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jueves, 5 de enero de 2017

LA MADRE PATRIA (el amante, su yerno y el de las gallinas)

Lo dicho, este país no tiene solución, es un verdadero galimatías con ínfulas de gran estado, de nación ejemplar. Tanto es así que se permiten dar el capotazo a la voraz y omnipresente podredumbre de la corrupción. El amiguismo, las puertas giratorias, el desgobierno, la amigable entente con la justicia, la mentira y tantas cosas, campan por su respeto a lo largo y ancho del sistema, sin que se le ocurra a nadie palidecer lo más mínimo, ni disculparse por las ingentes meteduras de pata tan arraigadas en su comedero de cuitas diarias.

Se ha cruzado un desierto de casi un año sin gobierno y de pronto sus discursos se han vuelto triunfalistas, España va bien, sacan pecho y alardean con cifras recién impresas del gran libro de las mentiras, el volumen de tapas duras y ribetes de oro que contiene las sagradas escrituras del envoltorio nacional, el santo grial del nacionalismo español más rancio y excluyente. Novelas caballerescas de nobles hidalgos castellanos que hicieron ancha Castilla aplastando a sus moradores, en busca del poder, el dominio y el rebosar de sus alforjas. Hallaron un filón en las Américas, fletando carabelas atestadas de rufianes y malhechores con los que masacrar todo nativo viviente con la espada y la cruz, expoliando pueblos y haciendas, y desvalijando hasta las entrañas a sus moradores. Hasta que los echaron, de allí y de todas las partes del mundo en donde osaron entrometerse. Me rio yo de la llamada Madre Patria, vayan ustedes a cualquier país sudamericano y mencionen lo de la Madre Patria, los mirarán con desdén y, con suerte, saldrán corriendo palpándose la cartera. Sus descendientes los conocerán enseguida, son toda esa buena gente que nos están dando la matraca hace años “Portaros bien catalanes, no hagáis locuras ni cosas feas. Más vale juntos que desparramados, a pagar y callar”.  

Federico Trillo, miembro destacado del montaje PP, murciano, amante de Shakespeare, Opus, coleccionista de lustrosos cargos públicos, conocido por sus chascosas cagadas: Manda huevos! ¡Dirigirse a las tropas de El Salvador con un Viva Honduras!! Cágate lorito. Bien, tan insigne personaje, recién apeado de su poltrona en la embajada del Reino Unido, ha solicitado su reincorporación al Consejo de Estado del que es letrado. Pero resulta que el Consejo de Estado acaba de emitir un dictamen por el que culpa al Ministerio de Defensa del desastre del Yakovlev-42 en el que perecieron 62 miembros del ejército español, siendo él ministro de la cosa en aquel momento. Las familias de los perecidos se han puesto las manos en la cabeza por el despropósito del ex embajador, ignorando que como mucho seguirán con las manos en la cabeza. Es ofensivo.




Los auténticos españoles, bodega pata negra, están que se suben por las paredes por los farolitos recortados que recuerdan la estelada en la cabalgata de reyes de Vic. Más de lo mismo, si los catalanes nos sentimos orgullosos de nuestra identidad y procedencia, resulta que somos poco menos que unos terroristas y gentuza. Por el contrario, si se trata de enaltecer los sentimientos casposos y rancios del españolismo cañí y cañero, entonces es patriotismo. Manda huevos, sí señor, como diría el embajador defenestrado. Rajoy, con su proverbial templanza y discreción ha intervenido de inmediato: “Manipulación de los niños”. Toma ya. Lo dice un hombre que se manifiesta por Madrid, acompañado de obispos reaccionarios, niños, abuelos y fachas de trasnochada estampa. O se va de turné por plazas y cosos españoles para animar a la gente que voten contra Catalunya. Ole ahí! ¿Sacar la legión en desfiles y procesiones, cabra incluida, no es un atropello a cualquier principio democrático? Esto no tiene remedio. El españolismo rancio chirría, pero durará todavía porque a España le cuesta esto de la democracia, la democracia de verdad. Es por eso que he comprado cinco inocentes farolitos para mis cinco nietos. Y el que lo vea como un acto terrorista, que se joda.
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