dimecres, 17 de febrer del 2016

LOS OJOS DE LA VERGUENZA

Hace unos días, leyendo el periódico, me detuve en una carta al director en donde su autor denunciaba el trato que sufren los niños que solos y sin amparo de nadie forman parte de las oleadas de emigrantes que llegan a las costas del sur de Europa. Concretamente de los menores a los que hacía referencia una nota de la propia comunidad europea en la que se daban por desaparecidos e ilocalizables entre diez y veinte mil niños. Qué puede impulsar a una criatura  abandonar su entorno, su hogar, quizá a su familia: la guerra, el hambre, la necesidad, la orfandad?

Según la RAE los antónimos de “guerra” pueden ser: paz, concordia, avenencia, conciliación. Yo  les antepondría infancia, horror, muerte o desamparo. Esa legión de infortunadas criaturas ha llegado a la tierra prometida sorteando las frías aguas del mayor cementerio de los últimos tiempos. El Mediterráneo atestado de cadáveres con  sus maletas repletas de sueños, sueños de una vida mejor. Criaturas aterrorizadas que, en el mejor de los casos, son rescatados con el cuerpo aterido y la mirada desolada por el pánico. Ocultos entre la abatida muchedumbre, habrán cruzado fronteras y se encontraran desperdigados en países del norte del continente más perdidos que una aguja en un pajar. Sin comer, sin comprender, amenazados o perseguidos, no aparecerán nunca más en los noticiarios de ningún país. Pasará el tiempo y aquella mirada perdida de pánico infantil se tornará en finos estiletes con los que cortar su supervivencia. Un buen puñado morirán en el intento y unos cuantos miles serán presa de las mafias que comercian con seres humanos para darse de bruces con la prostitución, la droga o el crimen. El sueño de una mejor vida ya no será más que una utopía. Solo será un lejano sueño. En estos casos las leyes protectoras y la solidaridad internacional son un brindis al sol, un entremés  a la hora de los telediarios, que se sirve frío, sin esmero y falto de credulidad.

A todas esas calamidades que vinculan a menores de edad con un incierto y oscuro futuro, no podemos dejar de lado el papel de la iglesia católica – y no solo de ella-. Quizá no tengan la misma procedencia pero también concurren en ellos la debilidad, incerteza y temor que los hacen ser presas sexuales de hombres entregados a Dios, sin escrúpulos, vergüenza ni compasión y que esconden bajo sus hábitos al más vil de los depredadores. No es mi intención incidir solo en la Iglesia, la humanidad es mucho más, pero ellos han contraído un compromiso divino que los hace más culpables y a sus víctimas más inocentes. En Estados Unidos, durante los últimos años son muchas las diócesis que han entrado en números rojos, cuando no en ruina absoluta, siendo la de Boston con quinientos millones de dólares de los mil que se han desembolsado,  la que más bocas ha cerrado en forma de indemnizaciones a víctimas de pederastia.


Desde que se lleva un registro más o menos fiable de casos de pederastia en el seno del sacerdocio, prácticamente no queda a salvo ni una provincia española. Funesto ratio que sin duda sería de aplicación al mundo entero. Si tenemos en cuenta que la mayoría de casos no fueron ni son denunciados, estamos ante un verdadero estrago, un colosal infanticidio. Siendo las guerras y catástrofes un caldo de cultivo de esta lacra social, cuando pienso en los lugares exentos de belicismo tiemblo de lo que puede llegar a significar. Nada hay más puro, bello, inocente e ilusionante que los niños. Si han de caer en las redes de estos desalmados pedófilos, la mayoría de las veces impunemente, es que algo no estamos haciendo bien. No interpretan bien el Evangelio…”dejad que los niños se acerquen a mi”, pero no es eso, no es eso.

dijous, 11 de febrer del 2016

EL BESO

El primer beso lo recibí allá por dónde más o menos se hace de noche en la memoria. Creo que tendría entre 14 y 15 años. La maestra de ceremonias fue una mujer unos cinco años mayor que yo, un rostro achinado y delicado que hacía titubear mis supuestas convicciones. El lugar confieso que, casualmente, se trató de un escenario un tanto surrealista: dentro del confesionario de una iglesia. Allí fui citado por quien, sin duda alguna, llevaba la iniciativa y, de paso, un cuerpo para electrizar las neuronas de cualquier adolescente. Estaba avisado, “esta noche te enseñaré a besar”, Una vez reunidos y amontonados en el oráculo del pecado, le proporcioné un beso contundente, pegadizo y prolongado en toda la mejilla. Acto seguido, en vez de llamarme tonto del culo, me agarró por el cogote y fundió sus labios con los míos atornillando sin piedad y taladrándome con su lengua. En aquel preciso instante descubrí que, aun siendo atrevidillo, no era más que un inexperto imbécil en brazos de una mujer. La clase se prolongó unos veinte minutos más. De regreso a casa me aturdía una duda, una incógnita, aquellos besos me habían sabido a berberechos de lata. Sería su boca la que desprendía aquel sabor marítimo, o quizá era el resultado de una reacción química al juntar los cuatro labios? O tan solo se trataba de mi sensación de ridículo? Aquel fue mi bautismo de lengua.



Este sofocante episodio, desenterrado después de medio siglo, me lo ha sugerido la lectura de un serio y documentado artículo a modo de informe, en el que se pormenoriza acerca de la tormenta de sensaciones: el beso. Para empezar pone de manifiesto que actualmente el beso está perdiendo importancia en las relaciones, obviando un trámite esencial para unas buenas relaciones sexuales. Al besar se contraen 30 músculos de la boca y la cara, siendo los más activos el Cigomático, Obicular y Buccinador, este último regula el movimiento de succión. La lengua estimula la secreción de saliva mediante las glándulas submaxilar y sublinguar. Con la saliva, las personas intercambian 278 colonias de bacterias, 0’7 miligramos de albúmina, 0’71 mg de grasa, 0’45 mg de sales minerales y 9 mg de agua. Las Feromonas son sustancias químicas liberadas que transmiten atracción, excitación y rechazo. Mientras tanto el beso estimula la liberación de neurotransmisores que pasan de una neurona a otra en forma de descarga eléctrica sustancias como lo dopamina, la endorfina y la noradrenalina. Parece complicado, pero la cosa no acaba aquí. El ritmo cardíaco se acelera de 70 a 130 latidos por minuto. Aumenta o disminuye la liberación de insulina. Los ovarios en la mujer segregan mayor cantidad de progesterona y los estrógenos, mayor lubricación. En el hombre, los testículos liberan una cantidad mayor de testosterona. La hipófisis libera hormonas que estimulan glándulas como la tiroides, el páncreas, las suprarrenales y las sexuales.



Bien, muy seguramente algunos de ustedes me dirán, y qué? Pues, a ver como decirlo, qué si en aquella aciaga noche de ósculos y abrazos en el pequeño espacio que ocupa el recinto de las confesiones y absoluciones, alguien me hubiera advertido de las consecuencias  del morreo noble, entregado, apasionado y tal vez furtivo, como aquel, tal vez habría rehusado el ofrecimiento de la bella y servicial dama. Demasiados elementos a considerar por una mente adolescente, que más qué una instrucción, lo habría tomado como un peligro, como un infernal castigo. Para ser sincero, tampoco ahora prefiero saberlo, y no por lo del castigo infernal, sino porque mientras repaso el listado de elementos que entran en juego en un beso, estaría perdiendo el tiempo de cara a lo que si me interesa en aquel momento. Cualquier día me acerco dando un paseo a la iglesia aquella para comprobar si el confesionario sigue en su sitio, no lo creo.

dimecres, 3 de febrer del 2016

ADOLESCENCIA, LIBROS, ALCOHOL Y SEXO.

No todos somos iguales en todo, como los sellos, sería aburridísimo. Hay una edad que va de los dieciséis a los veinte años en que nos encaramos a la vida con cierto desparpajo, con un punto de osadía que nos incita a creer que ya estamos de vuelta de todo. Algunos ya fuman, otros confraternizan con el alcohol, y los hay que van de putas como el que va al circo. Creo que le llaman adolescencia, y suponiendo que lo sea a de ser una adolescencia prematura y con pegajosos filamentos infantiles. O sea, niños grandotes. Es un estado de inmadurez absoluto en donde las grandes ideas, los proyectos de futuro y la perpetua crítica al sistema se manosean y superponen como si fueran naipes. Suficiencia y descaro que quien más que menos ha practicado.

Tuve un amigo de infancia con el que compartí el crecimiento desde los nueve años hasta que nos admitieron en la universidad. Se llamaba Joan. Alegre y divertido fue mi segunda piel y creo que la mía también se sobrepuso a la suya. Seco como una espiga, alto y enjuto, tenía una sonrisa contagiosa que con el tiempo le abriría muchas puertas. La gente que sabe derrochar simpatía dispone de una llave maestra que la mayoría carecemos de ella. A diferencia mía, Joan era un estudiante brillante que, paradójicamente, estudiaba muy poco, pero tenía un poder de asimilación y comprensión excepcional. Muchas veces le decía que las lecciones las “preveía”. Al inicio del tercer curso, me dije que ya tenía bastante de leyes y códigos, abandoné. Sentía necesidad de hacer otras cosas. Él se graduó tres años más tarde, se licenció como abogado y yo estuve presente en esa graduación. Me sentí feliz por él y también por mí. Nuestra amistad seguía siendo de acero y aquel acto, en cierta manera, vino a poner un broche a miles de sueños acumulados en años de juventud. Mi singladura empezaba a dar sus frutos y seguía sintiendo la necesidad de comerme el mundo, eso sí, en las antípodas del derecho, las togas, los contratos y las leyes.

Nuestra relación de amistad pienso que fue como un modelo representativo de confianza, entrega, sacrificio y comprensión. Me hubiera gustado que conociera a mi mujer y mis hijos, pero no fue así. A los pocos días de graduarse marchó a Paris, a descansar dijo, y no regresó hasta al cabo de diez años. Jamás ejerció de abogado pero  descubrió su vena literaria. El París de los 70, aun siendo París, era una ciudad de color gris y plúmbeo, coleteaban las repercusiones del mayo 68 y en la trastienda de los bulevares hervía el clamor de una juventud resistente, contestataria, revoltosa i, sobretodo, alegre, desenfadada y abierta al desenfreno, el amor, el sexo y la bebida. Joan se integró de tal manera en esa resucitada bohemia que hundió en ella sus cinco sentidos. Sus dos primeros libros costaron Dios y ayuda poderlos ver publicados. Pero a partir de ahí supo combinar su gran talento con el alcohol y de ello surgió un reconocido escritor al que se le aliviaba su maltrecho bolsillo. Con ello vivió con holgura y malgastó con afán y lujuria. En aquel tiempo las comunas de gente joven vivían y morían de noche.




Al principio nos carteábamos con frecuencia, años después tan solo para desearnos felicidad en Navidad. Y una vez ya en Barcelona fuimos enfriando del todo nuestra relación. Yo tenía mi familia y mis ocupaciones y tampoco me esforcé en localizar sus pasos. Excepcionalmente, por un conducto u otro sabía de su decrepitud: viejo, encorvado, caminar lento y enfundado bajo un raído abrigo hasta los pies y un sombrero negro de ala ancha deshilachado. Hacía años que no escribía y estaba alcoholizado hasta los pernos. No, no somos todos iguales, ni mejores  ni peores, solo distintos. De su precipitado funeral me quedo con unas palabras del capellán: “Joan siempre fue un niño, creyó que la vida era un juguete”. Me dañó esta descripción, pensé que se conocían, pero al marchar, mi mujer me dijo “por qué sonríes?”

dijous, 28 de gener del 2016

NUDOS EN EL BASTÓN

He cabalgado muchas veces por estos agrestes vericuetos, ahora hace justo año y medio fue la penúltima vez. Es curioso, pasan los años y adviertes y constatas que ya no eres el mismo, los años van estriando tu piel, los fríos y violentos vientos de otro enero han dado una vuelta más de tuerca surcando tu semblante. No caben interpretaciones, excusas, ni una sonrisa con la que esconder tus nuevas condiciones, jamás leíste el final del contrato. Sin darnos por enterados penetramos en una nueva fase, la última, enhorabuena, te adentras en la vejez, en algo que tu creías tan lejos que no lo veías, pensabas que era cosa de gente mayor, historias de involuntarios marginados. Que grave error, que desconsideración, que ilusos somos en no pensar que un día serás tú quien  armado de un bastón preñado de nudos y experiencias, te apoyarás insolentemente en el pasado en que ya no tendrá más valor  que el de ser pasado, nada más. De la nostalgia harás tu riqueza y de los recuerdos aspirarás aquel fugado aroma que ingerirás como el elixir de la vida.

Siempre que atravieso estos casi tenebrosos lugares, recuerdo que la primera vez me produjo un cierto temor, como un arañazo en el alma. La carretera discurre enigmática por medio de un aquelarre de curvas bordeando pequeñas lomas, algunos prados de blancos y estirados chopos y maleza germinada a lo largo de décadas. Comúnmente la gente se refiere al lugar como El Jardín, apelativo que induce al edén y no a las tinieblas, como es el caso. El Jardín es una pedanía de Alcaraz, territorio albaceteño en su parte meridional que hunde sus raíces en el norte de Jaén. En ese tramo se encuentran también Reolid, El Robledo y Balazote, núcleos de pequeña población en los que uno imagina la vida como una lucha por la supervivencia. Los años han infundido una tenue prosperidad, en lo que a vuelapluma se puede observar, pero las huellas del pasado no han cicatrizado y emergen por doquier ruinas y restos de no se sabe qué, comida y camas reza una piedra enmohecida.

En 1926 el gobierno aprueba un proyecto plan estrella de Ferrocarriles para conectar el Levante con Andalucía y la asistencia y dinamización de la población de la Sierra de Albacete. Tramo Utiel-Baeza. Las obras empezaron en 1927 y el proyecto se dio por finiquitado el año 1964, habiendo concluido el 78% del proyecto entre Baeza y Albacete, todas las estaciones, túneles y 80 km. de vía colocada. La paralización viene ligada a dos informes internacionales muy contundentes que así lo indican. De ese bochornoso suceso, además de la frustración de aquellas gentes que soñaban con integrarse al “mundo”, quedan algunos túneles aprovechados para el cultivo del champiñón y unas cuantas estaciones con la fachada en pie, arrasadas por la barbarie. Alguna de ellas reconvertida en chalet improvisado. Alguna vez me he bajado del coche y acercado a una de esas estaciones en las que el edificio central, almacenes y anexos dan una apariencia como la de un poblado del oeste abandonado y a merced de las ventiscas y las bolas de maleza rodando alrededor. Los rumores mundanos hablan de que las máquinas no pasaban por los túneles, pero son fantasías, habladurías. El caso es que el tren Utiel-Baeza quedó en el tren con destino a ninguna parte.


Seguramente no fue una pifia técnica pero sí el descomunal epílogo de un traspiés presupuestario del que aun desconociendo su trascendencia y responsabilidades y tratándose de un país como España, la cosa debió de terminar en algún restaurante de Madrid de impolutos manteles y copioso yantar. Naturalmente pagando el contribuyente que por algo es el que contribuye. Posiblemente a uno no le pongan en la lápida comida y camas, pero puede que se atrevan con pensó que la juventud era eterna. Quién sabe.


dijous, 21 de gener del 2016

ADIÓS AMIGO FIEL, HOLA COMPAÑERO.

No tenía muy claro de         que escribiría hoy, vagas ideas transitaban por mi mente hace días. La elección no es fácil, si hablas de política deviene en una disminución de lectores, si te inclinas por un tema libre el riesgo siempre discurre entre el acierto y la crítica. Muy pronto se cumplirán siete años desde aquel día en que decidí abrir las puertas de mi vida de par en par. Además de los mensajes privados y ecos silenciosos del boca a boca, hoy la avanzada técnica te permite conocer cuanta gente se pasea por estos artículos, quien es ocasional y quien es fiel a la cita semanal, tan solo en números. Pero no puedes conocerlos, ignoras su estampa, no ves ninguna cara asomada a estas letras, nadie a quien agradecerle estos cinco minutos de lectura. Pero aun así me siento rico, son muchas las personas que eligen esos cinco minutos una vez por semana. La razón? Es arriesgado hacer conjeturas del porqué no hay comentarios, porqué semana tras semana no hay un solo comentario, una crítica, una discrepancia. Según palabras de los que entienden de estas cuestiones, se debe a una especie de simbiosis entre el escritor y el lector. En general está de acuerdo con el contenido, lee, comparte o discrepa, invierte unos pocos minutos y hasta la próxima semana. Y solo puedo agradecerlo escribiendo una vez más, y otra, y otra, es mi manera de decir gracias. Recientemente he incorporado música para hacer más placentera la lectura, espero que sea así, y si no fuera de esta manera, se suprime.

Escribo estas líneas con un portátil nuevo, el anterior se rindió exhausto y dolorido. Ese cansancio no fue fruto de su trabajo diario, sino de acompañarme, leal y respetuoso, en todos mis viajes de los últimos cinco años. Le temía al avión más que yo, odiaba la soledad y frialdad de una habitación de hotel, se compungía en medio de las aglomeraciones o las multitudes, cerró sus destellantes ojos y se durmió para siempre, sin reproches, sin queja alguna.

No recuerdo cuando fue que suprimí la música en mis horas de tecleo, me distraía sin darme cuenta, no me concentraba. Hoy he roto la norma, he comenzado buscando acordes de música siciliana, aires de Palermo, Mesina, Siracusa o Lampedusa. Y Corleone, claro. Un inciso, quien pretenda viajar a Corleone para escudriñar sus callejuelas en busca del pasado de Michael CorleoneAl Pacino-, sentirá una gran decepción. Al igual que Fredo, Clemenza, Tessio, Sollotzzo o Tattaglia, ninguno, nadie. Tan solo son fruto de la imaginación de Mario Puzo y Ford Coppola. Perseguida por la recurrente asociación con la mafia, Corleone intenta sacudirse el estigma. A lo sumo pueden lograr una pobre foto junto a la señal de tráfico con el nombre de la población. Pero si gustan de las fantasías como yo, viven el cine como yo, adoran las obras de arte, el trabajo bien hecho, la música de Nino Rota, como yo, entonces considerarán que la trilogía de El Padrino es la mejor película de la mitad del siglo XX y no podrán resistirse. Entonces vayan, sí.


Y ya de regreso a Palermo, bella ciudad, joya cubierta con el polvo de la historia, no dejen de visitar el Teatro Massimo, templo de la ópera siciliana. Y si coincide con la representación en cartel de Cavallería Rusticana, disfruten de esta fabulosa y corta ópera con el drama siciliano a cargo de Turiddu y Santuzza, la partitura de Mascagni y el entorno siciliano les van a helar el corazón. Y no teman, a la salida desciendan la majestuosa escalinata sin un ápice de angustia, no habrá tiros ni Michael Corleone abatido sobre el cadáver de su amada hija. Ni tan solo Andy García estará para protegerlos. 

dijous, 14 de gener del 2016

SEA USTED MISMO, PERO LEJOS

Pese a los vientos y tempestades que sacuden nuestra civilización, con la consiguiente degradación de conceptos, creencias y sofismas de variado pelaje, no nos cabe otra opción que hacerle un guiño al escenario de la vida y tomarnos las cosas con un poco menos de seriedad, con algo más de coña, para entendernos. De lo contrario seremos todos candidatos a la úlcera de estómago o líderes mundiales en consumo de papel higiénico. Porque será que la única consideración que tenemos los de a pie, los anónimos, es el trabajar y pagar impuestos? Todo lo que se aparta de este dogma puede ser considerado delito, extralimitación de nuestras atribuciones, invasión de competencias superiores y ser tildado de xenófobo o enfermo mental. Siendo más que frecuente, y a la vez chocante, que los que imponen la norma o el castigo, suelen ser los más tarados de todos. Y en todo este aquelarre de insensateces y despropósitos, España es firme candidata al Oscar a la estupidez.

Los poderes del estado propugnan la protección y respeto de las lenguas cooficiales en España. Se sobreentiende, por ley, que el castellano es la lengua común y que  todos conocen o deben conocer. Me parece muy bien, pero si no confundo los términos ni me falla el modem  que  sustentan mis hombros, lo de protección y respeto por las demás lenguas debo suponer que se trata de tenerlas en un museo, a cubierto del polvo, con las luces apagadas, alejadas de centros neurálgicos, ocultas a curiosos y, a poder ser, restringiendo su uso. Prohibidas en definitiva, pero es una palabra fea. Algunos, conspicuos ellos, dicen que somos un estado plurinacional con lo que supone y conlleva de patrimonio cultural: lengua, gastronomía, costumbrismo, paisaje, signos identitarios, bandera, folclore, etc. Es muy gratificante este reconocimiento de la pluralidad y diversidad dentro del estado, sobre todo a personas como un servidor que no somos mesetarios. Eso sí, con una pequeña condición o apéndice, que esa muestra de diversidad y colorido se ajuste al ámbito de la intimidad entre las personas y, si ello es posible, mejor en castellano. De modo que el cumpleaños de la abuela en el comedor, la entrega de premios en el vestuario, la fiesta mayor cerrada al tráfico, la banderita en el despacho bajo la lamparita, los calçots (uff) a puerta cerrada, la sardana en alta mar con bandera española, los discursos de carácter patriótico en el aseo, y las películas de habla no castellana en el cine Nic. Del caganer todavía no hay pronunciamiento pero al parecer ya lo tienen en la mesa de la abogacía del estado practicándole una autopsia en busca de excrementos subversivos.

Sería deseable que toda la clase dirigente española, digo dirigente por poner algo, no solo se preocupara de dignificar y proteger las distintas lenguas del reino, también la suya propia, el castellano. De esta manera nos ahorraríamos el crepitar de oídos con aberraciones como; Madriz, Vayadoliz, tasi, gaxina, o uhtemimmo. Por no hablar del pánico que les produce el nombre del nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, del que además de bautizarle como Puchdemon, de momento, también es amenazado de muerte en las presurosas redes sociales, en las que se dispone de carta blanca e impunidad absoluta. No tardaremos en oír que el presidente catalán, Puchdemon, ha visitado la estación de esquí de Uolter, por Vallter.


Hay que tener en cuenta que en general los cargos públicos tienden a considerar cualquier contingencia o dificultad en su gestión administradora, como una molestia o un engorro creado o auspiciado por ignorantes o revolucionarios. Y es evidente que el idioma no solo es un bien público sino que además forma parte de los genes del individuo que lo habla. De ahí que los ciudadanos piensen que la cosa pública es gratis y los políticos crean que es suyo. Marca España…y Olé!!

divendres, 8 de gener del 2016

HISTORIAS CONTADAS

Cuando yo tendría más o menos poco más de un metro de alzada, tenía una asignatura que llamaban literatura, a secas, de entre todas las que estudiábamos ésta era la que más me gustaba, tanto era el entusiasmo que me suscitaba, tantas puertas creía que me abrían en el laberinto de mi pseuda adolescencia, que me volqué en ella. Llegado a un punto en que no solamente estudiaba con fervor y devoción, sino que durante un tiempo dediqué toda mi atención al mágico mundo de la unión de letras, de la construcción de frases, al conocimiento de las grandes obras de la historia, las que han marcado una huella indeleble en este absurdo mundo en el que vivimos, en donde la banalidad se superpone a lo escatológico para liderar programas basura de televisión, que son aceptados y premiados con la misma banalidad. Es lo que hay.

Años más tarde y con un puñado de centímetros añadidos persistí en ese afán por el mundo de las letras, aunque nunca como formación académica o como proyecto de futuro en esa rama. Aquello era más bien un romance, quizá incluso amor por las historias contadas. Leía a todas horas sin selección ninguna, sin tendencias, ignorando modas o recomendaciones, sin orden ni concierto, leía de todo, incluyendo lecturas no apropiadas para mis centímetros, y como ejemplo una vasta enciclopedia acerca de la segunda guerra mundial o las épicas de Homero, del que desconocía su existencia. Las enseñanzas de la escuela, no ajenas al tiempo que vivíamos, se centraban en la nómina española. Gracián, Quevedo, Valle Inclán, Concha Espina, Cervantes, Góngora, Lope de Vega y un largo etcétera de los que no me he arrepentido jamás de conocer, sublimes escritores. La cartelera catalana, por las mismas razones políticas, era tan exigua que apenas recuerdo un par de nombres. Lo mismo que de la literatura internacional, cuatro tópicos. Es lo que había.

Con unos treinta centímetros más, ya casi llegando al límite, me interesé vivamente por los autores americanos y franceses. Entraron a formar parte de mi vida los Tennessee Williams, Salinger, Truman Capote, Steinbeck, Scot Fitgerald y por parte francesa Victor Hugo, Proust, Sartre o Saint Exupéry. Unos surgidos durante la Gran Depresión, y otros como damnificados de la II Guerra Mundial. En ellos descubrí que tras sus legendarias obras y guiones de una precisión y a veces crudeza incontestable, se escondían personajes atormentados por los celos, la homosexualidad, el rencor, la frustración, la ruindad y casi como común denominador, el alcoholismo. En la mayoría de casos han ornado de gloria la literatura mundial, pero de ninguna manera han sido personalidades ejemplares en su vida privada. Antes todo lo contrario.

Decía Arthur Miller que la mayor parte de la escritura se hace lejos de la máquina de escribir, y es una verdad a voces. La enseñanza de sus páginas siempre suele ser un compendio de las vivencias y los estados de ánimo del autor, que siempre de una manera u otra asoman la patita entre líneas. Tras estas vidas de egos heridos y de idolatras edulcorados, se esconden frustraciones vitales. “Lo peor es cuando has terminado un capitulo y la máquina de escribir no aplaude” (Orson Welles). “Si no logras desarrollar toda tu inteligencia, siempre te queda la opción de hacerte político” (Chesterton).


En fin, en mi caso, tampoco quiero exagerar, no es más que un capítulo de mi vida, capítulo importante por el goce que me ha proporcionado la lectura de historias contadas por algunos maestros en el manejo del abecedario y que no por ello se han entrometido ni mucho menos han modificado mi modo de ser. Pero si es cierto que navegando por sus páginas he conocido personajes de toda condición con sus bondades y mezquindades, y ese es un tesoro que nadie me puede arrebatar. Y para concluir, llegué a la cima de mis centímetros acumulados y todavía no he cesado en encontrar personajes entrañables entre páginas.