dimecres, 6 de maig del 2015
"SEIS"
A principios del próximo mes de junio se cumplirán seis años de esta increíble y apasionante relación entre mis más intimas sensaciones y recuerdos y el lector, que es quien da sentido al blog, a través del Tren de llarg recorregut. Un símbolo sobre ruedas de hierro que metafóricamente ha servido como correa de transmisión para poder plasmar sobre el papel cientos de historias almacenadas en el cuaderno de bitácora y arrancadas semana a semana para encajarlas entre vías, cambios de aguja, pasos a nivel con barrera y semáforos en verde. Son tantos los quilómetros recorridos que ya he perdido la cuenta. Miles de estaciones transitadas, unas durante el anonimato de la noche y el candor de la belleza oculta en pequeños rincones de ensueño. Algunas con el ajetreo y la masificación de las grandes ciudades. Otras más modestas y calladas, casi vergonzosas y tímidas, al pairo de heladas colinas entre montañas nevadas. A riesgo de caer en el atrevimiento he de decir que casi nada de este mundo le es ajeno a la curiosidad del tren. Tampoco puedo obviar en este largo recorrido el lugar destacado que siempre he reservado para la música, fiel y leal compañera de todos mis itinerarios, siendo la ópera brillante y destacada protagonista. Como lo es también en mi vida. No hay historia si no hay difusión, y el tren ha tenido los mejores raíles para ello: La Vanguardia.
En esta fértil singladura he conocido personas que con sus impagables opiniones han dado sustento y ánimo para que el tren no desfalleciera ante las brumas del Báltico, ni con mis devaneos juveniles en la decadente Venecia, entre muros enmohecidos por la humedad y el romanticismo. La turbación en las praderas de Kenia buscando a Karen o en Madison al encuentro de un cruel semáforo que heló el corazón de Francesca. Cinecittà, derruída, abandonada y solitaria, sin rastro de Fellini ni Visconti, pero sí de su legado imperecedero. La quinta de Mahler siguiendo el humo del tren a lo largo del Danubio, o paralizado de emoción al cruzar la bella Toscana con el intermedio de Caballería Rusticana batiendo los cipreses.
No soy escritor, ni tan solo un mal escritor, solo intento ser un relator que, embriagado por la música, viaja por el mundo y pone letras en sus ojos para contar lo que ven y lo que les cautiva. Ya es tiempo de bonanza y el sol tuesta los muros del monasterio para que las piedras se camuflen de color manzana al horno. El puente de Brooklyn visto desde el River Café se asemeja a un descomunal brazo que enmarca el skyline de Manhattan. La Scala, el Metropolitan, el Liceu, La Fenice, el San Carlo, el Covent Garden y tantos otros templos musicales donde nos bautizamos con notas de oro y charol. Volendam y su mar embravecido como una guinda en la cabeza de Holanda. Auswitch y Mauthausen nos rompieron el corazón y sentimos el gélido frío de la muerte y el horror. Los fascinantes colores de Andalucía. El espectacular amanecer de Lisboa como una gran puerta abierta al misterio atlántico. Paris, Londres, Roma, Florencia, Múnich, Ámsterdam, Atenas, New York,Viena, Praga, Berlín, Nairobi, Nápoles, Milán,etc, viejas ciudades a las que el tren descosió sus costuras para admirarlas y aprender de ellas.
Palidezco al recordar un trocito de mediterráneo llamado Mar Tirreno en donde se alza la isla de Capri, lujuriosa, subyugante, emperatriz de la belleza, de la que escribí…el sol se sumerge en el mar irisando sus profundidades. Lucca, patria de Puccini, antigua fortaleza en círculo donde rendí homenaje de admiración al maestro que aun hoy turba mis sentidos con su dulce sensibilidad. Los conciertos nocturnos en los cálidos veranos en Central Park. Las reposadas anotaciones en la libreta de campo en un refugio de montaña cubierto de nieve, las largas conversaciones frente al hogar quemando troncos de encina y haya entre los muros de Poblet. Tran-tran,tran-tran,tran-tran. Es imposible hacernos eco aquí de todos los lugares en donde el tren a cruzado silencioso y abnegado recorriendo la vida.
Seis años, setenta y dos meses, trescientas doce semanas, dos mil ciento noventa días con sus noches han alumbrado trescientas doce crónicas que deseo fervientemente que les hayan acompañado y entretenido tanto como a mí de podérselas ofrecer.
Me tendrán que disculpar, el tren arranca de nuevo.
dijous, 30 d’abril del 2015
CORRUPTUS IN EXTREMIS
Esta ha sido una semana movida como viene sucediendo
en los últimos tiempos. Hay para todos los gustos. Desde el terremoto en
el Nepal hasta el incendio de un ferry
en las Baleares. La actividad humana no cesa ni duerme, produciéndose una
ingente cantidad de sucesos por minuto que atestan y a veces colapsan los
medios de información y las redes sociales que, quizá sin proponérselo, se han
convertido en altavoz planetario de todo aquello que tildamos de noticia. Hoy
ya ni tan solo es noticia aquel ejemplo de otros tiempos en el que se
mencionaba como noticiable que un hombre había mordido a un perro, y no al
revés. Estamos saturados, bombardeados, cansados y exhaustos de tantas
novedades. Desgracias y dramas aparte, la política se lleva un buen bocado de
toda esta vorágine mundana. Y precisamente aquí, en lo que ridículamente llaman
la piel de toro, la política ocupa un lugar preponderante, casi enfermizo,
totalmente despreciable. Y no lo digo por el ejercicio de este noble y
necesario arte, sino por la maloliente forma en que se lleva a cabo, el hedor
que desprenden las declaraciones y contra declaraciones de gente
exasperantemente mediocre, gris, y sin la talla adecuada, produce un efecto
totalmente contrario al pretendido por sus instigadores y colma nuestra
capacidad de resistencia.
Muchos de los tertulianos politizados, públicos y
privados, que se han hartado de vociferar las calamidades e injurias de sus
oponentes, siempre de forma interesada, hoy callan miserablemente al haberse
puesto al descubierto que los “suyos” han pecado de las mismas temeridades pero
aumentadas. Y lejos de amilanarse o, porque no, avergonzarse, hinchan su patético
orgullo de triste ineptitud para entablar una necia actitud con el “y tú más”. Para
el ciudadano de a pie es inaceptable. Este es un escenario aborrecible que, al
igual que una epidemia, contagia a la gente con el virus de la indiferencia, la
animadversión hacia todo lo que se airee y revista de politiqueo. Mentiras y
más mentiras.
Si de corrupción hablamos, estimados amigos, aquí ya
hemos de romper la baraja, tirar la nevera por la ventana, divorciarnos o
cortar cabezas, Dios no lo quiera. Cómo es posible haber llegado a donde
estamos por la vileza y ruindad de tantos y tantos. La avaricia y la codicia se han adueñado de la res pública
y ya nada es lo que tendría de ser. A tal punto han llegado ya los destrozos en
la Administración que se asocia cargo público a mangoneo, violador de cajones, oportunidad
para enriquecerse, amiguismo, inmunidad o impunidad. En todas las esferas del
poder, en todos los territorios, en todos los partidos políticos. Cómo se puede
tener la desfachatez de exigir al administrado el cumplimiento de las normas o
la ley cuando quien lo predica es un corrupto, un comisionista o un delincuente
de guante blanco. Lecciones de moral y ética vertidas por individuos que no
cesan de esconder sus vergüenzas, despropósitos y saqueos bajo la pestilente
alfombra de sus lujosos despachos. Que decepcionante democracia la que impera aquí.
Desde luego tanta charca inmunda y fétida no se va a
purificar y convertir en agua bendita. Ni multas ni cárceles van a redimir ni
asear tanta porquería, dado que no es una cuestión de individuos, sino de
educación, de asumir la democracia como algo propio en su más noble sentido. En
Finlandia desconocen el significado de la palabra corrupción política, y en
Holanda la conocen pero dudan que pueda darse algún caso. La sociedad no lo
permitiría, están educados para democratizar sus vidas. Aquí se ha educado al
personal con la inefable receta de el último, tonto. Se trata de ser más listo
que los demás, si un tramo de pared cuesta 300 euros, al final, pagadas
comisiones, el pagano abonará 650 euros. Si una reparación a domicilio vale 150
euros, se facturarán 270 con distintos ardides y maquiavélicos conceptos. Por
qué? Porque son muy listos. Cuánto costaba una vivienda digna hace unos añitos?
Pues lo suficiente para llegar a reventar todo un país. Porque algunos eran muy
listos y la mayoría muy tontos. Así nos va.
dijous, 23 d’abril del 2015
HIPÓCRITAS GLOBALIZADOS.
Cada día es más difícil entender este mundo. Creo que a partir de la
segunda guerra mundial todas las naciones, y con ellas su población, se han
vuelto más intransigentes, más insolidarias, vecinas de egoísmos y renuncias a
todo lo que no sean beneficios propios. Los países del Este atenazados por una
deshumanizada dictadura, marcó una profunda huella en sus habitantes
privándolos de entender qué significa la palabra democracia. Debatiéndose entre
el deseo y la añoranza. Chequia quizá signifique una prometedora excepción
dentro de este desolador pasado. Al igual que la Alemania comunista, que se
libró del yugo totalitario con ingentes aportaciones de recursos por parte de
su otra mitad libre, si bien es cierto que, a día de hoy, todavía persisten
ciertas reticencias al cambio.
La no pasada crisis financiera, verdadero tsunami asolador de vidas y
haciendas, tampoco ha sido ajena a ese expandido criterio de primero yo y
después yo. La gente teme por su trabajo y por tener que renunciar a lo logrado
tras años de bonanza. Un grupo muy abultado de personas no volverán a trabajar
más y unirán sus incertezas para la jubilación a la de centenares de miles de jóvenes que se hallan
en precario y “sostenible” paro. Las nuevas técnicas de información y
comunicación han logrado hacer de este mundo una estrecha globalización, pero
según para qué. Si acaso el bolsillo ha sido lo menos globalizado de todo. Sin
excluir algunos sentimientos que no acabamos de compartir del todo.
Recientemente hemos vivido de cerca atentados terribles, como el de Paris,
a manos de fanáticos fundamentalistas, o catástrofes provocadas como la del
avión de Germanwings incrustándose en la roca de una cima en los Alpes. La fatídica
suma de ambos desastres arroja un saldo de 157 muertos. Recordaremos estos tristes episodios por mucho tiempo, los
medios de información se encargarán de mantenernos viva la memoria. Igual que
el de la penosa muerte de un profesor de instituto ocurrida ayer en unas muy
lamentables circunstancias. Cada uno de ellos se hace acreedor de nuestras
condolencias y avivan los sentimientos de solidaridad para con sus familiares.
Y es bueno que la sociedad se revele ante acontecimientos de esta
naturaleza. Que sienta un impulso de ayuda, de mitigar el dolor producido. Pero
desgraciadamente las cosas no son siempre así, no son enfocadas con el mismo
color del cristal, y ni tan siquiera despiertan los mismos sentimientos.
Alguien se acuerda de los fallecidos por el brote epidémico del ebola? Se
declaró inicialmente en Guinea sobre diciembre de 2013 y hacia mediados de
febrero de este año habían sucumbido ya 9380 personas, la gran mayoría en
África. Apenas queda el recuerdo de la
demanda presentada por Teresa Romero, auxiliar de enfermería, contra el equipo
médico que le salvó la vida por trato inadecuado, 300.000€! Y la sociedad
occidental qué dice de aquellas tenebrosas y patéticas imágenes de cuerpos
envueltos en una sábana camino a la zanja? Nada, casi nada.
Lo mismo podríamos decir de las oleadas de inmigrantes subsaharianos provenientes
del norte de África que son enrolados
por las mafias y embarcados en frágiles y destartaladas embarcaciones para
enfrentarse a una muerte casi segura. Son pobres gentes excluidas de cualquier
derecho y sin futuro a la vista. Su bagaje es muy pobre, tan solo cuentan con
un pasado de hambre y terror y alientan sus sueños con un futuro imaginado de
bienestar y rodeados de desconocidas comodidades. Lo que no saben es que en el
caso de no morir en el intento, sus posibilidades de bienestar serán casi
nulas. Esta semana, en un solo naufragio han perecido 800 personas, la mayoría
encerradas en la bodega del barco sin ninguna posibilidad de salvarse.
Durante la Navidad de 2004 un Tsunami azotó y arrasó las costas de
Indonesia y Tailandia principalmente. Según un reciente informe de Naciones
Unidas el balance fue de 229.866 fallecidos. No viene de 10.000 en un paquete
tan voluminoso. Acaso nos hemos vuelto asépticos o indiferentes ante las
desgracias ajenas? No, no lo creo, pero sí algo selectivos, tendemos a valorar
los dramas por la cercanía, la proximidad. Cuanto más cerca más sentido, lo
lejano es otra cosa, es cosa de telediarios, infortunios de gentes un poco
extrañas. Si no es hipocresía, qué es?
dimecres, 15 d’abril del 2015
APARIENCIAS
En este valle de lágrimas todos estamos sometidos a
comparaciones, complejos y afinidades más o menos compartidas y a regañadientes aceptadas. Podemos dar la apariencia de ser el que no somos o incluso presumir
de algo que jamás hemos tenido. Aquí juegan actitudes puramente estéticas o de
rasgos físicos, y las que se derivan del carácter personal y necesidades de
aparentar. Hay mucha tela que cortar y legiones de fantasmas a los que parar
los pies.
Por ejemplo, en principio el Sr. George Clooney o Richard Gere qué tienen en común conmigo? Bien, aparte de tener el
pelo blanco –cuando no se lo tiñen- y de contar cinco dedos en cada mano,
examinado con cierto rigor no aprecio similitud alguna. Estaremos de acuerdo en
que ambos somos de la misma estatura, más o menos, que somos varones y nuestro
voto vale lo mismo. Pero por mucho que yo quiera o quisiese aparentar una
semblanza con ellos podría llegar a ser apedreado por la buena gente, que hay
mucha. El Sr. Clooney y yo somos propietarios de nuestras vidas y haciendas,
solo que él se ha comprado un palacete a escasos metros del Puente Rialto de Venecia y yo tengo una casita en Cambrils. También dispone de un caserón a orillas del lago Como que parece extraída de un cuento
de hadas, con su propio embarcadero y la protección de las autoridades para que
nadie pueda perturbar la tranquilidad del astro y su pedazo de abogada. En
cambio un servidor está molesto porque el ayuntamiento me ha mandado una tasa
extra para que pueda aparcar en la calle y mi mujer que no es abogada me dice
paga y calla.
Sí que hay ciertas similitudes, siempre y cuando las
busques con una lupa. Richard Gere
interpretó Oficial y Caballero
luciendo unos uniformes que, para que negarlo, le quedaban muy monos y
llamativos. Yo ,como él también, cumplí forzado lo que llamaban el Servicio
Militar, alias la mili, y de vez en cuando aparece con gran disgusto por mi
parte, alguna fotografía de aquel servicio y, créanme, desde el espantoso
uniforme color olla podrida hasta el careto de garrulo empedernido es algo que
me ha marcado siempre de forma negativa. Qué espanto, qué horror! Sí que los
dos tuvimos nuestro momento militar, pero, joder, es que las diferencias son
abismales. A ver qué coño es lo que yo puedo aparentar!
Efectivamente, las apariencias pueden inducir al
engaño, pero el latón casi siempre sale a relucir. Hemos de conformarnos con lo
que somos y tenemos, otra cosa es columpiarse entre el egocentrismo y la más
pura imbecilidad. Abunda demasiado el narcisismo. Quien no conoce a un amigo o
amiga que en un arrebato de necesidad de aparentar, te cuenta que hizo una
excursión de Barcelona a St. Feliu de Guixols a bordo de un
pequeño yate de su sobrino Jonathan. Cuando la puñetera realidad es que
Jonathan no tiene más que una pequeña Zodiac
de tres metros y qué los únicos mares que surcaron fueron los del puerto de
Barcelona el sábado por la tarde montados en una cutre Golondrina. Así es la vida, recalcitrante realidad.
En fin amigos y amigas, compañeros y compañeras,
lectores y lectoras, viajeros y viajeras, hombre y mujeres, ya saben, verborrea
político-sindicalista con el ánimo de aparentar un acercamiento a las masas,
cuando en realidad de lo que se trata es de meter mano al cajón con una sonrisa
en los labios. Y es que en este mundo
traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira.
Me cuesta, pero seguiré buscando mis analogías con Kevin Costner o las cincuenta
sombras de Grey, harto ya de sentirme Woody
Allen o Alberto Sordi. Debo
aparentar porque vivo en un mundo de mentiras fabricando fantasías, malgastando
horas y evitando estar a solas con mi triste realidad.
divendres, 10 d’abril del 2015
MOMENTOS PARA CAVILAR
Hay momentos o épocas en que las semanas pasan sin
grandes altibajos, nada excepcional, apenas nada que contar, exceptuando la
aburrida y decadente política, y el maldito horror del Estado Islámico y sus células
durmientes preparadas para asesinar. El tiempo ha mejorado ostensiblemente aunque
las mañanas son frías, la vida en el campo es relajante y tranquilizadora, a
los días les echamos alguna hora de más y el bullicio de la gran ciudad no es
añorado ni deseado, casi olvidado diría yo. Tenemos los almendros en flor
soltando la flor ya, se divisan grandes extensiones en donde domina el tono
rosa. Los sembrados asoman la nariz y levantan la cabeza en busca del sol y la
lluvia que los convertirá en mayores de edad, junto a las inacabables hileras
de cepas emparradas, esqueléticas i deshojadas.
Por lo que se refiere a la semana santa ha
transcurrido sin pena ni gloria, al menos para mí. Si, junto al mar pero con
una climatología totalmente adversa, odiosa en pocas palabras. Como en otras
ocasiones he tratado, en vano, de hablar con el mar, preguntar, escuchar, oír
el susurro de las olas acariciando y replegándose de la arena, igual que una
fuente de cristal a la que escuchas con los ojos cerrados y ver discurrir el agua
desde lo alto, descendiendo los obstáculos como largas lágrimas que se acomodan
a la rústica piedra con contorsiones líquidas. No, no he hablado con el mar, ni
tan solo me ha recibido, no me ha visto, me he quedado sin saber, sin entender
el porqué de tantas cosas. Es tan penosa la duda y la ignorancia, siendo tan
rica como es la sabiduría de las olas.
Son tiempos extraños, no desconocidos pero si
dubitativos, mucha gente deambula desconcertada, expectante, las risotadas
exageradas disimulan un cierto temor por un futuro que no acaban de ver nítido
ni explícito. Los mayores de cuarenta y cinco años cargan con las culpas de un
destrozo en el que no tuvieron parte ni arte. Saben que nunca más tendrán un
trabajo estable, que perderán, si no lo han perdido ya, el esfuerzo de muchos
años y que una carcomida jubilación les condenará de por vida a una indigencia
jamás reconocida. Estos son algunos de los sustratos que nos ha dejado una
crisis que no ha sido crisis, sino un tsunami que se ha llevado por delante las
vidas de mucha gente y ha perpetuado la misma buena vida para muchos otros.
La primavera se introduce en nuestras vidas con
calzador, poco a poco, día a día. Apenas se hace notar, y se confunde como
entre sobrevenidas jugarretas del tiempo, las nubes mandan, el sol porfía por
mostrar su cara y el dios Eolo dosifica sus soplos con testarudos arrebatos de
brisa, aire y fuertes ventadas. El campo revive mostrando su mejor cara, en la
que aquí predominan los verdes sembrados, los almendros en flor, los incipientes
brotes de las viñas y el candor de escalonados bancales repletos de flores que
pintan de color la falda de las montañas. Las modestas casas de labranza
salpican el horizonte de un valle en donde la vida abre las ventanas a los
colores, el verdor del bosque impone sus reglas sin ninguna oposición, las
altas rocas se desprenden de su chaleco de musgo y la joven fauna del lugar
inicia sus juegos infantiles entre hierbajos, flores y encañizados. Juegan al
escondite en un secular pasatiempo que la naturaleza nos obsequia cada año.
Es cierto que hay semanas en las que no hay novedad,
sin sobresaltos, nada excepcional. Pero también lo es que la llegada de la
primavera nos rescata de la abulia, del tedio invernal, de las meditaciones
otoñales al fuego de encina y almendro. Pero este acto ya ha concluido, ahora
toca el turno de las bandadas de pájaros recortando el espacio y tejiendo con
sus alas figuras geométricas llenas de color y nosotros…intentando emular su
vuelo.
dijous, 2 d’abril del 2015
MATAR EL TIEMPO
El tiempo no puede matarse a cañonazos ni a
traición por la espalda. Hay diversas maneras de matar el tiempo, como por
ejemplo morirse de asco o aburriéndote como una ostra. Es algo crudamente
insoportable, yo no he tenido nunca el temple necesario para estarme ocioso. Se
trata de emplear todas las horas del día, no importa la actividad que elijas si
con ella te sientes satisfecho. Excepto si se trata de iniciativas
contemplativas como hacer vida monacal o desparramarse por el sofá con el mando
a distancia en la mano. Esto es letal, horrible, frustrante, es como una
tentativa a quitarte la vida, morir con los ojos enrojecidos tras un lúgubre
itinerario por la senda de la televisión. Si una emisora es un bodrio integral,
las demás son una insensatez patológica y en muchos casos, escatológica.
Evidentemente hablo de canales de televisión
convencionales. Luego, claro, hay los otros, los etiquetados como formativos o
culturales, documentales habitualmente de animales y sus animaladas o los que
te taladran el cerebro a base de incursiones en el frente ruso por las tropas
nazis durante la segunda guerra mundial. Estos son un milagroso antídoto para
combatir el cruel insomnio y dejar en poco tiempo el sofá listo para su
renovación, sin otros muelles que el del bolígrafo de encima la mesita sin
tinta. Hay que ser muy masoca para hartarse de cacahuetes mientras te deleitas
mirando como un cocodrilo de catorce metros soporta las injurias de un
aventurero en calzón corto y el cerebro hecho virutas. Por no hablar de la
serpiente gigantesca y con cara de mala leche sesteando en la copa de un árbol
y el aventurero mostrándole su cuchillo de cocina a ver si pica. Sencillamente apocalíptico.
Porque si entramos en el capítulo de canales
deportivos entonces la cosa ya toma un cariz de insuficiencia intelectual
permanente con agravamiento de ambos parietales. Se obturan los circuitos del
riego sanguíneo, todo son pelotas, y el lunes por la mañana se padece de
desconexión neuronal y clavo incrustado en el frontal. Cacahuetes salados,
cubatas y bocatas de atún hacen el resto. Es muy lamentable y sobre todo
excesivamente perjudicial para seguir siendo uno mismo. Ahora bien, se lo pasan
de coña? en ese caso nada a decir. Pero Dios me libre de pasar 48 horas
ensimismado con un batallón de tíos tras un cuero hinchado o intentando meter
una pelota en una papelera atada a más de dos metros. Que hago extensivo a otra
troupe que montados en coche o moto no paran de dar vueltas por el mismo sitio
jugándose el físico en cada curva.
En fin, si, el tiempo se puede matar, pero
también asesinar que es cosa distinta. No sería justo olvidar otro pasatiempo
de moda que congrega a millones de aficionados. Se trata de los” “megusta”. Consiste en rellenar con tu
culo y espalda el hueco que tienes hundido en el sofá y pensar de qué manera
puedes sorprender a amigos, conocidos,
saludados y babosos, que siempre los hay. Ya está, colgaré la foto de ayer
zampándome los calçots, o esa otra donde tengo una mirada subyugante observando
el horizonte. Al poco tiempo de publicar tales iniciativas empiezan a llover
los megusta en forma de admiración, respeto o deseo que lujuriosos siempre los
hay. Fácil verdad? Incluso es susceptible de practicar mientras engulles la
tortilla de patatas o, ya en plan más íntimo, cortándote las uñas de los pies.
Dicen que llena mucho el espíritu y combate la soledad.
Hace ya muchos años estos días eran de
recogimiento, silencio y reflexión. Si reías o cantabas te arreaban media
hostia y penitencia cumplida. Afortunadamente todo aquel barrido mental ha
pasado a mejor vida. Todavía quedan muchos reductos en España en donde la fe y
la devoción mueven verdaderos festivales turísticos en los que tras los pasos
santeros se esconde el vil metal vestido con mantillas. Resumiendo, no quiero
perder el tiempo, no hay tiempo que matar.
dijous, 26 de març del 2015
IMPULSOS PRIMAVERALES
Durante el largo y cálido verano envío a La
Vanguardia mis artículos blogueros bajo el título de “Crónicas en tinta azul”.
Una especie de diario íntimo donde anoto todas mis vivencias en el día a día a
pie de arena. Ahora, aunque el periodo es más corto, bien podrían llamarse
“Anotaciones de primavera o Impulsos primaverales”, para el caso da lo mismo. No
ocurre nada significativo porque no salgo de casa, oigo el rumor encrespado de
las olas pero desde que llegué el pasado viernes no ha cesado de llover, cielos
encapotados y una humedad de mil demonios. Ayer vino un operario a reparar el
grifo de la bañera, goteaba, tardó cinco minutos en cambiar la dichosa gomita i
voila! listo. En este momento estoy esperando su llegada porque el grifo sigue
goteando, para mí que no tiene reparación y habrá que instalar uno nuevo, y tan
solo tiene cuatro años. Te cabrea, pero son infortunios que le pasan a todo el
mundo. Este es un recinto privado, vallado y silencioso, a salvo de miradas
indiscretas y ubicado a pocos metros del mar en una área agrícola en donde se
conrean productos de huerta y regadío. Excesivamente solitario y bien
comunicado. Abundan las palmeras como en todo este tramo de litoral.
El jueves entraré el coche en el taller para
que me repongan el puñetero cristal trasero. Necesitaré un coche para volver a
casa, de esos que llaman de cortesía, pero cortesía de momento poca, ya me han
anunciado que los tienen todos en uso, pero que por una módica cantidad diaria
me pueden ceder otro, de alquiler, claro. Estoy conmocionado por la catástrofe
aérea de los Alpes. En esta ocasión se han unido sin rencores ni desconfianzas
todas las administraciones públicas para volcarse en la ayuda a familiares y
amigos de las personas fallecidas. Un desastre sin paliativos de un accidente,
de momento, sin causas del todo claras. He cruzado los Alpes en muchas
ocasiones y siempre miro las cumbres nevadas de reojo, para alguien como yo que
volar le produce desarreglo intestinal y flojera de bajos es un golpe letal.
Descansen en paz. No quiero concluir esta tragedia sin hacer referencia a la
inmediata respuesta de la España canalla y recalcitrante en forma de piuladas: “Lo del accidente de avión me parece muy
bien si había catalanes dentro de él. A ver, a ver, no hagamos un drama, que en
el avión iban catalanes, no personas. Espero que el avión este se haya llevado
por delante unos cuantos franceses”. No comment.
Persiste el mal tiempo. Ya tengo la bicicleta
a punto: batería cargada, ruedas hinchadas y lubricación de puntos clave. Soy yo
el que todavía no está a punto, el tiempo es muy inseguro y no invita a la
salida, además temo pegarme una morrada y acabarme de triturar el maldito
menisco. Mucha gente me pregunta si me he roto la rodilla practicando deporte
y, ante mi nula actividad competitiva, a todos les digo lo mismo: creo que se
me fulminaron los cartílagos rotulares mientras dormía. Anoche en una
entrevista televisada oí esta pregunta, eres feliz? A palo seco, sin más.
Hombre, la felicidad no es un estado emocional permanente, es oscilatorio,
cambiante, mutante. Hay momentos o días en los que puedes sentirte feliz, pero
desaparece, como la tristeza, la indiferencia o el sueño. Por no hablar del
dolor de almorranas. Tampoco conozco a nadie que después de un orgasmo se
sienta triste, estará contento, radiante y feliz, pero pasa.
Como y bebo, bebo i como. Hago el crucigrama
diario, leo el periódico, oigo las noticias, hasta la hora de comer que me
vuelvo a interesar por las noticias y ya no será hasta la cena en que me
volcaré para ver las noticias. Hoy no, pero la mayoría de días marcho a
desayunar fuera de casa, más que nada para salir. Después busco con gran
interés y meticulosidad el mejor pan. Aunque no como mucho soy tremendamente
exigente con la calidad del pan. No soporto las insensateces que se cometen con
el cuento chino de que tienen un hornito. Se cometen verdaderos homicidios
panificados. No se debe tolerar. Ya se sabe el motivo del accidente aéreo, pero
ya callo.
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