eso es de bien nacido, aunque no sepa donde cae la cuna del prestidigitador de las palabras, del príncipe de la poesía…”por el agua de Granada sólo reman los suspiros”. García Lorca.

 

               Continuará


miércoles, 24 de marzo de 2021

MOMENTS (CAFÉ SIN LECHE)

Esta es una tarde normal de verano, calurosa, semi dormida, y socorrida por la sombra que proyectan los cercanos cerros. El pueblo adormilado y el café a rebosar de parroquianos con los ojos extraviados.

La Sra. Remedios regenta el mugriento local con esmero y dilatada dedicación. Largos años hace que enviudó, fue el día en que pronunció aquellas sentidas palabras en la más íntima soledad “Menos mal”. Dirige, vigila, asiste, sirve, compra, cobra y complace. Su distinguida y rotatoria clientela, porque la van pringando e ingresando de nuevos, conocen de primera mano la mala leche de la Reme.

Reme! ¡A ver si el cortado se enfría!

Ya voy Sr. Anselmo (Valiente muerto de hambre). Anselmo dedicó su vida a enterrar muertos y ahora que está libre de cadaveres, invierte su monótona miseria en el Café sin leche. El local tiene un pequeño altillo en donde se ubican el billar y un futbolín, fuera de servicio, claro. También se aloja un gran espejo mancillado por la humedad y los años. La oronda dueña se apalanca frente al espejo cada mañana para comprobar su estado, todo bien, unos pelillos en las orejas y nariz, ojos de sapo poco visibles, morrera pintada a lo cañí, y un culo que no logra alcanzar el espejo, y todo lo que no se ve, no existe. Se gusta, “Hago buena pinta hoy, coño”.

Hay unas diez mesas, sin distancias ni hostias, las paredes son una verdadera apología de cine y toros. Lo de la apología viene dado por el encubrimiento de la mugre con tanto papel coloreado. Del techo cuelgan dos ventiladores de pala larga que se jubilaron Dios sabe cuándo. Tres ventanales dan a la calle y curiosamente los cristales están como salpicados de la cantidad de moscas que reposan en silencio desde la proclamación del estado del bienestar. Los parroquianos se sienten a gusto, la mayoría juegan a las cartas, otros charlan, alguno se rasca la entrepierna y Matías, como siempre, con los brazos cruzados y la vista orientada al infinito en busca de lo que pudo haber sido y no fue. Gregorio atiende tras de la barra, lo contrató la Sra. Remedios hace ya 25 años, casi siempre está sentado y es sordo. Oyó hablar una vez acerca de los derechos del trabajador y se lo comentó a la patrona qué, dándole la espalda y culo, le dijo “Tus derechos me los paso por el culo”. Gregorio le está muy agradecido, disfruta de un camastro debajo del billar y se toma alguna birra a escondidas.

Reme! Venga unas croquetitas que hoy es domingo.

Oído, recién hechas. Bueno, no exactamente, sobraron el domingo anterior, aunque las puso en la nevera por la noche. Más que nevera, armario, porque no está nunca enchufada. Y así van transcurriendo los días, aquí paz y después gloria. Largos silencios y añorados recuerdos, la gente del campo es buena gente. Lo del día en que Reme pasaba entre mesas y un mozo le palmeó una nalga a Reme, considerado como muy grave, ya lo comentaremos en otro momento.  

jueves, 18 de febrero de 2021

JEP (5) YA TIENE RADIO

 

JEP (5) YA TIENE RADIO

Al parecer volveremos este año a repetir una Semana Santa descafeinada, aburrida y sin ton ni son. Añoro los paseos en bicicleta junto a la orilla del mar, ese mare nostrum hipnotizador. Eso sí, cuidando de no pegarme una ostia como el año pasado que me jubiló cuarenta días con sus cuarenta noches. Muñeca nueva.

A Jep no le gusta la playa. Me echó en cara no haberlo sacado a pasear durante tantos días. Le dije que era por el yeso en el brazo, pero era mentira, me apoltroné en casa y me daba pereza salir. Otros lo hicieron por mí, pero no me lo perdonó. Ya saben, Jep más que un perro es un hombre con instintos caninos. Ladra, pero no muerde.

El martes nos dejó Joan Margarit, sin duda el más brillante poeta contemporáneo catalán. Su basto legado literario es como un preciado tesoro a toda la humanidad. Literato, conferenciante, poeta y arquitecto de cálculo de estructuras. Una vida pletórica y preñada de experiencias. No hace ni un mes terminé de leer su libro “Para tener casa hay que ganar la guerra”, sin serlo, es como una auto biografía del personaje que deslumbra por los múltiples avatares de su infancia y adolescencia. Una lectura que no olvidaré nunca por su amenidad e interés. Laureado en múltiples ocasiones y traducido a distintas lenguas, ha ido derrochando maestría por doquier. Tuve el privilegio de compartir con él algunas veces, hace ya mucho tiempo. Descanse en paz.

Esta semana no les hablaré de la puñetera leña, no, ha subido la temperatura y se nota que en casa echamos menos humo y, por tanto, se han reducido los viajes al almacén. Motivo por el cual, Jep, está más contento por no turbar sus pensamientos de soledad. El lunes le regalé una radio vieja, de los tiempos de Antonio Machín, y el tío se pasa el día escuchando música, ya saben, clásica.

El tema elecciones también vamos a obviarlo, y digo bien, elecciones, no erecciones. Les confieso que estoy de política hasta los mismísimos mellizos, un tostonazo sin precedentes, entre otras razones porque del hacer y el deshacer de toda esa panda de funambulistas depende un pedazo muy suculento de nuestras vidas. De lo que queda de nuestras vidas, porque al paso que vamos…

La única novedad, aparte de cortarme el pelo, ha sido cambiar al suministrador de mi centro de comunicaciones íntimas y públicas, de Movistar a Orange. Estaba ya hasta el gorro, veremos si ahora aparece otro gorro. Es tanto el papeleo de Usuario, contraseñas, derivaciones, enlaces, SMS, correos y la madre de Calcuta, que te acaban las ganas de hacer cambios. Vivimos entre una amalgama de enchufes, conectores, empalmes, fibra, reproductores, altavoces, convertidores, impresoras, cascos y la madre que lo parió, que cuando ya todo está listo es la hora de ir a dormir. Eso sin contar con que un día, entre un mar de cables, no acabes estrangulado o electrocutado. Por poner un ejemplo.

  

 

 

 

sábado, 13 de febrero de 2021

Jep (4) Sábado corriente

 

Un sábado corriente, un sábado más. Sin historias que contar ni mares donde navegar. De buena mañana, y siempre puntuales, han venido los leñadores, 500 kgs más de troncos redondos y opulentos, duros como la piedra que, añadidos a los entregados desde setiembre, hacen la suma nada despreciable de 2000kgs de leña. Año de frío y nieve. Los ha recepcionado mi nieto mayor, un crac. Poco después me he acercado al almacén para oler el aroma de almendro y olivo, todo un placer gratuito y tonificante. En eso que al oírme se ha desperezado Jep, algo malhumorado. Al acercarse husmeaba la leña y me ha hablado.

Buenos días, Pep. ¿No tienes nada mejor que hacer que interferir en mi sueño?

-Buenos días Jep, perdona pero era necesario descargar la leña.

No me refiero a la leña, creo que tendrías de estar en casa reflexionando sobre el voto que vas a emitir mañana y que a mí me es negado.

-Mira, no tengo nada que decidir ni mucho menos reflexionar. Depositaré el papel y me largaré. He llegado a odiarlo. La política me da diarrea, toda y todos, es un insulto a la inteligencia. García Sabell dijo “En España todo el mundo grita al mismo tiempo y nadie escucha a nadie”. Un escándalo, créeme.

Pero qué es lo que tú quieres, por cuál de ellos te decantas.

-Por ninguno, voto por rutina y deber cívico. Te diré cuál es mi estigma, mi mala suerte. Fíjate, tuve el gran desacierto de nacer cien miserables kilómetros por debajo de la frontera ¡Cien! Una pena, una verdadera pena.

-Jep ha bostezado y ha enfilado el camino hacia su dormitorio.

Comida en Solivella, acompañados de una nieta. Sobresaliente como siempre, ya no cenaré. De vuelta a casa hemos dejado a nuestra acompañante. Me he calzado los harapos domésticos –no sé andar por casa con la ropa de calle- y empezar a digerir periódicos y sus incontables mentiras, falsedades y animaladas varias. Pero menos da una piedra. No estaba de muy buena gaita pero he abierto los mensajes y hoy tenía ración doble. Y lo curioso es que habían dos que eran coincidentes, no en el fondo pero sí en la forma. Una señora me echaba en cara que cuando escribo en catalán no me entiende. El otro era de un señor que me ha dicho de todo menos bonito por escribir en castellano. Así, como suena. Obviamente no he contestado ni lo haré. Y no lo haré porque siempre he procurado contentar ambas lenguas. Los catalanes nos han parido bilingües, cosa que muchísimos no pueden decir. Otra cosa es el uso que de ello podamos hacer. La primera vez que estuve en Holanda quedé maravillado de su innato bilingüismo, aquí, como siempre, es un problema. Lástima de la cercana frontera.

Por lo demás, seguiré sin reflexionar, me tomaré el whisky que siempre pregono y luego no me lo bebo, miraré si el Barça vuelve a hacer el ridículo, y cuando las pestañas comiencen a oscilar como banderitas al viento, me meteré en el sobre.