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jueves, 12 de enero de 2017

POR FAVOR, VUELVAN A SER LOS DE SIEMPRE

La otra tarde, a resguardo de fríos y nieblas, me encontraba en mi bunker de trabajo dando un paseo de la mano de mi escéptica incredulidad, y en un recodo del camino me encontré con una de esas frases made in Facebook que hacen temblar los cimientos de la conciencia. Pero en este caso no era así, no te reñían por no haber sabido encontrar tu camino hacia la gloria, ni tomar sesudas medidas para conservar el amor de tu vida, o aplicarte el ungüento mágico para desterrar de una vez por todas aquel molesto grano en el culo. Nada de eso, el artífice del karma se ajustaba a la siempre puñetera realidad, sin doble sentido, sin bonitas palabras, exento de copos de nieve y de criaturas con semblante de querubín. Venía a decir con referencia a la Navidad: “El simulacro de paz, amor y felicidad tan exagerado, ha concluido. Vuelvan a ser los de siempre.” Naturalmente que sí, vuelva a ser usted el cutre que suelta palabrotas, no brinde ya con la elegancia del cava y amórrese al cervezote de costumbre, llame a la Manuela y no le diga aquello de: Deseo que la paz secuestre tu vida, el amor inunde tu alma y la felicidad se refleje en tu mirar”, dígale que añora su culo y si le gustan las bragas con lucecitas que le mandó, como siempre y que no se enfade.  Y el próximo sábado con su parienta no rehúya visitar aquella mierda de chiringuito y cómase los langostinos más adulterados del barrio con la maestría de sus dedos amorcillados y las uñas atiborradas de intenso luto. Nada de cubiertos con los que hacer volar los crustáceos.



Es verdad, es que todo es una puta hipocresía, cambiamos los hábitos y las maneras para adentrarnos en un planeta fugaz y efímero en dónde el más tonto se viste de frac, ¿por qué? Seguramente por aquello de que nada es verdad ni es mentira, todo es según los tomates que lleves en el calcetín. Ya no es necesario que exageres: “Señores! Mis queridos suegros”, cuando te has llenado la boca de decir “estoy hasta los cojones de los suegros, se meten en todo”. Y ¡por favor! Esa mierda de pantalones de raya que te compraste de soltero, quémalos ya junto a ese corsé que llamas americana. Cualquier Navidad te explotan los botones y le sacas un ojo a tu suegra. Vístete con normalidad, hombre, sé tú, ¿No tienes esa chunga camiseta negra que compraste en el Decathlón a dos euros? Pues póntela coño, póntela, si es lo tuyo, siempre bajas a la pocilga del bar de abajo enseñando tus brazos y pescuezo más tatuados que el cerebro de Sergio Ramos. Sé tú, por Dios!

Ah, y otra cosa muy seria, no es un consejo, es una orden. Prohíbe ya solemnemente y para toda la eternidad, que tu querido Paquito no se subirá nunca jamás a la silla para…” Con la esperanza de que el nacimiento del Niño Jesús traiga alegría y la conciliación para todos, dando paz a toda la humanidad. Que nos dé la voluntad de perdonar, llenando nuestros corazones de amor. Os deseo una bellísima Navidad. ¡Santísimo cielo, por Jesucristo! ¿Pero acaso no te has percatado de que Paquito ya tiene pelos en las piernas y que con ese pantaloncito corto marca una cacahuetera que sus primas enrojecen? En fin, tú verás, sigue con la escenita, derrama alguna lagrimita, mira a tu mujer como si vieras la Manuela, y consiente que la suegra le dé un eurito al niño “para que te lo gastes en lo que tú quieras”.

“Oye Pilarín a tu padre se le ve muy comedido, muy respetuoso, no ha dicho nada en toda la comida”.

“Mi padre es muy educado, nos cede el protagonismo a los demás y no le gusta entrometerse”. Ay Pilarin, Pilarin, como somos, pero si no pasa nada, mujer, dile como es tu padre, no pretendas aguar el vino, las cosas son y ya está. Háblale de que el viejo no para de tocar los cojones, de que el postizo dental lo lleva ya incrustado sin posibilidad de desinfectarlo, de que no habla nunca cuando come, que pierde el culo por comer y se mete en todo, de que es un condenado marujo, eructa, se tira pedos y fuma en el wáter.


“El simulacro de paz, amor y felicidad tan exagerado, ha concluido. Vuelvan a ser los de siempre.” Coño ya! 
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