diumenge, 20 d’octubre del 2013
dijous, 10 d’octubre del 2013
NIEBLAS EN LA FRIA MADRUGADA
No tenía intención alguna ni mucho menos había
premeditado nada. Ayer fue un día duro, un verdadero quebradero de cabeza, de
aquellos días en que los problemas
vienen atados uno tras otro como una ristra de longanizas. Decidí escaparme,
era fin de semana, huir de las adversidades y las angustias de una semana
enloquecida. Llegué tarde a casa y caí extenuado en la cama, nada se ha opuesto
en mi largo sueño hasta esta mañana en que, al despertar, he sentido como el
frío se adueñaba de mí y las ventanas mostraban signos de haber llorado de
madrugada. Hasta hace muy pocos días el sol racionaba bendiciones por estos
valles en donde la tupida hierba lo cubre todo. También las cimas de las
montañas brillaban de puro esplendor hasta el atardecer, cuando ya el sol en
retirada infunde a las piedras el color de las manzanas al horno. El ganado ha pastoreado
por estas laderas desde finales de
primavera, pintando el paisaje de una estampa bucólica difícil de describir, un
retazo del ciclo de la naturaleza. Es curioso observar estos animales que
conviven en manadas pero se comportan como lobos solitarios, solo atienden a su
alimento y al descanso.
La televisión anuncia posibles nevadas para mañana.
Después de tantos años todavía me sorprendo de estos bruscos cambios del
tiempo. Aquí el otoño nace medio moribundo, apenas un nombre y tímidas
alfombras de hojarasca rojiza en los márgenes del rio, unas manchas en el
calendario. El frío, las heladas y la nieve someten al lugar bajo sus estrictas
condiciones, no hay espacio para el acuerdo ni mucho menos para la
discrepancia. Desde lejos la casa parece un refugio, a medio camino entre el
rio y el cielo. Pronto el camino quedará cegado por las persistentes nevadas y
el olvido, y las viejas estacas que lo
resiguen quedaran engullidas por el blanco polvo para fundirse con el hielo de
la larga noche. La dulce brisa del atardecer veraniego cambiará su
aterciopelada piel por afilados cuchillos que con sus toscos soplidos cortan el
rostro. El valle se abre como la puerta de un glaciar, y no me apena su crudeza
porque pertenece a otro mundo, a otra vida en donde todo es como parece, no hay
suspicacias ni mentiras. En el reino del frio y el silencio gobierna la
transparencia, no hay sombras ni
maleficios, quizá alguna silueta difusa entre las movedizas brumas de la
madrugada que solo esconden roca, madera y nieve.
Es una casa no muy grande, pensada para contemplar y
gozar de la montaña, bien aislada y con enormes ventanales. Piedra y madera la
circundan. En el interior no hay baldosas ni paredes alisadas, también domina
la piedra en el suelo y las paredes, el techo, artesonado de madera, cruza sus grandes vigas en oblicuo dando la
sensación de fortaleza. Una gran sala diáfana presidida por un fuego a tierra
de generosas proporciones y un sofá en
forma de herradura frente a él. La fachada que se vuelca al valle es casi toda
ella acristalada en la planta baja. En
el piso de arriba los dormitorios. En la parte trasera de la casa un cobertizo
que almacena la leña de encina perfectamente apilada. Y también un viejo grupo
electrógeno para suplir las frecuentes carencias de invierno. De noche, los
tremendos vendavales se manifiestan como si de un invitado se tratara que
deambula invisible por todas las estancias con su metálica melodía. Ya no
asusta, me he acostumbrado a ello, pero tensiona los nervios. Abajo, en el
fondo del valle aparecen casi imperceptibles las lucecitas de la aldea que más
se parecen a espíritus navideños que no a medios de vida.
(Tenia treinta años menos cuando escribí estas
líneas. Estaba anocheciendo y desde los ventanales veía el bosque azotado por
el viento y vestido de amarillo y rojo otoñal. Busqué en el baúl de los
recuerdos estos enmohecidos trazos en los que el otoño no era más que una
pincelada pasajera, un nombre. Me ha gustado recordarlo, pero queda tan lejos
ya.)
divendres, 20 de setembre del 2013
SINFONIA DE COLORES
A estas alturas todavía nos sentimos atados a los
recuerdos del verano, parece que fue ayer cuando soñábamos con las vacaciones,
poder materializar un montón de ilusiones grabadas en la piel de los
espejismos, muchas de ellas poco más que humo, pero humo del que aromatiza y no
escuece los ojos. Poco a poco, para algunos de hoy para mañana, nos vamos
reintegrando a lo de siempre, a lo que en definitiva nos permite seguir
soñando, a veces incluso con lo imposible. Una parte importante de nuestro subconsciente
se sustenta en lo imposible, en lo que sabemos que no será pero nos gustaría
que fuese, en borrar lo que fue y no tenía de haber sido. Son como los clamores
o los gritos del silencio, ocultos en la oscuridad de nuestra intimidad.
Pero la vida sigue, con sus crudezas y alegrías
sigue. Somos como trenes con distinto recorrido, unos oteando la estación
término, otros con un largo recorrido por delante, y la mayoría en una
encrucijada media donde no permite augurar el resto de estaciones que
cruzaremos ni los avatares que el destino nos reserva en cada parada obligada. Se
dice que nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas, yo no
lo creo, sería tanto como repetir el mismo postre cada día. En parte es bueno
vivir con proyectos y con algunas
incertidumbres, ilusiones o motivaciones, lugares por los que darías un
soplo del alma por conocerlos. Y en estos casos las oportunidades son como los
amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde. Pero a su tiempo, en su
momento y cuando por los años no puedas correr, trota; cuando no puedas trotar,
camina; cuando no puedas caminar, usa el bastón, pero nunca te detengas!!
Pero dejemos a un lado el tiempo de solaz y
descanso, pasemos página a las playas azuladas y las montañas de húmedos
senderos, a las tertulias al abrigo de una prodigiosa sombra, a las mesas de
exuberantes manjares. El otoño no está en camino, ya ha llegado y llama a
nuestras puertas, despierta! soy el otoño. El invierno debe ser muy frío para
aquellos que no tienen cálidos recuerdos que contar. Pero para recuerdos, los
míos, me invaden de tal manera que en ocasiones no sé si sueño o acaso me
miento. El otoño llega vestido de pintor enamorado, de bata gris y paleta
desbordada de colores. Todos los colores del alma y el corazón juntos en un
pequeño espacio, como la armonía de una sinfonía irisada o la más dulce de las
poesías. Más pronto que tarde las arboledas se pintaran de color fuego,
amarillos y rojos se mezclaran en un abanico de tonalidades cálidas y vistosas.
Álamos, acacias, abedules y chopos, mudaran sus plateadas hojas por diminutas
manchas de vino tinto. No por mucho tiempo, los vendavales otoñales
prescindirán de remilgos y mimos para dejar la tierra alfombrada de ateridas
hojas pintadas de amarillo desleído. Y vuelta a empezar, algunos árboles mostrarán
su retorcido y desnudo esqueleto, los
troncos como brazos y las ramas como manos extendidas al cielo, prestos para la
larga travesía del otoño y el cruel invierno, con la esperanza de que la nueva
primavera llegue a tiempo de lamer sus frías heridas. Las viñas, desoladas y
sin pampas donde esconderse, muestran sus retorcidas cepas ebrias del color del
hierro rovellat.
Se sucede el paisaje por la ventanilla, el tren
avanza despacio y el silencio señorea por valles y llanuras, los conreos
duermen y diminutas huertas languidecen. El cielo rasgado y con quebradas costuras
de plomo amenazante envuelve el lienzo de colores insospechados, es una
sinfonía de colores. Voy al encuentro del otoño, tran-tran, tran-tran,
tran-tran.
dijous, 12 de setembre del 2013
VIVIR DE OTRA MANERA ES POSIBLE
Somos muchos los convencidos pero todavía no son
suficientes para alcanzar una mayoría cómoda. Imágenes como las del miércoles
o, sin ir más lejos, las de 11/S del año pasado, transmiten una sensación,
alimentada por el deseo y la emoción, de que hemos llegado al final del
trayecto, de que el tren ya se ha detenido en la estación término. Y,
desgraciadamente, esto no es así. No solamente queda mucho por hacer, sino que
son muchas las personas a las que hay que persuadir de que hay otras maneras de
hacer las cosas, de administrar los propios recursos, de trabajar y vivir con
seriedad. Sin intermediarios, sin esbirros imperialistas, sin aprovechados. En
libertad.
Otra cosa son las relaciones con el estado español
o, dicho de otra forma, esa insufrible dependencia que arrastramos
secularmente, de ser considerados una colonia a la que se puede expoliar sin
miramiento alguno y menospreciar su cultura, su idioma y su idiosincrasia. Dejando
al margen la afilada y sutil verborrea de los gobernantes españoles, y de la
oposición también, es una triste evidencia que todos, salvo pocas excepciones,
sufren de una catalanofobia más o menos mal
disimulada. Tras un lenguaje frecuentemente adulador y elogioso yace siempre
larvado un sentimiento de desconfianza y desprecio, fruto, quizá, de una
envidia malsana y una aversión a lo distinto, a unas señas de identidad propias
que les revuelven los higadillos. Cierto que España no es Inglaterra, ni Rajoy
es Cameron, pero esa actitud envarada, displicente y autoritaria, hace del
politiqueo español un negociador intratable. Muchas son las amenazas que a
diario reciben los catalanes por parte del establishment centralista, no se
interesan por nuestras necesidades o reivindicaciones, no se sientan a hablar,
tan solo nos amenazan con el advenimiento del apocalipsis y de todas las plagas
juntas; Cataluña fenecerá en sus propósitos de segregación. Pero ya nada cuela,
nada es creíble, cualquier persona con dos dedos de frente y exento de malicia
sabe que el problema que se avecina es para España, no para nosotros. Cabe
preguntarse con relación a España ¿Hay vida sin ese 19% de aportación al PIB y sin
esos 16000 millones de euros
escamoteados año tras año a la colonia? Puede que vida si, pero qué vida!!
Ciertamente tienen un problema ellos.
A estas alturas del recorrido hablar de negociación
con España es una opción estéril y baldía. Se ha terminado el tiempo, han hecho
tarde y lo saben, aunque miren hacia otra parte. La “marca” España no cotiza en
bolsa ni lo ha hecho nunca, es la hora de apuntalar la marca Barcelona, capital
de un nuevo estado en Europa. Cataluña ha de mantener su eterna apuesta por la
serenidad, el diálogo, la constancia, el trabajo y la excelencia. Dejemos para
ellos los mamporros, insultos, zafiedad y amenazas. Es lo suyo. Miremos a
Europa como modelo viendo en ella nuestro futuro. Girar la vista no nos
proporcionará nada de bueno, ni nuevo. Antes al contrario, inmovilismo,
oscurantismo, ahogo como pueblo y expoliación.
Ahora la solidaridad es la que llama a nuestra
puerta, hay que ser solidarios con nosotros mismos, recuperar el tiempo perdido
y repartir el rédito de nuestros esfuerzos en crear un futuro próspero para
este viejo pueblo. La solidaridad la aplicaremos allá donde lo creamos
oportuno, en el caso de que nos la podamos permitir, y sin imposiciones ni
maniobras maquiavélicas. Cataluña quiere tomar su camino libre, pero libre de
verdad. Queda mucha pedagogía por impartir, mucho que explicar. No podemos dar
por supuesto que la euforia de unos será suficiente para arrastrar a los otros.
Unos por ignorancia, otros por temor, los que tienen vínculos familiares, los
enemigos de la independencia, los que sencillamente pasan. En estos próximos
meses habrá que prestar atención a esa pedagogía. No podemos fallar.
diumenge, 8 de setembre del 2013
diumenge, 1 de setembre del 2013
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