divendres, 19 de juny del 2015

HABLANDO DE TODO...

Las personas menos exigentes, más dialogantes, de carácter sosegado y tranquilo y con una formación "normal", suelen ser bastante más transigentes y a valorar los impedimentos o las desavenencias desde una posición más centrada. Alejados de las estridencias, los gritos, la blasfema o, incluso, de la agresividad. Son gente dada al consenso, el acuerdo y a la realización de objetivos en común. Tienen un punto de vista constructivo y respetuoso en relación a los bienes públicos y se ajustan mayoritariamente en que las leyes determinan, las normas aconsejan, y suelen entender que una comunidad no es viable si no es mediante el establecimiento de impuestos a los que todos estamos obligados con el fin de tener un bienestar compartido. Se trate de mobiliario urbano, oferta académica y cultural, cuidados médicos o pensiones de jubilación.

Todo ello con independencia de la eficacia, acierto o calidad democrática del país que se trate. No en vano los países nórdicos son los que tienen la tasa más alta de calidad democrática entre sus ciudadanos. Y donde menos en los países del sur. En el otro lado del escenario se agrupan todos aquellos que o bien creen que no es necesario un Estado, o que el estado les proveerá de todos los bienes posibles, incluyendo los públicos y privados y que se creen con el derecho inalienable  de tener de todo. O sea, los que trabajan por un estado fuerte y democrático, y los que constantemente se preguntan qué puede hacer el estado por ellos. En España ha habido una cultura sindical, si se puede decir cultura, que durante décadas ha hecho lo imposible para complicar, y en algunos casos derrumbarse, la supervivencia de las empresas. Y me estoy refiriendo a empresas medianas y grandes. Abuso incontrolado de las bajas por supuesta enfermedad, sabotajes sangrantes en cadenas de producción, huelgas salvajes con destrozos, amenazas, siliconado de cerraduras, agresiones a propios compañeros, rotura de ruedas y cristales de autobús, etc. Y ni la más mínima inculpación en nombre de un traicionado derecho a la huelga. Bienes que hemos tenido que pagar los demás con nuestros impuestos. No hemos tenido sindicatos daneses o suecos, para entendernos. Y siempre algo queda.

En este país hay un indeterminado y voluminoso número de personas que cobran pensiones obtenidas en los años setenta y ochenta, que son ofensivas para muchos, y fueron obtenidas por inconfesables desaguisados ​​de unos y el mirar para el otro lado de otros. Como por ejemplo dolor del dedo pequeño, dolor ilocalizable de espalda o pérdida de concentración. Leyendo esto es probable que muchas personas se sientan dolidas u ofendidas. En este caso sepan seguro que no va para ellas. Todos sabemos de qué pie calzamos. A raíz de lo que hablábamos al principio, la mayoría de personas razona y reflexiona para dirimir las cuestiones más diversas y adopta un tono conciliador aunque defendiendo su punto de vista. Otros, con el rostro enmarcado por el enfado y la pillería del desprecio, ignoran otras razones que no sean los gritos, la provocación y el pobre argumento disfrazado de razón. Las dos caras y el tortazo como verdad suprema. Y que nadie olvide que a la hora de depositar el voto en la urna, igual vale uno como el otro. Esta es la grandeza de la democracia que todavía muchos no han entendido.

España tiene 1.100.000 analfabetos según estadísticas oficiales, pero la realidad le suma muchos más. Es un pecado? Evidentemente que no, bastante pena tienen. Pero mientras el resultado de la encuesta no sea del ciento por ciento hace que determinadas cuestiones sean muy difíciles de cultivar con las herramientas de la ponderación y la moderación. Ya sé de sobra que hay gente formada que son unos golfos, de la misma manera que gente sencilla nos pueden dar lecciones de saber estar. Pero hablamos de generalidades. Y tanto a unos como a los otros: menos exigencia, menos arrogancia, más moderación, más diálogo, una pizca de educación y una consideración a los demás.


divendres, 12 de juny del 2015

GUARDAR LA COMPOSTURA

Es una expresión que se suele oír a menudo; guardar las formas o compostura. Con ella se afrontan infinidad de situaciones muchas de las cuales suelen ser comprometedoras para quien las dice o para quien es receptor. En las fiestas señaladas o celebraciones de todo tipo, la gente suele vestir decorosa e incluso elegantemente. Pero siempre existe el soplagaitas que acude hecho unos zorros, desentonando con su entorno. Está claro que no guarda las formas. Así mismo se da el caso de aquellas personas que por su avanzada edad, no son capaces de asumirla y en un vano intento por reavivar lo imposible, se visten de una manera inapropiada convencidos de que los verán más rejuvenecidos, cuando la verdad es que hay para romper la baraja, provocan sonrisas, burlas y crueles escarnios. No hace demasiado en los jardines de un restaurante, en la mesa de al lado se sentó un hombre muy mayor envuelto en un lustroso traje de hilo blanco del que sobresalía un vistoso chaleco de tonos jamaicanos. Le acompañaba un pedazo de mujer que por Manitú puedo jurar que no era su tía ni la sobrinita del abuelo. El hombre sólo miraba al suelo y con un elegante y tembloroso gesto estiró del bolsillito un habano de un palmo. La presunta tía se lo encendió con una larga cerilla dejando entrever por el escote dos encantadoras y sugerentes formas que en aquellos momentos ya disfrutaban de un buen puñado de voyeurs. El hombre chupaba sin levantar la vista y cuando empezaba a lagrimear de humo y bronquitis, la exuberante acompañante le retiraba la tranca unos segundos hasta que se reponía. Ya no es que el hombre no guardara las formas, es que desgraciadamente a veces se piensa que el dinero lo tapa todo, y no es cierto del todo. Es fácil caer en la caricatura de uno mismo.

En las reuniones de grupo también siempre surge el imbécil de turno que quiere hacer gala de sus ineptitudes y descrédito de la discreción de los demás, aprovecha para poner cuñas continuas a la conversación sin orden ni concierto, ni vínculo con el nudo de la conversación. Está fuera de lugar. Tampoco guarda las formas quien harto de engullir las gambas y langostinos más pasados ​​que los ojos de Tutankamón hace una disertación del pescado fresco en la mesa de una boda. Por no hablar de aquel que se ha ido quince días de vacaciones al balcón de su casa y cuando asiste a la primera reunión del AMPA en septiembre, calienta la mollera de los demás padres inventando unas vacaciones en Cerdeña. Hay que saber estar en tu lugar y asumirlo, porque si no, estás fuera de lugar y a remolque de tu doble personalidad, no guardas las formas ni maduras tu pesquis.

Hace un año se leía este breve en los periódicos españoles "El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, ha considerado una obligación estar presente en Lisboa el próximo 24 de mayo en la final de la Champions en Lisboa, que disputan el Real Madrid y el Atlético de Madrid ". Caramba! "Obligación", eso sí que es tener sentido de Estado. Pero mira por donde que al cabo de un año se vuelve a presentar una obligación de Estado pero, desgraciadamente, representada por un equipo catalán. No fue, ni los reyes tampoco. Que hagan lo que quieran, pero deben guardar las formas, no? O todos moros o todos deshilachados.


Lo mismo habría que decir de determinados políticos de nuevo cuño. Parece que si vas andrajoso y hecho una auténtica mierda eres más in, más progre, más colega. Y no, los pagamos para que hagan su trabajo bien hecho y porque no intoxiquen con sus sandalias las instituciones a las que ya de por si hay que guardar un respeto. Se ríen  de las formas. No me gusta la democracia española ni la democracia de costillada. Igualmente no es nada decoroso que el gobernador del Banco de España pida que nos volvamos a apretar el cinturón mientras él aprovecha para subirse el sueldo un 5'8%. No guarda la compostura. Ni tampoco es serio. 

dijous, 4 de juny del 2015

EL VIEJO ALMACEN DE LA VIEJA CASA

Hace ya muchos años, tantos que ya no puedo ni precisarlos, en un día de mucho calor que invitaba a las travesuras y diabluras ​​de un incipiente adolescente, intentaba seguir los pasos del tiempo escondidos en el olvido de un viejo y destartalado almacén. Hacía años que nadie había osado traspasar aquellas devastadas y astilladas puertas. Cuando éramos niños siempre nos recordaban "Niños, no entréis en el almacén". Esto era suficiente para envolver la mente de unos pequeños con un clima de misterio, de miedo infundado. Se pasaba por delante del almacén sin mirarlo, ni siquiera de refilón. Ese día comprendí que allí dentro no había nada que diera miedo, sencillamente no querían que nos hiciéramos daño entre tantos trastos. Aquella desamparada edificación formaba parte de la casa, la casa de toda la vida, un enorme caserón blanco con tres alturas. A poca distancia estaba la vieja caseta de los masoveros, y un poco más allá las caballerizas, pocilgas y gallineros. Nada de esto se había restaurado, sólo la casa. Y la balsa grande en la que nos bañábamos durante el verano, ahora reconvertida en piscina. La entrada a la casa era impactante, como una gran sala de techo alto y aceras a cada lado. Había bancos de piedra a ambos lados donde en invierno no se podía parar y en verano se estaba plácido y fresco como en la boca del pozo. A la izquierda una enorme cocina con los fogones en medio de la estancia y una espaciosa despensa llena de estanterías adornadas con tapetes de flecos bordados. Contiguo a estas dependencias el comedor. Sala noble de casi setenta metros,presidida por una chimenea revestida de piedra y mármol. El techo fue respetado reparando y barnizando las gigantescas vigas de madera con más de cien años de antigüedad y que seguían sosteniendo el caserón. Al otro lado de la calle sólo había una enorme sala atiborrada de sillones, alfombras y sofás, como un califato, y hoy una televisión panorámica que le resta prestancia a la gran chimenea. Junto a la chimenea una puerta conduce abajo, a la bodega, de temperatura inamovible verano e invierno donde reposan los vinos y cavas, la mistela y la barrica del vinagre. Y una batería de barricas de roble americano con el vino del año.

Aún que todo esto sean huellas del pasado, es un pasado inmortal, un pasado que siempre ha estado presente en mi vida y que sigue estando en ella. Aquella lejana mañana me movía en una especie de museo desordenado en el que el robín y el polvo reinaban por todos los rincones, con el permiso de un buen equipo de murciélagos que colgaban boca abajo y cuatro golondrinas buscando la salida entre esqueléticas bigas. Utensilios de la siega y de la vendimia que hoy harían reír, cuerdas deshilachadas, capazos, muebles, portadoras de uva, bidones de aceite vacíos y resecos, un revólver de seis balas recocido, y yo qué sé, trozos de generaciones amontonados. Me llamó la atención un pequeño coche tapado con los agujeros de una acartonada lona. En la guantera una libreta amarillenta donde se podía leer con letra redondeada: 10 H de bosque, 20 H de sembrado, 800 olivos, 25000 cepas, 30 cerezos, 10 nogales, 500 almendros, dos pozos. Fue escrito con plumilla, los diferentes grosores lo delataba. No podía estar escrito por nadie que no fuera el abuelo Rafael, médico del pueblo, obstinado jinete y seducido por la buena mesa y el buen tintorro. Aún no habían aparecido las prohibiciones y cabalgaba siempre con un caliqueño entre los labios. Amaba la tierra y los frutos que procuraba. Cuentan que le decía a la abuela "cuando tus hijos te traigan los nietos y se hagan mayores, nada de ser médicos o escribientes o rateros. Campesino es lo mejor que puedan hacer”. Y la abuela “entonces porque tú eres médico" pero él fumaba y callaba.

Ese mismo día de mi pretendida adolescencia dejé escrito con tinta de lágrimas que de mayor sería escritor. No sé muy bien por qué. El caso es que me he dedicado a la alimentación, qué paradojas. En fin, ya saben, "Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido”.

divendres, 29 de maig del 2015

CON CAMISETA NO, POR FAVOR

Normalmente decimos, o diríamos, ya han pasado las elecciones y la vida continúa, todo sigue igual. Pero no es así, sí que la vida continúa pero el estado de las cosas ya no es el mismo de antes. Al Sur de los Pirineos ha habido una sacudida muy importante que ha dañado las patas de miles de sillas en todo el estado, como no ha sucedido en los últimos treinta y cinco años. La irrupción de nuevas opciones en el panorama político ha sido contundente y con todos los credenciales para quedarse. No vale sorprenderse ni esconder la cabeza bajo el ala. Estaba cantado que habría un revolcón favorecido por el cansancio, la austeridad, la corrupción y la prepotencia. Demasiada gente desahuciada, arruinada, en paro o necesitada. Ellos lo llaman los desfavorecidos, un cruel eufemismo, un sarcasmo como otro. En cualquier caso creo que toca celebrar el fin del fatídico bipartidismo español que se había convertido en una sanguijuela para el asustado contribuyente español. El hecho de sólo haber, principalmente, dos partidos políticos, fruto de la nefasta etapa de transición y el café para todos, a la larga se ha evidenciado como un freno al crecimiento del país, una limitación de las libertades democráticas, un talante prepotente por parte de los mandatarios y, desgraciadamente, el perturbador y maléfico enfrentamiento entre los diferentes pueblos alimentado por el propio poder. Sólo hay que recordar el año 2006 en que Rajoy se fue de tourné por las españas haciendo proselitismo y alentando a la gente en contra de Cataluña -el Estatut? -. Cuando los periodistas preguntaban a la gente qué firmaban les contestaban ... contra Cataluña! Y esto ha durado hasta el domingo pasado en el que voces autorizadas del establishment pepero han acabado por reconocer que el echar mano de Cataluña para ganar votos se les ha vuelto en contra, pero el daño ya está hecho. Las derechas son demasiado extremas y las izquierdas, osadas y delirantes. España es el cuarto país de la UE que más paga por la factura de la electricidad en el hogar y el tercero con el precio del gas doméstico más elevado.

Uno de los casos más sonados de estos comicios del pasado domingo ha sido la pérdida del Ayuntamiento de Barcelona por parte de Trias. Por un escasísimo margen, pero lo ha perdido. Yo siempre he apostado por la renovación del aire, dejar que entre el aire fresco. A estas alturas todavía no sé si las huestes de Colau llegarán a representar a todos los barceloneses, hay cierto baile de bastones. Los recién llegados siempre son una incógnita, por aquello de la falta de experiencia, a mí no me preocupa porque en definitiva le pasa a todo el mundo, y la experiencia se adquiere con el día a día. Si bien hay que tener en cuenta que hay cargos y cargos. Y la alcaldía de Barcelona, ​​hoy por hoy, es de una trascendencia muy importante, y de amplio eco internacional. Barcelona está presente en infinidad de congresos y foros en el extranjero. De igual manera la ciudad recibe un buen número de eventos internacionales que por su significación son objeto de codicia por muchas capitales europeas. Factores que por sí solos exigen un candidato de alta cualificación gestora e intelectual y unas maneras consecuentes al cargo que ostenta. Ignoro si la Sra. Colau habla idiomas, si sabe hacer uso de la palabra sin ofender a nadie, si sabe obviar las expresiones de mal gusto o si ya dispone de una modista que sepa vestirla a tono de las nuevas circunstancias. El populismo, y ella lo es, puede servir para gobernar a Chaves y Maduros, pero esto es Europa. Algo más que la piña colada y camisetas rojas.

Pronto descubrirá la Sra.Colau las presiones que recibe el poder, de uno y otro signo. Empezando por las propias izquierdas acostumbradas a deshilachar a quien gobierna sin pedir permiso a nadie. Los grandes colectivos y sindicatos siempre amenazantes. Las partidas presupuestarias que no se pueden administrar como el cajón del local social. A tratar a la Guardia Urbana como colaboradores indispensables y no como enemigos. A rodearse de profesionales y no de agitadores profesionales. A no prometer, bajo la sombra de una pancarta, pagar imposibles que ignora de dónde saldrán. Y por favor, cuando vengan jefes de estado o altos mandatarios de países extranjeros, recíbalos como el lustre de su cargo exige. Y si se trata de una empresa con voluntad de invertir en Barcelona, no dude ni un instante, absténgase de la camiseta roja, por favor.

Aire nuevo si, caras nuevas si, ilusiones nuevas sí. Pero populismos de pandereta, pancarta, silbato y camiseta, los menos posibles, se lo ruego.


dijous, 21 de maig del 2015

SOLSTICIO DE VERANO EN EL CAMPO.

El pueblo visto a distancia, en una noche de luna brumosa y amarillenta, se atisba como la garganta de un escenario recortada por los diversos perfiles de las casas. Sobresale el campanario como si a tientas se abriera paso entre las viejas casas ancladas como la roca en la tierra. Las chimeneas ya reposan, el frío ha marchado sin un adiós preciso, y también desapareció su ardiente aliento entre cenizo y color del melocotón verde. Es aquel hierático momento en que la oscuridad borra el paisaje y las últimas bombillas de la población salpican de luz trémula las calles desiertas. Las aristas del frío y los gritos del viento han desertado, quién sabe si escuchando nuestros anhelos. Se oye la diminuta quebradiza líquida de un arroyo cercano, donde un par o tres de ranas croan sus estúpidos y repetitivos canticos. Son unos bichos que siempre me han causado dentera; pequeños, viscosos y aburridos como una piedra. Ahora, eso sí, para asco, terror, desconfianza,  y manifiesta cobardía; las serpientes. No nos tragamos.

Queda un mes justo para que entre el solsticio de verano. Y eso es bueno para casi todo el mundo, sobre todo   para aquellas personas que vivan angustiadas, se sientan depresivas o sufren un dolor imaginado, pero que lo pasan muy mal. La primavera ya da un jovial respiro, cala hondo, pero parece que en verano, aparte de que todo bicho sobrevive, desenreda los oscuros pensamientos y da un empujoncito a los que se sienten más o menos depresivos. La naturaleza nos dota de todos los elementos necesarios para que podamos sentirnos retribuidos, empezando por el sol que  da lustre a nuestras traumatizadas carrocerías y cuida de que no nos extendamos demasiado a la hora de la siesta con su molesto bochorno. El bochorno que cuando se pega al mismo vientre de las nubes en un día pegajoso y soporífero,  hace descargar el feroz chubasco sobre el mar y la tierra con guarnición de rayos y truenos, que deja  los polvorientos caminos como verdaderas autovías del placer olfativo. Las cornisas de las casas gimotean con una sinfonía de gotas de colores que se empujan unas a otras para precipitarse al vacío. Y los charcos de calles y caminos se tiñen de un vaporoso y sulfuroso color estaño. Siempre pienso que cuando cesa el aguacero se disuelve un dulce murmullo y me siento vehemente ante la crudeza del ruido estrepitoso del hombre.

La aparición de la lluvia en el campo es un estallido similar al efecto que produce un trueno de aquellos que hacen temblar sillas y cristales. El líquido celestial invade llanuras, valles y montañas, iniciando un desfile de colores y olores que colapsan los sentidos. Como por arte de magia se dibujan traviesos y atrevidos arroyos que no se hacen esperar, los pámpanos gotean y las espigas apuntan al cielo. La cabecera del incipiente riachuelo bordea plantas, serpentea los sedientos surcos, sortea cepas y esquiva árboles. Pondrá la proa según la fuerza de las aguas y a lo largo de su camino, en uno u otro recodo, se irá hundiendo en la tierra hasta desaparecer y quedarse inmóvil, difuso,  y ya no se llamará río ni arroyo, ni tan sólo agua, ahora ya solo será un fugaz depósito de agua para alimentar la vegetación.


Anoche mientras miraba la geométrica silueta del pueblo a oscuras, bajo la luz de una luna brumosa y amarillenta, imaginaba a sus hombres y mujeres abstraídos en sus obligaciones de cada día. Algunos cenando y comentando los desasosiegos del día para salir  adelante, otros aburridos viendo y escuchando lo que ya han visto y escuchado todo el día en la caja tonta, e incluso unos cuantos bien encamados haciéndose promesas inciertas o reviviendo aquel sueño que un día tuvieron y tanto les entusiasmó, sabiendo que nunca se cumpliría pero que tanto se deleitan en recordarlo. No sé a ciencia cierta si el agua del cielo y el sol pueden curarlo todo, es posible que no, pero son tan gratificantes...

divendres, 15 de maig del 2015

VAYA UN CANSANCIO

El próximo 24 de mayo se van a dilucidar muchas cosas en este país. Las elecciones locales van a emitir señales de hastío, preocupación y cambio. Sobre todo de cambio. Todavía queda gente que cree  que con determinados políticos o siglas, no solamente cambiarán las cosas sino que les van a arreglar la vida. Hay que ser infeliz para esperar milagros terrenales. Son legiones las familias y empresas que con estos largos años de crisis han visto truncadas sus vidas, ahorros y patrimonios. La mayoría ocultos en el anonimato, resignados a su suerte y esperanzados en que un día las cosas se arreglen. Otros, más pancarteros y pegados a un pito, se han cansado de manifestarse y gritar consignas en favor de demandas u objetivos utópicos e imposibles. Paradójicamente estos últimos no suelen padecer tantas calamidades ni privaciones como los mencionados anteriormente. Alimentan la idea de que vendrá un redentor con su espada de fuego para exterminar a los mangantes pecadores.

Algo parece moverse, algún cambio parece confirmarse, más de un partido político se encuentra en crisis de nervios. Miles de sillas, poltronas y prebendas tiemblan bajo las posaderas de sus ocupantes. Todo y teniendo claro que estas elecciones locales no tendrán la contundencia ni la fuerza expeditiva que tendrán las de fin de año para renovar las cortes generales del Estado. En estas saltarán muchas chispas. Y creo que somos muchos los que esperamos que esto se produzca. Y ya no es cuestión del gobierno actual, que también, sino de todos los partidos llamados nacionales o tradicionales en España. El binomio P.P. y PSOE ya no ilusiona, no convence, son prácticamente iguales en los grandes temas de estado, son más de lo mismo. Es de suponer que se va a producir una fragmentación tal del arco parlamentario que hará de la tarea constituyente de un gobierno una tentativa casi imposible y, llegado el caso, con muchas más limitaciones de poder. Para tranquilidad nuestra todo indica que las mayorías parlamentarias y todos sus vicios abusivos se irán directamente a hacer puñetas en el sentido más amplio y satisfactorio para la comunidad. Cierto que pueda darse el caso de convertirse en un país ingobernable, Italia lo sufrió durante décadas y no por ello se han extinguido. Pero claro, España no es Italia.

Los representantes de los partidos de nuevo cuño también necesariamente deberán moderar su verbo y gesto. Dos de ellos van a producir un efecto asalto a las instituciones de importante relevancia, el golpe será letal para muchos, lo que de momento ignoramos es si se tratará de una ola en un vaso de agua o se asentarán de por vida en las instituciones. Lo que es evidente es que los excesos verbales de estos días, los toscos gestos y los populismos asamblearios de baja estofa, no tienen cabida en un régimen de libertades y democrático. Y si tienen alguna duda que consulten con el primer ministro griego, Tsipras, o su sheriff indomable, Varoufakis. La Sra. Colau, que de momento es más prestidigitadora que política, y su socio Iglesias, tildan a ciertos políticos de chusma y mafia. Argumentaciones que, ni de ser ciertas, no caben más que en los chiringuitos de juego o en las borracheras de fin de semana. Dios nos libre de ser administrados por esta casta. De momento solo son carnaza para analizar.


Es evidente y necesario un cambio, un cambio total, pero con las reglas del juego bien aprendidas. Yo no las tengo todas, y no tendrían más que copiar de Europa, tan simple como esto, copiar. Pero no olvidemos que esto es España y aquí las cosas siempre son distintas, diferentes, de otra manera, a su manera. España siempre ha sido durante su historia una tierra de convulsiones, pronunciamientos, dictaduras y garrotazos. Hoy se conducen mejores coches, se viste mejor, nos alimentamos razonablemente bien, dicen que tenemos democracia, pero cada individuo sigue guardando en el armario el garrote de siempre. En Inglaterra se democratiza la gente con el diálogo, aquí se discute con los puños en las mismas narices de las urnas. Una pena.






dimecres, 6 de maig del 2015

"SEIS"


A principios del próximo mes de junio se cumplirán seis años de esta increíble y apasionante relación entre mis más intimas sensaciones y recuerdos y el lector, que es quien da sentido al blog, a través del Tren de llarg recorregut. Un símbolo sobre ruedas de hierro que metafóricamente ha servido como correa de transmisión para poder plasmar sobre el papel cientos de historias almacenadas en el cuaderno de bitácora y arrancadas semana a semana para encajarlas entre vías, cambios  de aguja, pasos a nivel con barrera y semáforos en verde. Son tantos los quilómetros recorridos que ya he perdido la cuenta. Miles de estaciones transitadas, unas durante el anonimato de la noche y el candor de la belleza oculta en pequeños rincones de ensueño. Algunas con el ajetreo y la masificación de las grandes ciudades. Otras más modestas y calladas, casi vergonzosas y tímidas, al pairo de heladas colinas entre montañas nevadas. A riesgo de caer en el atrevimiento he de decir que casi nada de este mundo le es ajeno a la curiosidad del tren. Tampoco puedo obviar en este largo recorrido el lugar destacado que siempre he reservado para la música, fiel y leal compañera de todos mis itinerarios, siendo la ópera brillante y destacada protagonista. Como lo es también en mi vida. No hay historia si no hay difusión, y el tren ha tenido los mejores raíles para ello: La Vanguardia.

En esta fértil singladura he conocido personas que con sus impagables opiniones han dado sustento y ánimo para que el tren no desfalleciera ante las brumas del Báltico, ni con mis devaneos juveniles en la decadente Venecia, entre muros enmohecidos por la humedad y el romanticismo. La turbación en las praderas de Kenia buscando a Karen o en Madison al encuentro de un cruel semáforo que heló el corazón de Francesca. Cinecittà, derruída, abandonada y solitaria, sin rastro de Fellini ni Visconti, pero sí de su legado imperecedero. La quinta de Mahler siguiendo el humo del tren a lo largo del Danubio, o paralizado de emoción al cruzar la bella Toscana con el intermedio de Caballería Rusticana batiendo los cipreses.

No soy escritor, ni tan solo un mal escritor, solo intento ser un relator que, embriagado por la música, viaja por el mundo y pone letras en sus ojos para contar lo que ven y lo que les cautiva. Ya es tiempo de bonanza y el sol tuesta los muros del monasterio para que las piedras se camuflen de color manzana al horno. El puente de Brooklyn visto desde el River Café se asemeja a un descomunal brazo que enmarca el skyline de Manhattan. La Scala, el Metropolitan, el Liceu, La Fenice, el San Carlo, el Covent Garden y tantos otros templos musicales donde nos bautizamos con notas de oro y charol. Volendam y su mar embravecido como una guinda en la cabeza de Holanda. Auswitch y Mauthausen nos rompieron el corazón y sentimos el gélido frío de la muerte y el  horror. Los fascinantes colores de Andalucía. El espectacular amanecer de Lisboa como una gran puerta abierta al misterio atlántico. Paris, Londres, Roma, Florencia, Múnich, Ámsterdam, Atenas, New York,Viena, Praga, Berlín, Nairobi, Nápoles, Milán,etc, viejas ciudades a las que el tren descosió sus costuras para admirarlas y aprender de ellas.

Palidezco al recordar un trocito de mediterráneo llamado Mar Tirreno en donde se alza la isla de Capri, lujuriosa, subyugante, emperatriz de la belleza, de la que escribí…el sol se sumerge en el mar irisando sus profundidades. Lucca, patria de Puccini, antigua fortaleza en círculo donde rendí homenaje de admiración al maestro que aun hoy turba mis sentidos con su dulce sensibilidad. Los conciertos nocturnos en los cálidos veranos en Central Park. Las reposadas anotaciones en la libreta de campo en un refugio de montaña cubierto de nieve, las largas conversaciones frente al hogar quemando troncos de encina y haya entre los muros de Poblet. Tran-tran,tran-tran,tran-tran. Es imposible hacernos eco aquí de todos los lugares en donde el tren a cruzado silencioso y abnegado recorriendo la vida.

Seis años, setenta y dos meses, trescientas doce semanas, dos mil ciento noventa días con sus noches han alumbrado trescientas doce crónicas que deseo fervientemente que les hayan acompañado y entretenido tanto como a mí de podérselas ofrecer.

Me tendrán que disculpar, el tren arranca de nuevo.