dijous, 26 de febrer del 2015

CAMISETA Y BAMBORRAS

David Fernàndez es un tipo que me cae bien, escondido bajo su indumentaria de buen rollo, un hombre de calle, gente de la calle, palpita alguien que se entrega al noble y prostituido arte de la política, con desenfado, osadía y entusiasmo. Estamos todos muy necesitados de aire fresco y renovadas ideas que nos hagan volver a creer que la política no solo es buena sino necesaria. A mi entender es una persona con ciertos tics de timidez pero que cuando se lanza al ruedo se crece y se hace escuchar. Su exceso de sencillez, para mí, va en detrimento de sus nobles ideales. Quiero decir que si a él le complace vestir o pasearse como un leñador de Oregón  está en todo su derecho, como si quiere ir en pelotas a un concierto de reggae. Pero discrepo de su imagen pública que es lo que la mayoría conocemos. Seguramente en su decálogo de buenas maneras se contempla el uso de la informalidad para captar más acólitos. Creo que es un error, estoy seguro de que si luciese su palmito más acorde con lo tradicional, tendría mucha más acogida. De la misma manera que no estoy sugiriendo que vista de Armani ni con corbata, tampoco puedo admitir que deambule por el Parlament hecho un verdadero asco. Es del todo reprobable. No por mí, sino por la institución a la que pertenece y nos representa a todos, y a la que debe un respeto. Y ese respeto se refiere al uso de unas camisetas sudadas y raídas o unas zapatillas hartas de polvo, absolutamente inadecuadas a mi entender. Estoy de acuerdo con usted, Sr. Fernàndez, en que algunas declaraciones oídas en la comisión Pujol son un epitafio y provocan vergüenza ajena, pero no estoy menos de acuerdo en que dichas desde el estrado de una reputada institución como el Parlament con bamborras y camiseta de costellada son una bofetada al buen gusto. Ya sé que forman parte del guion y de la imagen popular, pero no es correcto, no es correcto.

Cuando no hace ni diez días Yanis Varufakis, el flamante ministro de finanzas griego, se presentó en Bruselas a negociar con el Eurogrupo las medidas económicas de Grécia, también llegó ataviado como para ir a tomar unas birras, eso sí, muy alejado de las sandalias de David Fernández, y además con cierto aire de matón de Chicago. Seguramente también creyó que el desparpajo de imagen y la socarronería le iban a facilitar el diálogo con sus colegas europeos, olvidando que el deudor era él y no sus adversarios negociantes. Hoy ya parece que se ha guardado sus chulerías en la americana de colores y presta más atención a las indicaciones que le susurran al oído, como…paga lo que debes. Y que conste que concedo de entrada más eficiencia y buen rollo a la imaginada visita del líder de la CUP por su educación y saber estar, que no al prepotente de Varufakis. Eso si, no se me presente en Europa con sus cutres camisetas y rancios vaqueros, representado al gobierno de Cataluña, por favor.


En el fondo todas estas estrafalarias conductas responden sin ninguna duda al ejercicio del manual del populismo. Todos sabemos que se trata de captar votos en los arrabales de los que no suelen votar. Y me parece bien el objetivo, pero no así las formas, que no solo de pan vive el hombre. En España también hay un molde en donde se cuece ese aire deshilachado, progre, popular. Y éste sí que pegará un varapalo más que merecido a los dos partidos mayoritarios que han batido el record de mantenerse treinta y cinco años en el poder para poder llegar exactamente hasta el mismo lugar de antes. La gente está más que cansada, está harta de tanta hipocresía, ineficacia y corrupción, y busca en esas nuevas formaciones la redención de sus males y el castigo de los actuales gobernantes. Pero es que cuando me imagino a Podemos, con sus progres trazas, yendo a negociar a Bruselas no puedo evitar un escalofrío. El problema es que los de ahora han resultado nefastos para la población con su sórdido quehacer, pero y los de las bamborras y camiseta? O es que estamos condenados a la mediocridad de por vida. Y pienso en Celia Villalobos y su monumental cagada presidiendo el debate más importante del año legislativo.

dijous, 19 de febrer del 2015

EL TIEMPO PASA MUY DEPRISA

“El tiempo pasa muy deprisa”. Más que una frase es como una sentencia que usamos con frecuencia. Puede tener muchos sentidos, casi infinidad de traducciones que van íntimamente ligadas a momentos o experiencias que atravesamos, o hechos vividos en otro tiempo pero que ni el tiempo transcurrido ha sido capaz de borrar. Son pocas palabras pero pueden encerrar grandes o pequeños episodios, trascendentes o intrascendentes, felices o lamentables, turbios o añorados. Muchas veces se dicen en voz baja, otras sin abrir los labios para que nadie pueda preguntarte el origen de tus balbuceos.

Somos prisioneros de nuestro pasado y de todas las huellas que hayamos podido dejar en él. Como seres vivos y mutantes, lo que un día nos sedujo y nos involucramos hasta las meninges puede que hoy lo veamos con arrepentimiento y hasta con cierta indolencia. Por el contrario, también es posible que lo recordemos con nostalgia y extrañemos su ausencia, lamentando el tiempo transcurrido. Ciertamente, para bien o para mal, el tiempo pasa muy deprisa.

El refranero popular ilustra con sapiencia todos estos estados de ànimo: “Agua que no has de beber, déjala correr, A lo hecho pecho, Faena hecha no ocupa lugar, Haber gato encerrado, La cabra siempre tira al monte, Ir a por lana y volver trasquilado, Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, No hay mal que por bien no venga, Ojos que no ven corazón que no siente, Quien escucha, su mal oye, Quien siembra vientos recoge tempestades”. Los hay para todos los gustos y circunstancias y lo curioso de ello es que aplicados con rigor y naturalidad suelen dar en el clavo, ajustarse a hechos o momentos de nuestra vida. Ya saben, Sabe más el diablo por viejo que por diablo.
Es cierto que están en desuso, y no porque sean estériles sino porque al igual que nosotros somos cambiantes con la edad y el tiempo, la literatura que nace del saber popular ya no se hace necesaria, es como una antigualla que yo sigo considerando vigente pero comprendiendo su decrepitud. Por no decir que las circunstancias y tiempos en que nacieron han pasado a mejor vida. En los hogares de otros tiempos la sabiduría del abuelo y la abuela eran rasgos respetados y prestigiados que pasaban de padres a hijos como si de herencias no escritas se tratase y de gran valor. Aunque prácticamente ya casi no queda ni respeto por los abuelos. Todo está materializado y a la gente no le queda tiempo para cuentos chinos. Desgraciadamente los abuelos tampoco ya cuentan con aquel saber popular, poco que contar, nada que enseñar, y un poco de espaldas a nuestro tiempo. Es tal la velocidad con la que se suceden los acontecimientos que ni se digieren, ni se entienden, ni ya interesan en la edad de la contemplación, de la melancolía, de esa envidia insana por la juventud perdida y de los sueños olvidados.


Si, el tiempo pasa muy deprisa, y aunque sea una utopía la verdad es que cada vez percibes más como los días menguan, se acortan las etapas, la fugacidad de los buenos momentos se constriñe. Por eso cuando alguien pronuncia con nostalgia ese huido tiempo pasado, aquellos tiempos en que uno creyó que se le abrieron las puertas  de todos los cielos, el tiempo pasa muy deprisa, creo que en el fondo están reconociendo errores de su vida, equívocos en el camino escogido. Como el primer beso, literariamente se quiere recubrir como la arcadia de la felicidad, de la honestidad, de la pureza. Y esos errores se dan en el trabajo, en las apuestas de futuro, en el amor. Cuantas veces se alude a la velocidad con que transcurre el tiempo para no decir que error cometí al no creer en él, o ella,  qué insensato fui al huir de lo que ahora añoro y sueño cada día, qué iluso fui, y ahora me veo obligado a vivir con dos caras. Con dos vidas opuestas. “Ojos que no ven, corazón que no  siente”. 

dijous, 12 de febrer del 2015

Jesús, gracias!!

Volví el domingo por la mañana, llevaba la maleta repleta de recuerdos y un regalo indeseado por acuciante y muy molesto, un constipado de proporciones gigantescas. Ya hacía días que sentía aquel extraño cosquilleo que lentamente va ascendiendo de intensidad hasta culminar en un estornudo que hace saltar por los aires el moquillo, los virus contagiosos, el cierre de ojos y el estremecimiento de medio cuerpo. Créanme, si estornudan no conduzcan, se la pueden pegar. Jamás había pasado tanto frío en Madrid, y en el curso de los años han sido muchísimas las veces que he visitado la capital del reino. Abrigado y tapado hasta las cejas, se hacía casi imposible poder pasear, el gélido viento impactaba de tal manera en el rostro que quitaba las ganas de andar. Y tampoco vas a estar todo el día medicándote con dosis alternadas de ibuprofeno y trago de whisky. Entre otras cosas porque no soy adicto a tanto medicamento.

La noche del viernes, después de presenciar las tristes andanzas del Rey León, me fui directo al hotel para meterme en cama, extendiendo la correspondiente licencia escrita a mi mujer para que pudiera seguir palideciendo con el frío y los amigos que nos acompañaban. No tardó ni media hora en volver. Un rápido examen visual a la cama me convenció de que allí había poca ropa para aplacar mis tiritones y tintineo de dientes, muy posiblemente debidos a algunas pérfidas décimas de fiebre. Me apercibí horrorizado de que la calefacción se encontraba en modo canceled. Qué hacer? Hay mandos antiguos en que necesitas ser licenciado en manipulación de trastos para activarlos. Tras unos minutos de angustia y harto de pulsar botones, desistí. Llamo a los bomberos o llamo a recepción, un momento, y la tapa del magneto térmico? A esas alturas ya circulaba en calzoncillos por el recinto y tenía miedo de morirme de frío. Albricias! Estaba desconectado el interruptor de la calefacción. Se puso en marcha al momento pero hacía un ruido extraño y molesto. A todo eso mi mujer había encontrado en el armario dos fundas con sendas mantas, me cubrió con una de ellas con cariño y amor. Al poco rato me levanté para desconectar aquella horrible máquina de ruido que, además, no emitía calor de ningún tipo. Mañana cuando baje los pondré a caldo, me dije. Serían las cuatro de la mañana cuando me incorporé y de un manotazo salió la manta volando, estaba sudado y molesto de tanto calor. El balcón daba a la Gran Vía y el paso de vehículos con la sirena aullando era frecuente. No sé si eran bomberos, ambulancias, policía o delincuentes persiguiendo a la policía.

Me desperté temprano, entraba luz por el ventanal y eso supone el fin abrupto de mi sueño. Me fui directo al baño  y zasca! me lo temía, el del espejo no era yo, era como un besugo con cara de merluza descongelada. El constipado seguía su curso y se aferraba con malas intenciones encima de mi pobre y baldado cuerpo. Procedí al estudio concienzudo de la grifería, esta es otra, a fin de que no se disparara y me cubriera de agua con cubitos mi trémula dermis. Volvimos al centro, era sábado y las calles estaban atestadas de gente, mucho turismo español. Alertados por la propia gente la consigna era alerta con los bolsos y carteras, de acuerdo, gracias. Atendiendo al deseo de un miembro del grupo, nos pegamos una paliza para localizar un restaurante que, finalmente, estaba al completo, pero nos recomendaron otro a dos manzanas, en la plaza de la Marina, a pocos metros del Senado. Senado que nadie sabe para qué sirve, pero ahí está. El santuario del yantar era ni más ni menos que el Café de Chinitas, ramificación del original nacido en Málaga y cantado por García Lorca. Ya me tienen a mí allí, pegado al tablao en donde cada noche los palmeros y cantaores se desgañitan y con un cocidito madrileño mirándome a la cara. Lloriqueando, sonándome, estornudando, tosiendo y maldiciendo mi mala suerte y el frío de la sierra madrileña. Jesús, gracias!

Posdata: Al pasar el control del AVE llevaba en una mano un maletín y en la otra los billetes, con tan mala fortuna que al ir a entregar los billetes a la señorita de uniforme AVE un estornudo  se precipitó de tal y traidora manera que la tal señorita debió de acordarse de mi pobre familia que nunca se mete en nada.

Jesús, gracias!!

dimarts, 3 de febrer del 2015

LA NIEVE Y LA TORRE DEL ORO

En un pasado no muy lejano viajaba con cierta frecuencia a Madrid, no sin batirme el cobre en una agreste y pisoteada carretera durante los largos quinientos kmts y cinco horas de posaderas prensadas en el asiento del coche. Los últimos dos o tres años ya abandoné el coche para viajar con alta velocidad, una verdadera gozada y un ahorro importante de las situaciones de riesgo a que te somete la carretera en recorridos prolongados. Si quieres crecer y vigorizar tu negocio no te queda otro remedio que viajar y soportar largas jornadas de tedio, aburrimiento y pesadez en muchas ocasiones. Para no hablar de las largas esperas, con retrasos incluidos, y mortificantes paseos por las impersonales terminales de aeropuertos. Aunque parezca una incongruencia, hay ocasiones en las que viajar es como un castigo. Cuando estas líneas vean la luz volveré a estar en Madrid.

Hoy ha amanecido un día fantástico, cielo azul y el sol desperezándose a su hora. Aunque el frío corta el aliento y las montañas que nos rodean muestran sus cimas pintadas de blanco. Es martes y los sumos sacerdotes del tiempo que con sus predicciones nos previenen de las cuitas climáticas, presagian nevadas generalizadas y en bajas cotas. Nosotros estamos a poco más de cuatrocientos metros, no es de extrañar que nieve en abundancia y deje la casa lista para foto postal y con no muchas facilidades para descender por la rampa del garaje. Durante la agresiva nevada de 2010 tuve el acierto de guardar en el almacén un par de sacos de sal que sobraron, muy indicada para evitar indeseados deslizamientos y tortazos traidores. Aunque imagino que se habrá petrificado. Además del valle y las montañas nevadas, lo que aprecio más de los grandes escenarios nevados es el sepulcral silencio que envuelve el espacio, es un silencio distinto, relajante e invasor. Nada se mueve, no hay pájaros, enmudece la vida, corta el aliento y detiene el tiempo.

Tengo dos opciones para coger el tren, Tarragona o Lleida, la primera me coge algo más cerca pero también es un trazado más conflictivo. Siempre voy a Lleida. Escasos veinticinco minutos y ya te fundes con la niebla de la terra ferma y el Segre. Lleida no es solo agricultura, que la distingue, es una demarcación con un encanto especial, viejas tradiciones, pueblos entrañables y un buen trozo de los Pirineos con unos paisajes que cortan la respiración. A menudo levanto la cabeza para  leer la pizarra electrónica del vagón; 306 kh/h, dos grados, próxima estación Delicias-Zaragoza. Por la megafonía se informa en castellano, catalán e inglés, por este orden, como si el 60% de viajeros no fuesen catalanes en este recorrido. Hojeo los periódicos en el iPad y estiro las piernas para tomar un mal café. Yebes-Guadalajara y Atocha-Madrid, fin de trayecto, dos horas clavadas. La estación del atentado terrorista más horrible de la historia es un organizado follón de gentes cargadas de maletas y destinos con billetes de ida y vuelta. Al salir a la superficie lo primero que adviertes es el mamotreto del ministerio de agricultura. Aunque se compone de tres tramos; Paseo del Prado, Paseo de Recoletos y Paseo de La Castellana, la gran avenida que corta la ciudad de norte a sur, yo siempre le llamo La Castellana, me encuentre donde me encuentre, para abreviar. En esta ocasión me trae al ombligo de España un asunto relacionado con el ocio, ni más ni menos, candilejas, música y compartir con buenos amigos. Ya no son tiempos de heroicidades, aquello ya pasó, nada de prisas, un par o tres de días de descanso. Ahora solo hago excepciones y esfuerzos por la música, soy así. Quizá el barrio de los Austrias, Gran Vía y Plaza Mayor. Puerta del Sol sin asomarme al Congreso de Diputados, me produce urticaria. Ah! Y el bar Torre del Oro en un vano intento de encontrar a Enric Juliana dando cuenta de un caldito. No he tenido nunca suerte.


Ignoro como encontraré la casa, quizá haya quedado en nada o puede que aislada por la nieve. Tanto da, nos arreglaremos, pero si se ha extendido el manto blanco en aquel paraje no perderé ocasión para pisar la nieve con cautela y volver a oír su escalofriante y culpidor silencio.

divendres, 30 de gener del 2015

CREPÚSCULO


Qué entendemos por crepúsculo? Según el María Moliner “es la claridad que precede a la salida del sol. Estado de una cosa o una persona que camina a su desaparición o ruina o que está ya en periodo de descenso de su valor, vigor o energías. Decadencia, declinación”. Que pocas veces invocamos esta palabra con el señuelo de los astros, de la luz solar. Lo hacemos casi siempre por razones más materiales, más mundanas y menos poéticas. Crepúsculo casi siempre es por motivo de anuncio de término, inicio del final de algo que nos afecta, duele y hiere.

Puede tratarse de una empresa en situación de fallida, de una ocupación o trabajo que se extingue, de unas alegres vacaciones que tocan a su fin o de una enfermedad sin remedio. Es decir, algo se acaba, toca a su fin, sin posibilidad de recuperación alguna. Pesa más el acento, la pátina lúgubre y triste, antes que la constatación y belleza de un fenómeno climático. De ahí que una palabra biensonante como crepúsculo la asociemos a cosas negativas, incluso a veces a hechos perversos y siniestros. Siempre moldeamos el lenguaje a conveniencia de nuestros impulsos o sentimientos.

“La vejez tiene sus ventajas no menos que la juventud, aunque viene con otro atavío; de la misma manera que cuando la luz del crepúsculo se desvanece, el cielo se cubre de estrellas, invisibles durante el día”. Es cierto, pero no es menos verídico cuando dice… viene con otro atavío. La vejez quizá te cubra de ciertas experiencias y algo de sabiduría pero, no nos engañemos, algo de olor a azufre comienza a imperar en el ambiente. Normalmente te inunda de tiempo, si, toneladas y toneladas de tiempo, de tiempo libre de ataduras, de responsabilidades, de prejuicios. Pero a qué precio? Al precio de sacrificar los impulsos, de pensar que aquellos reflejos de vida se han vuelto imágenes desdibujadas, a huir de los pequeños esfuerzos, a descreer de tus propios valores y criterios defendidos con puño de hierro en otro tiempo. A ver en el crecimiento de tus nietos un espejo deforme en el que se irradia tu constante mengua. Hasta que un día, tras una entornada puerta y sin más luz que tus pocas luces oirás…está ya en el crepúsculo.

Tampoco hay que dejarse llevar por los extremos ni la desesperanza. No ayuda en nada auto compadecerse, fingir que necesitas ayuda, que sin compañía estas perdido. Flagelarse sin mal aparente es de puro imbécil, es la puesta de largo de tu incapacidad e inutilidad para afrontar las circunstancias. Nadie es tan viejo para no creer que puede vivir otro año más. Dicen que la vejez no es triste porque se acaban nuestras alegrías, sino porque terminan nuestras esperanzas. Pues no señor, no deben acabar las alegrías porque la vida se divide en dos partes: alegrías y tristezas, y si de tristezas vas saturado no te pierdas ni una sola alegría. Y si la esperanza no la ves vestida de verde pues te la idealizas a tu manera y no pierdas jamás la esperanza, siempre encontrarás motivos para vivir, piensa en el crepúsculo del amanecer, nunca en el del atardecer.

El tiempo pasa, incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de las manecillas del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasar, pasa. Pues claro que sí, sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos, o es que vamos a refugiarnos en la soledad de un oscuro rincón, en los aledaños de la nada, o a orillas del río seco. A eso se le llama pavor, espanto, pánico. Miedo por vivir? No. En cualquier caso vivir el crepúsculo cuando las olas rompen de madrugada sobre los arrecifes, cuando el cielo se pinta de rojo las entrañas y el viento palpa tus mejillas. Sorpréndete con el crepúsculo, no le temas.


dimecres, 21 de gener del 2015

MIALGIAS



Mal asunto. Saben que son las mialgias? Sí, claro que lo saben. Quien no ha padecido dolor de cuello, externo,  de espalda o de articulaciones. Incluso de pecho. Según los entendidos las mialgias se deben al sobreesfuerzo muscular y los traumatismos sobre los músculos. Además las mialgias pueden aparecer en enfermedades que afectan especialmente a los músculos y las genéticas como el síndrome de Ehlers-Danlos. Fabulosa descripción que me deja exactamente igual que antes de leerla. Dado que no soy ni científico ni médico, mi pobre explicación es que se trata de una gigantesca putada sobrevenida cuando menos la esperas, sin motivo ni justificación que la haga inteligible.

Durante mi segunda juventud fui presa fácil de éste doloroso y abrumador trance. Almenos dos veces por semana era castigado con dolores insoportables que podían aparecer por un lateral del pescuezo y que con el transcurso de las horas se iba deslizando hacia el omoplato y posteriormente al pecho. Nada podía detenerlo ni atenuarlo, y si a todo ello le unimos mi poca disposición al examen médico, el resultado eran horas y horas de falsa inmovilización puesto que mis obligaciones no me permitían el llamar por teléfono y decir aquello de “No puedo venir porque estoy malito”.  Eso si, las inefables aspirinas bien pautadas porque el ibuprofeno no se había inventado todavía.

Recuerdo especialmente una noche en que el sufrimiento era tan horrible que ninguna posición del cuerpo en la cama me consolaba. No paraba de emitir alaridos y gritos acompañados de espasmos continuos de dolor. A tal punto llegaba mi desespero que con voz entrecortada y rota le dije a mi mujer “Discúlpame que no te haga el amor pero es que me siento abatido y semi inconsciente”. Que por cierto, a la vista del cuadro ella lo entendió perfectamente. No como otras veces en que le decía lo mismo pero casi roncando. El caso es que sobresaltada y con gran susto, requirió la presencia inmediata de un galeno para comprobar y diagnosticar mi dolencia. Y así fue, al poco rato acudió una mujer joven y diría yo que llevaba el titulo en el bolsillo. Sin mediar palabra desenfundó su estetoscopio y auscultó mi pecho mientras me introducía un termómetro en la boca. Mi mujer, fuera de si, le relataba mis crueles ataques de dolor a traición sin ser demasiado atendida por la joven galena. En un momento dado la doctora me ordenó “Incorpórese”, yo hice intención pero en vano, el dolor me atravesaba un costado y mi impulso fue reírme de tanta impotencia. “Dese la vuelta” me ordenó, y sin poder remediarlo volví a sonreír de mi inutilidad física e incapacidad para mover una pestaña. El caso es que la doctora guardó su estetoscopio, me miró enfurecida y dijo que ella no había venido para hacer reír a nadie y que me olvidara si estaba pensando en que me iba a extender la baja. Aquí rozó mi punto débil, hablarme a mí de baja era un grave insulto, una ofensa imperdonable, una afrenta a mis ideales. Me seguí revolcando en la cama sin reír hasta que el despertador me dijo basta ya.

Mala cosa esa de las mialgias pero, en fin, que se le va a hacer, hace años que ya no las sufro, y como dijo aquel “madrecita que me quede como estoy”. Otro día les hablaré de las cistitis veraniegas, quién no sabe lo que es una cistitis. No es una putada, es que las pasas más putas que Caín. Ya saben, se te pone una vejiga disfrazada de fiesta mayor como para que baje santa Rita y lo vea. Pero ahora no es el momento, tiempo habrá para contar mis desgraciados episodios en pos de una suave y tierna micción. Ya tiemblo solo de pensarlo.

Les ocurre a ustedes que cuando abres un medicamento siempre da la puñetera casualidad que lo haces por el extremo en donde dobla el prospecto? Mira que cabrea ehhh?

divendres, 16 de gener del 2015

ROMA, CIUDAD ABIERTA

Lejos de considerarme un especialista ni un entendido en cine, si he de reconocer mi innato entusiasmo y fervor por este arte calificado como séptimo. El cine reúne todos los escenarios precisos para juzgarlo como vidas paralelas, siempre encontramos en él analogías o diferencias substanciales con nuestras propias vivencias, con nuestra forma de vivir. Todo empezó con los hermanos Lumière  cristalizando sus experimentos e investigaciones con la proyección de un film en el que se reproducía la salida de los obreros en una fábrica de Lyon. Esto era el día de los Santos Inocentes de 1895. Desde aquel entonces se han sucedido superlativos cambios, como el sonido, las películas en color, la aplicación exhaustiva de todos los adelantos técnicos, hasta la exhibición de productos visuales para mayor honra y gloria de sus protagonistas en un aquelarre de márqueting  universal y un lucrativo acomodo de sus bolsillos.

A los oídos de los no iniciados, como yo, resuenan más los nombres de directores y actores americanos, en parte por sus grandes producciones y sus generosos recursos. Y que han posibilitado que gente que transitaba por las cunetas de la marginación hayan alcanzado el zenit a través del trabajo de renombrados guionistas y una impecable puesta en escena. Factores que no han podido evitar, tras un periodo de bonanza y encumbramiento, que una parte muy significativa de todo este mundillo de los Stars i Starlets, haya sucumbido al amparo de la droga, el libertinaje, alcohol y mala vida. Se trata de las pérfidas sombras de los grandes estudios de Hollywood.
Pero sin menoscabo de lo dicho, hoy mis preferencias se dirigen al cine europeo y en concreto a los grandes realizadores italianos. El cine italiano surgido tras la segunda guerra mundial aportó al séptimo arte una gloriosa nómina de ilustres directores y artistas. Con un denominador común: Enfocar el objetivo mostrando las condiciones más humanas de una sociedad depauperada, hambrienta y desarraigada que mediante la comicidad caustica dejaban escritos verdaderos documentos visuales de un tiempo y un país. No fueron nada ajenos a este movimiento, Michelangelo, Fellini, Rossellini, De Sica, Visconti, Lattuada , De Santis o Zampa. Genios casi todos ellos detrás y delante de la cámara.

El listado de artistas es tan dilatado que solo menciono algunos para dar testimonio de aquellos maravillosos líos y enredos: Virna Lisi, Ana Magnani, Sofía Loren, Silvana Mangano,Gina Lollobrigida, Mónica Vitti. Y en cuanto a sus oponentes es de ley mencionar a De Sica, Mastroiani, Vittorio Gasman, Alberto Sordi, Aldo Fabrizi, Nino Manfredi. Todos ellos son solamente una ilustre muestra.

Ladrón de bicicletas, Arroz amargo, Roma ciudad abierta, Noble gesta, Senso, La tierra tiembla, Bellísima, La Strada, La Dolce vita, Y la Nave va. Películas irrepetibles, en absoluto efímeras y rodadas con rotunda maestría por un ramillete de realizadores y actores que dieron nombre a un estilo y a una manera de revestir la realidad con humor y la tragedia con ingenuidad. La constante lucha por la supervivencia, la astucia revestida de refinados gestos, el horror de la guerra, el éxodo a la gran ciudad, las malas compañías, la lujuria y erotismo de hermosas mujeres. En fin, el ridículo, la timidez, la arrogancia, el doble sentido. Las miradas, los besos, la crítica ácida, la morbosidad, el hambre. Tópicos que no lo son, porque se trata de historias contadas a través del ojo de una cámara pilotada por maestros de la narración filmada, en donde el menor gesto o la mueca más nimia alcanza la excelencia pura.


El Neorrealismo italiano abrió el fuego con Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini. Un buen puñado de ellas fueron producidas en los estudios de Cinecittà, Roma.Pero quién no recuerda a Alberto Sordi ataviado de gondolero, Aldo Fabrizi cortando la sandía en un multitudinario día de playa o Mastroiani besando la exuberante Anita Ekberg en la Fontana di Trevi. De Sica, distinción y pose, de carabinieri, i Peppino de Filippo presumiendo de comisario. La magia del cine, si es que la tiene, entonces hemos de convenir que todos estos personajes fueron verdaderos magos, no ilusionistas, sino magos a secas, escultores de la realidad mundana.