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jueves, 17 de septiembre de 2015

CICUTA, BUEN PROVECHO.

Decididamente el mundo está medio tocado del ala, consultas el diario en Internet y después de haberte narcotizado el cerebro con las informaciones políticas, les sigue una serie de notas de agencia que te remueven las tripas. O te haces un hartón de reír, depende. Ahora lo que priva es el "proceso", proceso hacia la independencia. Desde la Diada los diarios de Madrid, destacando uno qué suele presumir de tener la <razón>, se han llegado a decir tantas sandeces, mentiras, ofensas y amenazas que, francamente, quizás sí que tenemos que salir corriendo  de esta olla de grillos lo antes posible. Al presidente Mas ya sólo les falta bautizarlo como yonki, por lo demás ya le han dicho de todo. Al día siguiente de la manifestación un diario castizo y chulapon publicó una inmensa foto de la Meridiana vacía como una exagerada alopecia y un gran titular que decía "Fracaso de la manifestación, la fiesta pierde fuelle, pinchazo clamoroso", etc. A ver, una cosa es discrepar o no estar de acuerdo en algo, y el otro es querer discutir con un hacha en la mano después de darle una coz a la mesa de conversaciones. No hay diálogo con esta gente. Lo que se comenta de juego sucio y funcionamiento de las alcantarillas es más cierto que una diarrea no deseada. Por cierto, ya que viene al caso, a los de Unió, PSC, Sí que es Pot / Podemos y la CUP ya les pueden ir dando sopas con honda, porqué si ni en estos momentos trascendentales para nuestro país son capaces de ir todos a una, que Dios nos coja confesados. Como si después no tuvieran tiempo de tirarse los trastos a la cabeza. Otra cosa sería si lo que pretenden es traicionar a su pueblo.

Cómo es que en la democracia española, Marca España, se puede hablar de casi todo, insultar, mentir, ofender, calumniar, boicotear, denunciar en falso, difamar, contagiar opinión, pasearse en bragas, fornicar en La Rambla, ahogar fiscal y financieramente, exigir los que menos contribuyen, amenazar, y no pasa nada de nada? Y en cambio una opción política como es la independencia no se puede ni mencionar, bajo pena de prisión, confinamiento, aislamiento, reprobación, castigo, herejía, abandono, enfermedad mental o psicopatía congénita. Es curioso que unos cientos de miles de ciudadanos se vean sometidos a la negación de la opción y el voto, y por contra invitarles a zamparse una cucharada de cicuta, según las redes sociales y recomendaciones de acreditados tertulianos a sueldo.

La cuestión no es independencia sí o no, que yo creo que sí, el dilema es más sencillo y humilde…Nos dais permiso para hacer un referéndum con todas las garantías para saber de una vez por todas cuántos somos los independentistas y cuántos suman los unionistas? No hay más. Porque claro está, también hay mucha gente que está encantadísima con los sucesivos gobiernos españoles y sus truculencias y ocurrencias para hundir las raíces catalanas. Y queremos saber cuántos son también. Ahora se ha cumplido un año de las votaciones en Escocia y la verdad les tengo que decir, el comportamiento del gobierno de su majestad y del premier escocés fue tan escrupuloso y modélico que viene a confirmar mi suposición de que nos encontramos a los pies de una democracia platanera, por no decir bananera, de hechos y tics absolutistas, imperativos, excluyentes, diferente, porque efectivamente…Spain is different.

Ahora mismo todos los departamentos gubernamentales españoles están obsesionados en conseguir opiniones favorables a sus intereses de todas las cancillerías posibles, empezando por los de asuntos exteriores comandado por el inefable Sr. Margallo. Vanas pretensiones hasta ahora porque lo único que han logrado son declaraciones de tono híper diplomático y sin entrar en el fondo de la cuestión. Incluido el Sr. Obama que se ha limitado a declarar una obviedad como un templo. Esperen a que se produzca una confirmación de una mayoría independentista el día 27, mi cumpleaños, que verán a las mismas cancillerías llamar asustados al Sr. Margallo interesándose por saber cómo van a pagar la deuda contraída. No hay que olvidar que el pelotazo español triplica al griego.


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