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martes, 12 de septiembre de 2017

LA FONDA DE LA HERMÍNIA


HOY EMPEZAMOS LA PUBLICACIÓN DE "LA FONDA DE LA HERMINIA" CON EL PRIMER CAPITULO. RELATO DE TONO HUMORÍSTICO PARA DESCRIBIR LA VIDA DE PUEBLO A TRAVÉS DE UNA FAMÍLIA DE LO MÁS SURREALISTA. SEGUIRÁ EN LAS PRÓXIMAS SEMANAS.

Pedazo primero
MEAPINOS INTRÉPIDOS

Estamos en el pre Pirineo, en la cara sur, rodeados de altas colinas y de impresionantes cumbres que hacen de agentes fronterizos. Estos valles están llenos de pequeños pueblos y pedanías donde la gente, de la solidaridad hacen una manera de vivir, hoy te ayudo yo y mañana lo haces por mí. Vivir en la montaña no es cosa fácil, es muy duro. Pero disfrutar de los valles verdes es un regalo de Dios. Se ha puesto de moda que vengan por estos parajes gente de ciudad que, al sufrir las exclusiones del trabajo, la falta de trabajo o, lo que es peor, han hecho siete días de estancia el año pasado, han creído que huyendo hacia montaña las cosas serán más fáciles para sobrevivir: un huerto, media docena de gallinas, un gallo, dos patos, un cerdo y una bomba manual para sacar agua del pozo. De electricidad nada de nada, esto es para los meapinos, se trata de no dañar la naturaleza, un pequeño generador para cuatro bombillas y el portátil. Se decantan por una casita en el valle o una prehistórica borda en ruinas, ya nos lo haremos, paciencia y constancia. Nada de tele ni de comodidades urbanas, tan sólo un destartalado 4X4 que cae a trozos, como debe ser. Queremos ser gente rústica, enamorada de la montaña, queremos vivir de la naturaleza. ¡Muy bien, así me gusta, valientes! Les emociona despertarse en medio de un prado verde y florido donde el sol hace sus primeros bostezos, los animales saludan a su manera, el perro, muy importante el perro, los apabulla a saltos y besitos. Desgraciadamente deben ser muy diestros en la administración del sol, toda vez que hacia allá las diez y media ya desaparece tras un pedazo de montaña que tienen enfrente. Él descubrirá que hacer de albañil, carpintero o pintor no es exactamente como aquellos programas de la tele que seguía con tanto entusiasmo e ilusión -Haga su propia casa-. Pero donde encuentra más inconvenientes es en el huerto. Efectivamente, aunque en la feria de San Mateo haya comprado semillas de todo tipo, para plantar las lechugas, tomates, cebollas, ajos y patatas, se da cuenta de que el libro de instrucciones no sólo es una mierda como un tractor, sino que ve hastiado como sus manos de contable de segunda le están quedando como las suelas de los zapatos mordidas y, muy lamentablemente, los riñones le queman como una antorcha, privándole incluso de abrocharse las alpargatas. Alpargatas que ,con el coño de las ramitas y las ortigas, ya las mandó a rodar por el barranco del Ángel, muy próximo. Pero el desencanto no termina aquí; cuando harto de proferir maldiciones y blasfemias, cuando las callosidades de las manos le revientan, cuando el mango de la azada chorrea de sangre mientras cava los bonitos surcos del huerto, entonces, sólo entonces se da cuenta de que allí no hay agua para regar! Al instante se le enciende la luz, iré sacando cubos del pozo. Y unos cojones sacaré 500 cubos de agua cada dos días! Y todavía no le ha dicho nadie que en verano el pozo se seca.


Bueno, tampoco quisiera parecer que pretendo hacer un alegato en contra del mundo rural, todo lo contrario, nada más lejos de mis creencias, para mí todas las bendiciones son pocas para la gente que con sus esfuerzos y toneladas de dignidad hacen posible la vida en estos lugares. Otra cosa son las decisiones tomadas a golpe de sangre o querer ver bucólico lo que sólo son pedruscos y matorrales. Y mucho peor creerse que uno es capaz de hacerlo todo en esta vida. De todas maneras, parece ser, de acuerdo con las conversaciones de gente que lo saben a ciencia cierta, que en estos procesos ciertamente laboriosos y muy comprometidos por parte de pixapins que optan por reciclarse, que el factor "mujer" es mucho más explosivo, si se me permite la expresión. Así es, la mujer es más vulnerable como también suele ser mucho más realista que los ceñudos de los hombres. Dicen que una tarde de otoño avanzado, llegaban los chillidos y la algarabía de una parejita en proceso de adaptación al medio, a unos 3 km del pueblo. Eres un hijo de puta me has enredado. Hombre, enredado no, tú también estabas ilusionada. Me tengo que calentar el agua todo el día, no tenemos agua caliente. Voy a mear al corral a media noche, con las bestias y no hay luz, el cerdo me mira y el perro me huele. Me prometiste una casa como la de Raíces Profundas, allá en el Oeste. Tenía de todo, joder, y pasaba un río cerca. Alan Ladd sabía hacer de todo. Yo tengo una casa que es una mierda y quizás todo lo que nos aportará aquella película serán los indios. Las lechugas que cosechas no las quieren ni las gallinas, las patatas huelen mal y el cerdo dice que me las coma yo, y los patos se mueren de hambre, tienen más pico que cuerpo. No quiero vivir más en esta casa de mierda y moscas. No tengo lavadora, ni microondas, ni calentador, ni estufa. Me muero de frío y con las manos cosidas de sabañones. No nos da el sol y en la mierda de jeep que compraste no quiere subir ni el perro de los ruidos y chasquidos que suelta. Y tú con el martillo y cuatro clavos en la boca aún no has tapado ni un agujero de las ventanas. ¡La madre que me parió, pero que hemos hecho!
Bueno, se hace evidente que, en cualquier caso, nunca llueve a gusto de todos. Y ahora llueve sobre esta parejita de granjeros Playmobil.
Seguirá
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