divendres, 16 de març del 2018

LA SAGA DE LA FELI



Feli es una mujer joven de aristocráticos antepasados, de la zona alta de Barcelona. Sus bisabuelos fueron una familia muy adinerada que, en su  tiempo, formaban parte de la aristocracia más elitista, excluyente y rancia de la ciudad. Eran propietarios de una empresa dedicada a la importación, preferentemente de Cuba y algún otro país antillano. Se les consideraba unos expertos en temas navieros, teniendo la mano rota en el noble arte de burlar impuestos y demostrar una especial y reconocida habilidad en ser prestigiados lameculos de todos aquellos que ostentaban el poder, o el poder de decisión. Actitud que suele ser generosa y muy provechosa para los solicitantes y los consentidores. Hoy es igual, pero en vez de hombres de empuje y creadores de riqueza, algo deshilachada, hoy, decíamos, lo conforman unos cuantos políticos, pseudo políticos y sinvergüenzas esquiladores de nucas. Las fiestas de alta sociedad que los bisabuelos de Feli celebraban en su mansión crearon un estilo, un nuevo modo de reunirse lo mejor y más granado de los grandes apellidos locales. Cabe decir que casi todos estos distinguidos y lujosos eventos, terminaban con unas peas que crearon época destilada, y que a la mañana siguiente el personal de servicio debía proceder a una cuidadosa inspección de los jardines y zonas modernistas de recreo. No en vano el día se despertaba repleto de bragas, bragueros, corsés o calzoncillos en los lugares más inverosímiles e inconvenientes. Razón por la que el señor Amadeu y doña Ramona, los bisabuelos, ignoraban con toda rotundidad cualquier asunto ajeno a los salones engalanados, los tapices de terciopelo rojizos, la amabilidad de los caballeros y la gentileza de las damas, escotadas más allá del más allá. Sin obviar los espléndidas vistas sobre la ciudad.


Así como el Sr. Amadeu no se desprendía del sombrero de copa ni para dormir, Jordi, su único hijo, y abuelo de Feli, se cubría con un sencillo canotier, no tenía la voluptuosidad ni presencia del de copa, pero también imprimía un sello de solvencia y credibilidad a según quien lo llevaba. Naturalmente todos encargados a Chonoir, de Paris. De hecho, no solo significaba metafóricamente descender un peldaño en la escala de la elegancia y distinción, sino que llevaba aparejado, como el que lleva un pendiente o una verruga en el culo, una disminución sostenida y alarmante de los ingresos de la familia. Ya lo pronosticaba Amadeu en el crepúsculo de su periplo vital "No quisiera ser testigo en vida de la ruina familiar", y así fue, no lo vio. La providencia lo escuchó. Ya no se hacía importación ni estraperlo, las fincas de Lleida y los arrozales del Ebro estaban baldíos, y de la fortuna heredada Jordi decía que se consumía como los fuegos de San Juan. Si Bien yo creo que más que hogueras del solsticio se trataba del incendio de Babilonia. El caso es que, finalmente, los negocios, las propiedades, la mansión de St. Gervasi, los sombreros de fieltro y paja, las apoteósicas y fastuosas celebraciones, el Ford con incrustaciones y marquetería, las entretenidas vestidas de señora, los bastones con cabeza de marfil, el refinamiento, la distinción, la misa diaria y las buenas maneras, todo, absolutamente todo, se fue a hacer puñetas. Tanto es así que haremos un puente generacional, dado que los siguientes en la saga ya fueron dos figurantes de cartón piedra, Joan y Dolors, si bien hay que destacar que por primera vez en muchísimos años fueron los primeros en doblar el espinazo, encargándose de inaugurar el feísimo estigma de tener que trabajar. Joan de secador de  tinteros en un banco madrileño y la Dolors haciendo zurcidos por encargo, ¡qué manos!, y de ama resignada de casa. Dolors era la descendiente directa de la riquísima familia arruinada.

Feli, hija única, tiene un carácter abierto y alegre. Cuando alguien le pregunta siempre contesta que Feli es un diminutivo de Felicity, nombre inglés de lejanas cunas. Y se llama Felipa por órdenes concretas del bisabuelo. Reservada para su intimidad y amiga de todos. No le cuesta adentrarse en los ambientes nuevos o desconocidos. Sí que exhibe un talante un poco altivo, busca las respuestas con un desliz de exclusividad, y la gente sin modales o incorrectas la sacan de quicio. Su madre dice que se parece mucho al abuelo Jordi, un hombre inquieto y movedizo, sin demasiados miramientos y directo. En el mercado de Sarriá siempre se comentaba que el "Señor" frecuentaba los ambientes de luz de sangre roja y sábanas remendadas, como un collage pero cutre. Ya se sabe, a la gente le gusta hablar y, a ser posible, voltear y descascarar hasta poner el dedo en la llaga. Feli trabaja de maestra de francés en un colegio privado, de la Bonanova, naturalmente. También ella es de la zona alta, vive en un pequeño y sobado apartamento cerca de las Escuelas Pías. Ronda la cuarentena y no ha encontrado todavía caballero para subir a su grupa. Conoce el valor del dinero y lo que cuesta vivir la vida. A pesar de que tiene un sueldo para vivir medio dignamente, siempre se muestra inconformista, siempre quiere más. En eso se parece al abuelo, siempre quería más, pero cada vez tenía menos. De hecho, ya hace unos años que decidió hacer algo extra que le reportara un poco más de ganancias, siempre fuera de las horas de trabajo en la escuela y preferentemente de noche y, a ser posible, el fin de semana. No podría describir con precisión cuál es este trabajo tan liberal de horarios y por el que demuestra un gran interés. La llaman por teléfono y le hacen encargos de asistencia a domicilio. Siempre les dice, máximo cinco personas. Al parecer una vez en el domicilio convenido, se le suministra una habitación para que se cambie de ropa, ni más ni menos que en pelota picada. Los comensales, que ya han cenado, están esparcidos por toda la sala en sofás o sillones, vestidos de noche, en bolas. Todas las luces apagadas, y resulta que Feli entra a gatas y hace de gallinita ciega, ¡qué gracia! Comienza  a hacer recorridos recurrentes y ahora toca el arpa, ahora se aferra al clarinete. No sé de qué se trata pero sin duda debe ser divertido. Y el caso es que le pagan por un par de horas, mil euros. ¡Jesús! Nunca he entendido que para hacer buena música apaguen las luces.

Bien, nada más que añadir. Ya veis que de más poderosos han caído. Grandes familias que con los años se han convertido en repartidores de gaseosas o lamedores de sellos, y otros que provenían de las legañas y las alpargatas sin cordones que, con esfuerzo y maledicencias, se han convertido en malhechores de bolsillo lleno, sea por desaguisados de carácter político, por una mueca  de la sonrisa de la fortuna o porque se han dejado los testículos trabajando. Sin menospreciar los comisionistas de larga mano.


dijous, 8 de març del 2018

¡SILENCIO, ACCIÓN! UNA DE UÑAS


Serenamente, pero sin dilación, hay que joderse. Hace al menos media hora que intento rebanarme las uñas de los pies, cuesta reconocerlo pero la intrínseca verdad es que te vas disecando sin solución de continuidad. Prueba de ello es que este simple y modesto gesto de aplicarte la manicura en los pinreles se traduce, sin casi apercibirte, en un magnífico ejercicio de contorsionismo por el que merecerías ser aplaudido. Sin pasar por alto que mi predilección siempre han sido las uñas muy cortas y, claro, la visión tampoco es la que era, con lo cual, más de un mordisco cárnico siempre me llevo. Un desaguisado, vamos.

En el transcurso de este intervalo de soledad ungular, meditaba el por qué siempre abrimos los medicamentos por el lado opuesto, y qué fuerza invisible nos impide volver a poner las pastillas en la cajita. Me aterra que alguien descienda de mi coche y al tiempo que dice adiós, no cierre bien la puerta, o que peguen un portazo que te ondulan las orejas, y con la manita me vayan diciendo adiós. Los ejecutaría allí mismo. ¿Verdad que hay tratamientos para pacificar el dolor de hemorroides o fulminar un puto grano de pus en el culo? Entonces porque subsiste todavía gente con una halitosis caballar que, no conformes con emanar bocanadas de aliento putrefacto a tu cara, te dejan la habitación como una perrera. Maldigo el ambientador que cuelga de un enchufe. Jamás doy la mano a nadie que provenga del baño, sé de historias que les dejarían aterrorizados y sin sangre en las venas. Hoy estamos asediados, casi sodomizados con las ventas por internet, teléfono, o el timbre de casa. ¡Alerta! Tomen medidas, no se confíen, el monstruo no retrocede, se disfraza de vendedor de biblias o elixires. Cierren puertas, ventanas, el retrete, sellen el hogar de fuego si lo tienen y amordacen a su suegra para que no grite. Si les llega esta melodía, quédense inmóviles, “¿le gusta leer? ¿tienen segunda residencia? ¿Le gustaría disponer de diez mil gigas al precio que paga ahora? ¿No me diga que no conoce las islas griegas? ¿No tiene un seguro de su casa?” Sobre todo, mucha calma, no abra ni conteste, me lo agradecerá. De otra manera podría encontrarse en un desierto con toda su familia, en pelotas y sin un maldito euro. O tal vez limpiándole el culo al presidente de alguna compañía telefónica mientras juega al tenis con el director de su banco. No se trata de asustar a nadie, sino de ser precavido. ¿Verdad que no le gustaría encontrase en su recibidor con ochocientos volúmenes de los mejores limpiabotas de Harlem, acompañados de regalo con trescientos CD de lo más visto en Sálvame, y cien informes desclasificados acerca de los insectos homosexuales y su sentido del humor, amén de una litografía con los mejores palmeros de la historia?


No se lo tome a broma, aquí dirimimos un asunto casi de vida o muerte, porque no solamente le van a estorbar en el recibidor de su casa, sino que se habrá comprometido a pagar unos costos que ni en su quinta posterior generación lo habrán liquidado. Y todos ellos con el culo al aire y haciendo palmas.

En fin, ya ven ustedes lo que dan de si unos cuantos minutos de tala de uñas. Cruel y farragoso, de acuerdo, pero peor es el mal del miserere. Ya me he duchado y todo. Por cierto, mientras me masajeaba la cabeza con champú para pelo blanco, de ahí mi parecido con Richard Gere, me he acordado de que la semana pasada en Berlín, me debí tomar unos cinco litros de cerveza rubia y alimenticia. Toda la semana entre diez y doce grados bajo cero. Llegué a confundir mi mujer en la calle con otra señora a la que cogí del brazo. Me queda la punzante duda, y no me refiero a la asesina mirada de mi consorte, si tal distracción era consecuencia de la inhumana temperatura o de la rubia con espuma. En mi próximo corte de uñas intentaré analizar el enigma.

diumenge, 4 de març del 2018

A LA LECHERA LE HAN BIRLADO LA LECHE.


Circula por la Red un informe que, de ser verídico, hay como para ponerse a temblar. Tampoco se puede considerar como una novedad, algo había trompeteado ya en nuestros tímpanos. El caso es que viene avalado por prestigiosos periódicos internacionales, y de su contenido algunas cosas sabemos ya, de oídas y por espasmos en nuestras propias carnes. La prensa española en general, tan comprensiva y complaciente con las recetas dispensadas por el gobierno de turno, se viste de distraída y mira hacia otra parte, por ejemplo, al salto mortal de la hormiga tigre, o al desiderátum catalán que aporta a la prensa española y al 70% de la población española, carnaza para destripar y entretenimiento de ignorantes, pacifistas, tertulianos de hormigón armado, periodistas abyectos, cobradores perpetuos y defensores de regímenes innombrables. Vean, vean, un resumen de lo dicho;

“Para la prensa internacional estamos ante el mayor desfalco de la historia de España y probablemente de Europa.
El gobierno del PP de Rajoy está usando hasta el 97,4% de los fondos de reserva del sistema de pensiones en comprar deuda pública. Es decir, el Estado español pone en el mercado deuda soberana, pero el único que la compra es el  propio Estado español, que se adquiere a sí mismo la deuda que emite, usando para ello los fondos que garantiza las pensiones futuras.
El diario económico  alemán Deutche Wirtchaftsnachrichten, titulaba así un artículo el día 4 de enero de 2013 “Saqueo de los fondos de pensiones para comprar bonos del Gobierno de España”y en dicho artículo decía “al menos el 90% de los activos totales de los fondos de pensiones del Estado español convertidas en bonos de España. El diario The Wall Street Journal, publicó un artículo el 3 de enero de 2013, titulado “España usa fondos que  respaldan el pago de pensiones para comprar deuda soberana”.
El artículo decía “España ha estado vaciando sigilosamente la mayor alcancía del país, El Fondo de Reserva de la seguridad Social, que ha usado como comprador de última instancia de los bonos del gobierno, una operación dudosa sobre el papel del fondo como garante de las futuras pensiones. La maniobra, que ha pasado desapercibida, está por concluir ya que queda muy poco dinero disponible. Al menos el 90% del fondo de 65.000 millones de euros, unos 85.700 millones de dólares, ha sido invertido en deuda española con cada vez más riesgo. El conocido diario Financial Times calificaba a Mariano Rajoy como “político provinciano” y a Luis de Guindos como “el peor ministro de economía de Europa”. El semanario alemán Der Spiegel considera que el gobierno español está saqueando el fondo de reserva de las pensiones. “España ha saqueado en silencio la hucha más grande del país, el fondo de reserva de la Seguridad Social debido a sus dificultades financieras”.


Bien, ante esta perspectiva podemos entrar en depresión, echarnos a llorar o suplicar a santa Rita que todo sea una broma. De muy mal gusto, eso sí. Lo de que suban cada año, a modo de castigo, un 0’25%, ya huele a monumental engaño o estafa, como quieran. Si un euro más al mes ha de solucionar la vida  de quienes más lo necesitan, algo extraño y  grave está pasando. Cierto que la señora Cospedal ya dijo aquello de que las pensiones, ni tocarlas. Por ahí va la cosa. Algún otro preboste también ha afirmado que los pensionistas han vivido demasiado bien. El partido Popular ha sentenciado que protegen a los pensionistas, y últimamente el gobernador del Banco de España, Luis Maria Linde,  ha dicho que aquellos pensionistas que disfruten de una vivienda propia, eso ya constituye la mitad de la pensión. Quizá habrá que revisarlas. Como si no las hubieran pagado ya, con hipoteca incluida, IBI anual y palos varios. Lo dice alguien que cobra 176.000 euros al año y, claro, el hombre, desde el ático ve las cosas más pequeñitas. En resumen, uno ya no sabe si ha hecho bien en nacer o tenía de haberse quedado dentro de la goma. Porque no me negaran que todo esto relacionado con las pensiones de jubilación, o es una medida de presión al pobre y desgraciado pensionista para que se someta a la confabulación de los astros, o bien es el coño de la Bernarda que, para el caso, es lo mismo.









dimecres, 21 de febrer del 2018

HIMNOS, RAPEROS Y FUGAS

Estos días viene a cuento prestar atención a una noticia que ha saltado de agencia en agencia. La cantante Marta Sánchez ha elaborado un texto musicado para el himno de España, que no tiene letra. Esta mujer, que al parecer reside y paga sus impuestos en Miami, ha cantado el referido himno de esta guisa:

Vuelvo a casa, a mi amada tierra/la que vio nacer un corazón aquí/Hoy te canto, para decirte cuanto orgullo hay en mi/por eso resistí./Crece mi amor cada vez que me voy/pero no olvides que sin ti no sé vivir/Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón/y no pido perdón/Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí/honrarte hasta el fin/Como tu hija llevaré ese honor/llenar cada rincón con tus rayos de sol/Y si algún día no puedo volver/guárdame un sitio para descansar al fin.

Se habla de orgullo, amor -cada vez que se va-, imposibilidad de vivir sin ella -España-, aunque pague sus impuestos en dólares, no pide perdón (?), le quiere llenar cada rincón con los rayos del sol, y si no vuelve reserva un sitio para descansar al fin. Bien, no soy compositor ni guitarrista, tampoco letrista, aunque en mi supina ignorancia hay algún acorde que me chirría más que una puerta vieja. No sé porque me huele a un tufillo que no sabría descubrir: sol, orgullo, corazón, Dios, honra. No soy de himnos, pero igual queda mejor sin letra. Los del ABC dicen que es una letra que ha revolucionado el país. Glups!

El Sr. Valtonyc, rapero de profesión, al parecer ha cantado alguna de esas canciones habladas, de las que no entiendo nada, y no han gustado a las altas instancias, por lo que le han metido un golazo de tres años y medio a la sombra. Ya me imagino que no sería comparable a la letra de la Sra. Sánchez, pero, jolín, 42 meses es un puro de los buenos. El profesor Joan Queralt, que entiende más que yo, ha dicho <<En su contexto, no son constitutivas ni de enaltecimiento del terrorismo ni de injurias a la corona, ni de amenazas condicionales. Doctores tiene la Iglesia.


Rajoy en el Senado ha defendido la violencia policial del 1-O, con estas palabras: ¿Qué esperaban que hiciese el estado? Pues nada, pues eso, una lluvia de hostias indiscriminada, como debe ser, y si iba acompañada de aquello tan celebrado en las democracias modernas de “A por ellos”, pues entonces ya es la hostia, y valga la redundancia. Ni los abuelos con bastón gritando lo de maricón el último, lograron zafarse de los mamporros. Ándele ya, todo bien. Por cierto, el señor Íñigo Méndez de Vigo que además de ministro no sé si descubrió algo de América en el pasado, anda algo cabreadillo con eso de que el T.C, les haya tumbado la idea de modificar el modelo educativo en Cataluña -cargarse el catalán-. Ni con 155 ni sin él. No sé qué decir, tengo mis inquietudes, estos del PP son capaces de arrancarle una cana a un calvo. Doctores tiene la Iglesia. Pablo Iglesias, que de la enseñanza en Catalunya no tiene ni pajera idea, ha declarado <<Me enorgullece la escuela catalana, y ve inaceptable que un grupo de corruptos la cambie>>. Ya me siento más tranquilo. Glups!


El portavoz de la Oficina Federal de Justicia suiza, anuncia en RAC1 que, si España solicita la extradición de Anna Gabriel, no prosperará. Otro miembro del anterior gobierno catalán que coge las de Villadiego. De seguir esta persecución a ultranza del gobierno español contra todo bicho viviente que haya tomado mucha o poca parte en el “Procés”, me parece que ya no será necesario abrir nuevas embajadas en Europa. Surgirá una Catalunyeta igual que una seta. O Catalunyetastrofen.  

divendres, 16 de febrer del 2018

CANCIÓN TRISTE DE PEPE STREET

Si hay una película en donde uno se descojona de risa, se comprime la caja torácica de espasmos irrefrenables, esta es La Gran Bouffe. Escatológica donde las haya hasta niveles insospechados. Cuatro amigos unidos por el hedonismo y el tedio más absoluto se reúnen en una mansión con la idea de suicidarse comiendo sin parar. Mastroianni, Tognazzi, Piccoli y Noiret, ponen los rostros a esta hilarante historia. El reventón de la cloaca y el consiguiente baño de mierda pura, las prostitutas huyendo al ver la sucesión de escatológicos acontecimientos, la bañera llena de excrementos, la muerte súbita de Piccoli, materialmente reventando tras una interminable traca de ventosidades, etc. El sexo más obsceno y delirante se mezcla con cerdos, quesos, caviar o jamón. Angustiosos vómitos al pairo de montañas de comida por devorar. Una de las muchas escenas para revolverse en la butaca es cuando Tognazzi, moribundo encima la mesa de la abarrotada cocina, y conectado a un gran embudo, le van remetiendo, como a las ocas, la comida empujada por un gran mortero. El primer plano se va moviendo para detenerse en los amigos que le jalean para seguir tragando, al mismo tiempo que lo masturban. El cenit de la muerte, el placer, la lujuria, la gastronomía más ulcerante, y la muy seria comicidad llevadas a extremos estratosféricos. Con toda esta síntesis puede parecer algo abominable para quien no haya visto la cinta, pero no es así. Tuvo un estreno muy discutido por la crítica, pero sin ninguna duda ha quedado como una película de culto para todos los cinéfilos del mundo. Más allá de la metáfora, los cuatro actores se llaman por su propio nombre de pila, el suyo, hay una base anecdótica, que contarían Berlanga y Azcona, amigos de los protagonistas, que las juergas gastronómico-sexuales que se corrían las estrellas del cine hispano-franco-italianas, como Paco Rabal y Fernando Rey, eran más que habituales.


Cambiando el registro, no les voy a hablar de cine, pero me propongo contarles otra historia, real como la vida misma. Eso sí, mucho más humorística y escatológica. Se inicia con estas sesudas y ministeriales palabras “En relación con la revalorización de las pensiones del sistema de la Seguridad Social para el año 2018, me complace informarle de que, conforme al ordenamiento jurídico vigente, procede un incremento de su pensión del 0’25%, con efectos de uno de enero.”

¡Virgen Santa! No puedo ni creérmelo, nada más y nada menos que 1’94 euros al mes. Palabras de regocijo de Pepe Street, buen amigo y persona comedida. Ha llegado el momento de los viajes, de las compras superfluas, de hacer lo que no pude en mi vida laboral, dice Pepe. Un café al mes, medio periódico de un domingo, una propina al camarero, 50 gramos de chuches para el nieto, un pétalo de un ramo de rosas, una postal de navidad, información detallada de un crucero por el Mediterráneo, en fin, el cielo abierto. Podré hacer una cosa de estas opciones, no todas, una.

No me dirán que no es gracioso, que no te secciona la yugular de tanta risa. ¿Acaso no es mucho más cómico que morirse reventado de ventosidades? ¿O es que sentirse humillado hasta las mismísimas burbujas de la médula, no es como para morirse de risa lastimera? ¿Es cierto que vivimos en el envidiado Occidente, somos parte de las grandes y prestigiadas democracias? Creo firmemente que sí, que sí que esto es un coñazo. Cuantísimas personas anhelarían morirse comiendo, pero ni eso pueden. Ni tampoco de risa, demasiada tristeza.


Mi amigo era un forofo de la serie Canción triste de Hill Street, crónica de la vida cotidiana de una comisaría neoyorquina, de sus relaciones y de su cara más humana. El sargento Esterhans terminaba su reunión matinal con un: Tengan cuidado ahí fuera. Por fin Pepe ha entendido el sentido de la frase. Y desde entonces creo que está riendo sin parar y sin consuelo.

dimarts, 6 de febrer del 2018

DE CONDONES VA LA COSA

He leído en el periódico un acontecimiento que de entrada me ha dejado un poco descolocado. El titular en cuestión decía <Preservativos en la nieve>. Claro, leído tal cual podía suponer diferentes acepciones: usarlos como globos de colores, como bolsitas de agua para prevenir la deshidratación, como protectores de los dedos bajo el guante, etc. Incluso, muy deprimente, he caído en la cuenta de que los pequeños de casa, de las casas, pudieran pedir en la recepción de los hoteles de montaña varios ejemplares de colores creyendo que podrían tratarse de inocentes matasuegras festivos o fundas para las gafas.

Nada de todo esto, qué error el mío, y qué alivio también para mí. Se trata nada más y nada menos que de una decisión de los Organizadores de los Juegos Olímpicos de invierno de Pyeongchang (Corea del Sur). Han hecho una provisión de 110000 condones para ser distribuidos, mayormente, entre los participantes, los bravos deportistas. 40000 para las chicas, 40000 para los chicos, 12000 para el centro de prensa y 18000 en los estadios que acogerán las competiciones. Muy bien, de acuerdo, me parece bien el reparto, incluso muy bien pensado. Pero... a ver, a ver; me están diciendo que ya dan como un hecho consumado que a los deportistas que han de participar en la cita deportiva más importante de su vida, de unos especialistas en sudar y hacer de su cuerpo una maraña de músculos y bolas (bolas de bíceps) y que los periodistas, verdaderos filósofos de la palabra, se van a Corea a follar como almas poseídas por el  Dios Eros? Pues sí.

Ya me sabrán perdonar lo de follar, quería decir lo de  relaciones sexuales y tal y tal. Pero es que estaba realmente muy asombrado y perturbado. Bueno, ahora ya he visto que es una buena y necesaria causa: prevención de la propagación del virus del sida. Es verdad, es necesario estar al loro y debemos felicitar al comité organizador de los juegos de invierno, que por cierto ha manifestado <que esperan que la iniciativa contribuya a un "exitoso desarrollo de los Juegos" y desean a los atletas seguridad y éxito>. También han matizado que no creen que se consuman todos los profilácticos. Se dispondrán cestitos de colores llenos de condones en los  aseos de las villas olímpicas de hombres y mujeres. En el  caso de los periodistas no se dice donde los pondrán, quizás dentro del sombrero, no lo sé. El portavoz de la organización, Geun-Sik, manifestó en tono distendido y amable que <Muchos deportistas se llevarán condones a su casa como recuerdo de los Juegos> Espero que estén por estrenar. ¿Cuántas medallas me traes, hijo? Mira mamá, por pelos no pudo ser, pero te he traído un  bonito tapete de colores típico de allí, para que lo pongas encima de la tele. ¡Madre mía, qué susto!


No puedo ni quiero imaginarme el alboroto por la noche en los pasillos de las villas. Americanos con rusas, alemanes con mozambiqueñas, chinos con tahitianas, noruegos con marroquíes, los colchones del gimnasio deshilachados y el trapecio decorado, la limusina del presidente de los Juegos abarrotada de gente rasgando tapizados, las papeleras incendiadas, y como hay para el padre y para la madre, las chicas ataviadas con bonitos collares de condones de colorines. Un cielo, vaya. Yo soy un poco incrédulo, ya verán. Pero me pregunto si han de hacer un slalom, un bajada de aquellas a toda leche, a tumba abierta y sorteando las banderitas, quieren decir que estos jóvenes atletas no bajarán dando tumbos y en la meta se clavaran una ostia de aquellas que hacen época? Porque las rodillas no son de goma, y ​​con tantas flexiones... Y que me dicen de aquellos tipos que bajan a doscientos por hora por un endemoniado circuito en la nieve, montados encima de una plancha y de boca abajo, muy seguramente con los bajos hechos un colgajo! ¿Quién nos asegura que a la velocidad que alcanzan, no saldrán disparados en una curva y aterricen en Corea del Norte? Ya solo faltaría eso, prisioneros del cabezudo aquel, los bajos en remojo insuflé y sin condones. Y las chicas? Tan contentas como están con los caramelitos del lavabo y que se den cuenta el día del desfile triunfal y reparto de medallas, que tienen las maletas abarrotadas de condones pero que ya no les quedan bragas? ¿Y los periodistas, llegando a Carolina del Sur o Logroño, con cinco kg menos y demacrados?


En fin, qué le vamos a hacer, todo sea por la prevención. Y por el espíritu olímpico ¡faltaría más!

dissabte, 3 de febrer del 2018

SUCIOS Y GRITONES EN UN DÍA FRÍO

Tarde grisácea, ventosa y fría, muy fría. Los acosados árboles y arbustos cimbrean y retuercen al dictado de los soplos del viento. Muy desapacible todo. Es de esos días en que la gente repite “hoy es día para estar en casa”, y yo le he hecho caso a medias, por la mañana he salido a disparar cuatro fotos, a cual más triste, y por la tarde me he recluido en casa. Lo cierto es que me abstengo de leer el periódico, después de años ahora me produce desazón y casi asco diría yo, de tanta política zafia y vergonzante. Al menos hace dos meses que me ocupo solamente del crucigrama, soy obstinado y no puedo pasarlo por alto. Prefiero devanarme los sesos en busca de una palabra, antes que maltratar mi dignidad con las ponzoñas de quienes dicen gobernarnos. Como única excepción me he entretenido en un artículo del corresponsal de La Vanguardia en Londres. Habla de estereotipos, conocidos por casi todos. Un inglés diría de España que le sugiere flamenco, tapas, sol, sangría, ruido y toros. También caos, corrupción, pereza, suciedad, burocracia, puntualidad y crueldad con los animales. En España viven un millón de ingleses, mayormente jubilados, que frecuentan sus propios bares, principalmente en la Costa Dorada, valenciana y andaluza. En el otro platillo de la balanza, un español diría que en Inglaterra son arrogantes, el té de las cinco, la cerveza caliente, la horrorosa comida, los taxis negros, el sentido del humor, la realeza, el sarcasmo, las eternas y respetadas colas y el constante sorry.


No creo  demasiado en los estereotipos o estigmas a tiro fijo. Los catalanes son avaros y tacaños. Pues miren, debo de ir disfrazado porque en esta vida me ha tocado casi siempre pagar. Es cierto que los que no pagan nunca son más graciosos que yo, muy ocurrentes y simpáticos. Pero es que tampoco me han servido cerveza caliente en Londres, ni he visto detenerse a la gente a las cinco de la tarde, pero sí que me han dicho sorry y he probado la porquería de comida en la ciudad con más estrellas Michelin. En su día ya Washington Irving y Ernest Hemingway cantaron las muchas excelencias de España, en tono socarrón, claro. Y también Ava Gardner mientras se pasaba por el trillo al bueno de Mario Cabré. El Sunday Times en una guía de viaje instruye a los futuros viajeros diciendo que en España es correcto tirar los huesos de aceituna en el suelo, servilletas de papel, cascaras de mejillón, todo menos los vasos. Es de buena educación llegar con diez minutos de retraso a las citas, tomarse una cerveza a las once de la mañana, comer a las tres y cenar a partir de las diez. No hay que dejar nada en los platos, propio de un pueblo que pasó mucha hambre en la guerra civil. Que quieren que les diga, una cosa son estereotipos y la otra gilipolleces como la copa de un pino. Porque de guarros, hooligans y borrachuzos los he conocido en todas las latitudes, incluidas las británicas.

Y no es que me quiera erigir como defensor de las esencias cañís, ni mucho menos. Hablo por la parte que me toca: crítico con todo lo que sea abandono, suciedad, pereza, ruido, gritos o chapuzas. No sé si este parecer es español, catalán o inglés, no me importa demasiado. Me importa mi lugar en la sociedad, sociedad que prefiero pulcra, claro. Estamos en ello pero queda mucho camino por andar. Es cierto que, por ejemplo, ni en Londres ni en Nova york, se distingue colilla alguna por el suelo.


Concluye su artículo, Rafael Ramos, con un chiste: En el paraíso, los mecánicos son alemanes, los cocineros franceses, los amantes italianos, los policía británicos, y todo está organizado por los suizos. En el infierno, los mecánicos son franceses, los policías alemanes, los cocineros ingleses, los amantes suizos, y todo está organizado por los italianos. No se aprecia presencia alguna de los españoles. Deben de estar en el paro. Anochece y sigue reinando el frío, ¿Será de buena educación hablar del frío?