dijous, 25 de març del 2021

MOMENTS (CAFÉ SIN LECHE II)

Se empezaba a atisbar el otoño, había mudanza de colores y de vestuario. El frío repartiendo leña a gusto y las fogosidades de pareja en claro descenso. Hasta los cuatro perros callejeros bostezaban más de lo normal y con las orejas gachas. Quien sabe, año de nieves año de bienes. A la Sra. Remedios le importa una higa la climatología, la leña y las nieves. A ella los bienes. En otro tiempo metía el dinero en una caja de puros, pero al igual que antes se cogía una cogorza a base de cubatas, hoy se cogen más, pero de manera más fina y menos garrafa. Hoy guarda el money en una consistente y recia caja de cava.

Su negocio lleva por nombre Café, en la realidad no es otra cosa que una taberna, los precios son modestos y las consumiciones, más. Salen beneficiados los de siempre, los que se atan a la pata de una mesa cada día para cascarse cuatro horas dando la lata con el mus o el siete y medio, por un euro el café. Incluso alguno repite. El Sr. Alsina, de procedencia catalana, trabaja en la sucursal bancaria del pueblo, de la que es el director, administrativo, conserje, asesor fiscal y, en ocasiones, señora de la limpieza. De vez en cuando se acerca al café para darle la tabarra a la Reme, pero ni por esas. Ella siempre argumenta que antes de llevar los cuartos al banco, tendrían que pasar por encima de su cadáver. Cobra al contado y paga al contado, pasta en mano. El que quiera librar recibos por la intenné o banco, cruz y raya, fuera. Caja de cava arriba y abajo, la guarda en el armario de su habitación, se necesitaría un hacha para encontrarla. Tan frágil proceder me recuerda que en los pueblos hay poca costumbre de comprar periódicos, pero sí de leerlos. Se darían con un canto en los dientes antes de comprarlos. Para eso están los cafés. A lo que Reme aduce sibilinamente que, si ella apenas sabe leer, cómo va a comprar periódicos para otros. Al Sr. Alsina le cobra el café a uno con veinte y él, con resignación y noble elegancia, se despide con una cortés inclinación de cabeza. Reme les dice a los clientes que el Sr. Alsina es un caballero y él, de regreso a la oficina, piensa en aquellas uñas tan espeluznantemente enlutadas y aquella enorme blusa condecorada con múltiples premios de colores. 

Pero no todo es racanería, Reme es una mujer hecha a sí misma, origen humilde, luchadora, buen corazón y mala estampa, constante, atrevida y cumplidora, cuando lo cree necesario. Y una pizca fachilla, si, también. Hoy es su santo y tira el café por la ventana, sin leche. El café está a rebosar, impacientes, dirá unas palabras, subirá dos peldaños, dará media vuelta y declamará:

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

La Mancha le cautivó y allí se quedó, en uno de los pueblos que no salen en el mapa pero igual a cualquier pueblo. No olvida las raíces paternas, Granada le cosquillea en el corazón, y eso es de bien nacido, aunque no sepa donde cae la cuna del prestidigitador de las palabras, del príncipe de la poesía…”por el agua de Granada sólo reman los suspiros”. García Lorca.

 

               Continuará