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domingo, 15 de octubre de 2017

LA FONDA DE LA HERMINIA (CAGUENDIÓS)

Pedazo VII

CAGUENDIÓS (EL NIÑO)

En este caso Caguendiós no es un exabrupto, es el Niño. Algo siniestro el personaje sí que lo es, tiene 46 años y hace veinte y cuatro que fue bautizado como el Niño y entró a formar parte de la saga de Ca l’Herminia. Se destaca por no abrir casi nunca la boca, habla muy poco. Entiende perfectamente el catalán, pero lo poco que habla siempre lo hace en castellano. Tan sólo utiliza una palabra, un mote, con el semblante ausente: Caguendiós! No da para más. Seguramente en otra casa podría pasar perfectamente como el niño de los recados o niño para todo, pero no es el caso, esta descripción escondería unas connotaciones burlescas y el Niño es algo más serio. Él se ocupa en exclusiva de todas aquellas tareas de conservación y mantenimiento que afecten a la fonda. Lleva un lápiz siempre en la oreja sólo para marcar puntos o hacer señales. Es hombre de soluciones drásticas y normalmente sale airoso. Es cierto que, si no le mandan, él no mueve un dedo. Y como quien debe mandar, no manda por incompetencia manifiesta, vive con holgada comodidad y una inactividad igualmente manifiesta y placentera. Por norma no se levanta nunca antes de las nueve, ni después. Un día a la semana toda su atención la invierte en los grifos de los lavabos y boyas de las cisternas, en verano. A pesar de las reformas, siguen siendo las de origen y se estropean un día sí y otro, también. Igualmente son frecuentes los atascos de aguas fecales, tuberías y los canalones de bajada que están en muy mal estado, por suerte esto no lo revisan los de Hasienda. Es trabajo del Niño. En ocasiones se cruza con algún cliente de los de toda la vida, y el conocimiento y confianza les permite alguna sugerencia, Niño, cuando puedas mírate el inodoro de la 12 por favor. Y mientras siguen su camino ... es muy buen chico el Niño, alabanza que se cruza con un rumor que se va alejando, Caguendiós! El día que está por arriba con la caja de herramientas en una mano y en la otra una mala leche de aquí te espero, se oye como un hilo musical continuo donde insistente y repetidamente sólo se oye la canción del Caguendiós por todas partes. Nadie sabe de dónde ha salido, ni quiénes son sus padres, ni tiene carné de identidad, ni seguros, ni ha salido del pueblo. Si alguna vez se ha sentido indispuesto, Herminia lo ha enviado al Dr. Ulldemolins para que le echara un vistazo. No es nada Niño, tan solo cansancio, o, bájate los pantalones que comprobaremos los reflejos. ¡Tú lo que necesitas es penicilina y cama, dale este sobre a la Sra. Herminia y que te lo compre todo! Caguendiós! La gripe!
Coincidiendo con lo de los veintiocho años, este es el tiempo que hace que Rosendu hizo un viaje de una semana entera a Madrid. Nadie ha sabido nunca la razón de este viaje, que compartía con otros colegas fondistas de la demarcación. Porque no es que sea burro, es que nació asno y con una pereza imbatible. ¿Qué podía hacer él en un congreso, si apenas sabe escribir su nombre con mayúsculas? Pues fue. Mientras tanto, la Herminia se fue a Barcelona a pasar un par de días en casa de una amiga. Por aquel entonces Herminia se sentía valiente y nada le daba miedo. Desmontando la cosa, ni amiga ni casa, ni hostias. Andaba quemada y caliente como un hierro en el yunque, ¡maldito Rosendu!, y se pasó dos días enteros, con sus noches, dándole a la manivela de una manera diabólica, que no detuvo hasta que el pito de las actuales ollas a presión no la alertaron de que el pato ya estaba cocido. Flamenca y dominante exprimió aquel niño, abatido, inerte, afligido y debilitado. Con el manubrio retorcido, vamos. Estoy solo señora, no tengo donde ir. Caguendiós, pensó ella. Dicho y hecho, hacia Rocanúa. A ver si te aprendes esto, niño. Tú has venido aquí pidiendo trabajo. Es todo lo que tienes que decir. Aquí en casa no te faltará de nada. Rosendu toleró porque no quería gritos ni escándalos, pero mosca en la oreja, la tenía, sí. Pero hombre, no ves que es un buen muchacho, llegó famélico y atemorizado, tan sólo quería trabajo y tiene muy buenas manos (Y lo otro, no veas) Dormirá en la caseta de atrás, en el jardín, y ya verás como no molestará para nada, es muy prudente. Santo cielo! La caseta era una mierda integral, llena de grietas y ratones, se guardaba la leña y los útiles de jardinería, que nadie usaba, claro. ¿Y cuando lleguen las heladas de invierno? Que la limpie Rosendu. No le dijo que el niño era un cagüendiosero de alquiler, claro. Desde que tuvo este cambio de impresiones con su marido durante la presentación del Niño, Herminia empezó a sentirse desazonada, a tener escalofríos, asustada incluso podía describir su estado. Hola Ulldemolins, estarás en casa esta tarde o subirás arriba? A las seis, gracias. El doctor le hizo lo que se hace en estos casos y desapareció un rato en su laboratorio. Enhorabuena Herminia, estás preñada. Con la mirada clavada en las asquerosas baldosas y los ojos humedecidos, pensó, Caguendiós! Sin perder el aliento ni un minuto, durante la cena, le dijo a Rosendu: Rosendu, esta noche me has de hacer el amor. ¿Qué te has vuelto loca? Pero ella estaba ausente, encantada, ya se lo había dicho, y ahora pensaba como haría el amor con aquel pedazo de asno que sólo de verlo le venían arcadas. Pero no había alternativa, todo o nada. La verdad es que necesitó dos horas y media para poner aquel hombre en condiciones de aprovecharlo, pero cuando vino el momento clave el Rosendu hizo un intento de levantarse, pero ¡coño! Herminia se lo apretujó tan fuerte contra sus tetas que el tipo no tuvo opción, voy pallá! ¿Pero qué has hecho, Hermínia? Enhorabuena Herminia, ahora sí, te acabas de comprar un papá.
El Niño comía aparte, nunca mejor dicho. No participaba en casi nada y comía en un rincón de la cocina, bajo la escalera. Las mujeres de la cocina, como que nunca les decía nada, le colgaron el muerto de que quizás era un rasca sotanas. Y obviamente que no lo era. Un atontado dijeron una vez, habladurías sin ton ni son. Si hubieran conocido que la mejor defensa que tenía el Niño era un arma de un solo cañón entre las piernas, fuertemente agresiva, puede que no le hubieran dicho tantas tonterías. Comía, callaba y se iba, sin mirarlas, y eso las sacaba de quicio, picha corta, coño! Pobres ilusas. Pero él las ignoraba, tenía su abrevadero arriba, en el primer piso, detrás de las cortinas que tapaban la puerta que ni los bomberos la podrían abrir, sólo él, Caguendiós! Herminia se hizo un juramento recién nacida la niña, un día de otoño, con las calles vacías y las cuatro tiendas aún más vacías, se puso un pañuelo en la cabeza y casi de noche se fue a ver Nuestra Señora de las Nieves. Hola Nieves. No es necesario que me regañes, bien lo sé que no vengo nunca a verte, quiero que me ayudes. Dame fuerzas para que nunca se me escape, que no tenga ningún momento de debilidad, guárdame de las tentaciones del demonio porque nunca nadie llegue a enterarse de que el Niño es el padre de Dolores. No lo debe saber nunca nadie, ni el tarugo de Rosendu. El Niño, tampoco.


Continuará.


miércoles, 11 de octubre de 2017

LA FONDA DE HERMÍNIA. PEDAZO VI

“ROSENDU Y DOLORES”

El Rosendu es un hombre que no sirve para el negocio, o mejor dicho, no sirve para nada. Tiene tres años más que ella y le preocupa irse quedando sin pelo, que la bebida ya no le caiga muy bien y, principalmente dos cosas, a saber: que no quiere servir mesas el domingo y averiguar de una vez por todas quien cojones es el Niño. Aunque todo hay que decirlo, él le habla al Niño como si fuera su hijo. Más allá de este perfil es difícil de encontrar algún aspecto que resulte interesante o atractivo en la vida de este señor. Casi siempre está sentado en el taburete de recepción mirando las ilustraciones de los Lecturas viejos, y haciendo los ocho errores del diario. El libro de reservas lo tiene totalmente prohibido tocar, lo mismo que la caja, ni cinco. Hace tres años anotó cuatro reservas, con 13 personas, para comer el 17 de julio. Así lo hizo, pero del año anterior. El cristo que le montó la Sra. Herminia ha quedado como uno de los días más violentos en la historia de la fonda. Hace 25 años que duerme en otra habitación en el extremo opuesto del pasillo. No le gusta el fútbol, ​​los toros, el cine, ni leer, ni la televisión ni la música. Y dicen que las mujeres tampoco, pero si ve una de esas regateras que dicen "tócame", no le hace ascos, ep, pero no toca. Ni por supuesto doblar el lomo. Fuma. Si es que Herminia le da dinero. El par de docenas de cabellos que le quedan se los peina de lado y eso, aparte de que parece un buñuelo, lo hace más mayor. Incluso, todo él hace como un poco de contrapelo, de tufillo, ya me entienden. Con su mujer hacen una pareja, un matrimonio ciertamente extraño, difícil de comprender. De hecho, Rosendu no es que sea un infeliz, un cabestro. Es más que eso, anda por la vida como un autómata, como si estuviera solo, para él no existen las motivaciones, las alegrías o las emociones y se muestra totalmente indiferente ante los sucesos diarios, como el fútbol, ​​la política, los viajes o el aburrimiento. Bien, el aburrimiento puede que no venga al caso porque en definitiva vive como dentro de una burbuja llena de silencio y aburrimiento. Es su mundo. Cualquier chica de hoy en día diría que este tío está clasificado en la categoría de los intirables.




La hija, Dolores, la niña, actualmente tiene 24 años, a diferencia de su progenitor, tiene una muy bonita presencia. Oportunidades para estudiar no le han faltado, y ha sabido aprovecharlas. Su preparación académica dista de sus padres la lejanía que puede haber entre Rocanúa y Sidney. Los padres, ambos, son burros de solemnidad. Cursó la primaria en el mismo pueblo y el bachillerato en Barcelona. Los estudios universitarios también los inició en Can pixapins hasta el tercer año de carrera. El resto y un máster los cursó en Londres. Hoy es toda una ingeniera de telecomunicaciones, lo que su madre califica de ... no sé, todo esto de teléfonos y teles. Es alegre como todos los jóvenes pero tiene muy claro dónde están los límites personales. Algo retraída de carácter, una pizca de timidez, pero muy agradable en el trato, y la conversación la cultiva de la manera más agradable. Menos de política se le puede hablar de todo y, muy posiblemente, le dará sopas con honda a su contertulio. Seguramente es la única persona, no de la fonda, de todo el pueblo, que el erotismo, el sexo y todas las inmundicias que casi arrastran a todo el mundo, para ella son temas ausentes, de momento. Ella en la fonda no tiene ninguna responsabilidad, pero ha convivido desde que nació y, por tanto, no sólo es su casa, sino que le guarda un gran aprecio. Como toda persona bien nacida. En la temporada de verano, sin que nadie le mande, muchos días se pone el delantal y ayuda a servir las mesas. A su madre no le gusta, a su padre tanto le da con tal de que a él no le toquen los cojones, dice. Herminia cada verano le dice lo mismo, ya lo hacen las chicas, niña. Es igual así van más tranquilas, la niña. La madre quiere que pase por las mesas de los veraneantes preferentes y los enjabone con lo de los teléfonos y las teles y así verán que aquí hay nivel, que no todos son como su padre. Ahora hay un poco de mal ambiente puesto que la niña dice que posiblemente a finales del verano se irá a Helsinki, le han hecho una oferta de trabajo en una multinacional de casas prefabricadas de madera. El Niño le decía el otro día a un vecino que no había oído nunca un trabajo que se llame el Sinki. Cosas de hoy en día. Dolores duerme en la habitación contigua a la de su madre, la opuesta a la del Niño. Se entiende perfectamente que en el estante que tiene sólo guarde un cine NIC de lata, con todo este grupo de fariseos, nunca se sabe. Si pusiera libros de materia de telecomunicaciones todo lo que podrían imaginar es que quizá planeaba abrir una tienda de teléfonos y arradios en Rocanúa. Paletos lanudos.

Continuará.

jueves, 5 de octubre de 2017

LA FONDA DE LA HERMINIA (PEDAZO V)

Pedazo V

La saga familiar

Como no puede ser de otro modo, cortaremos el melón por la banda de la Sra. Herminia. Vio la luz en su pueblo, Rocanúa, 1961, de manera que soporta 56 años en sus enlomadas espaldas. De bien joven ya destacó por una incipiente mala leche, no olvidada por sus compañeros de clase. Su madre, Herminia, era la cocinera, y muy celebrada en la comarca. El padre, Josep Petranques, Josepet, además de su pasión por la poesía, tenía una especie de diligencia con motor y ruedas que usaba para ir a recibir y transportar los clientes que llegaban por ferrocarril hasta la fonda. Al concluir la estancia hacía el recorrido inverso. Era un automóvil abierto sin puertas ni ventanas, y bajo el trasero del conductor se apilaban las mantas malolientes y deshilachadas que se proporcionaban a los señores viajeros. Los forasteros, diríamos. Como anécdota cabe decir que además de estas ocupaciones dormía todo el día. La Sra. Herminia, la actual, es justo reconocerle que era una mujer muy guapa, muy bonita, guapetona para entendernos. Tenía un cuerpo bien torneado, las piernas perfiladas y un par de tetas que eran la admiración de todos los moscones y boinas de la comarca. A los diecisiete años ya empezó a tensar las riendas del negocio simultaneando el hecho de que la abuela Herminia ya perdía aceite. Del padre no había que esperar nada porque seguía durmiendo como siempre hasta un buen día en que ya no le apeteció despertarse. En estos años la Sra. Herminia ha endurecido el carácter, se ha creado una rutina intocable y, desgraciadamente, su cuerpo se ha transformado. Para más inri ha sufrido un pequeño colapso facial que le ocasiona un tic que le hace cerrar el ojo izquierdo y al mismo tiempo los labios se le hinchan un poco dejando ver los dientes. Mucho más acusado cuando se enfada o discute. Es muy desagradable porque hay veces que al producirse este episodio facial se le observa algún residuo alimentario en algún diente o, incluso, el resto de un palillo insertado en algún rinconcito bucal. Y al mismo tiempo emite un ruido como de inspiración salivera. Un asco, vaya.


 Se le nota mucho, pobrecita, porque cuando se pinta aquel trozo de morro, y tiene un susto o se enfada, se le empiezan a hinchar los labios y, antes del chupetón salivero, le adquieren una maldita forma de herradura. La madre que la parió, ¡qué trueno de mujer! Por desgracia se ha engordado más de lo que fuera de desear. Yo creo qué si un día le estallase la faja de forma sobrevenida, arrearía un latigazo que Dios nos guarde de que alcanzara alguien. Aquellas hermosas y redondeadas tetas han mutado por dos ollas a presión y dos pezones como dos brocas del ocho. Agresivos diría yo. El personal le guarda un respeto cáustico y sarcástico que me parece esconder un temor palpitante. No grita nunca, excepto a su marido, y cuando entra en la cocina fulminando aquellas miradas como cuchilladas y rebobinando los ruidos salivares mientras cierra el ojo, las mujeres baten los huevos y cortan la morcilla como perseguidas por el demonio. Fue aquí precisamente, en la cocina, cuando se le ocurrió de que quería un montacargas para subirle el desayuno cada día a la cama, su habitación se encuentra justo encima de la cocina. Cuando le remitieron el presupuesto cerró el ojo y dijo que con un agujero en el techo y una polea con dos bandejas ya era suficiente. Para no desentonar arriba, cuando ya ha desayunado pone el orinal encima del orificio. Y el personal desde abajo lo mira como diciendo, mira, la mierda de Herminia. Después de comer sube a su estancia, pero en realidad se va a la salita secreta donde mira la Belén Esteban y otros programas de corte cultural y enriquecedor. La salita se usa también para conversaciones con proveedores relevantes o visitas familiares. Dicen las chicas, las criadas, que todo lo saben, que en cierta ocasión subió el Sr., Llorens, proveedor de carnes, hombre muy sensato y reconocido. Estaban sentados frente a frente y el Sr. Llorens le decía: Mira Herminia hace muchos años que nos conocemos y mutuamente nos hemos favorecido con nuestros negocios, ya sabes que para mí eres la mejor cliente y que te aprecio sobremanera. Si por mí fuera ... Por temor a ser vistas y los nervios, las chicas iban y venían ... El Sr. Llorens se había levantado de espaldas a la puerta, tapando a la señora. Estaba él con el torso un poco inclinado y con las manos aferradas a las ollas a presión de la propietaria, dicen las chicas que se oía un ruidito que no era exactamente el del tic de la señora, digamos, como si sorbiera el porrón, beber de canto, chorrito  de refilón. Pero claro, como no se le veía la cabeza no llegaron a saber que le podía pasar a la señora. En fin, ya se ha sabe, la gente joven ve pelo por todas partes. Rosendo Tió, Rosendu, pudiendo haber elegido el mejor mozo del Valle, fue el elegido para compartir su vida. Feo, vago, bebedor, con una alopecia cabalgante y una halitosis que tumba un muerto. No ha funcionado nunca, para ella viene a ser como el perro sin oreja ni ojo. Dicen que intentaron hacer el amor la víspera de la boda por aquello de entrenarse, dicen. Y otra vez tres años más tarde para engendrar a su hijita. Y no lo consiguieron. Lo que nos hace deducir que la señora hace al menos unos treinta años que no ha remachado ningún clavo. Pobre, los mejores años de su vida. Cuando Herminia no se encuentra suficientemente católica, les dice a las chicas, ¡que vengan los del asaguru! lo que significa que ya hace años que no viene el Dr. Ulldemolins, que la visitaba frecuentemente y con notoria diligencia en la salita secreta.

Continuará.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LA FONDA DE LA HERMINIA (PEDAZO IV)

Pedazo IV

LA FONDA POR DENTRO

Las reformas del 87 vinieron a ser un punto de inflexión, ni más ni menos, en la vida de la fonda, en todos los aspectos. En la planta baja se encuentra la recepción, un poco asilvestrada y sin seguir ninguna pauta o línea decorativa de ningún estilo. En la pared de detrás del mostrador, de manera desafiante, cuelgan dos cuernos grandes como un rayo. Imposible que pertenezcan a la fauna del lugar, más bien me inclinaría por alguna bestia de Mongolia o países adyacentes. No es menos cierto que las maledicencias del pueblo les atribuyen propiedades alegóricas. Antes, en un extremo del asqueroso mostrador de madera pegajosa, tenían aquel hermoso timbre de los hoteles, abrías la mano y apretabas el botoncito ring-ring-ring. Lógicamente cada vez que pasaba un niño por allí ring-ring, y los domingos talmente parecía un festival de timbres pirenaico. El hecho causó el enojo del ama hasta el punto de ordenar al Niño que pegara una chincheta del revés en la punta del timbre. Aconsejada por buenos clientes se llevó el timbre a su cuarto para que no le endiñasen de nuevo un palo los de Hasienda, que no tenían nada que ver. Junto al voluminoso libro de reservas, gentileza de Codorniu, tenían un calendario reproduciendo una belleza morena con una guitarra en las manos, Julio Romero de Torres, del año 1979. Entrando a la izquierda hay yace un enorme perro inmóvil, como abstraído, y no se mueve, nunca ladra, y no se mueve porque es de yeso pintado, le falta una oreja y sólo tiene un ojo. Ahora hace un año que están pensando en cambiar la alfombra de recepción, es de rafia y muestra más agujeros que alfombra, deshilachada, representando un serio peligro para las personas mayores, los de mediana edad y los niños. A la derecha tenemos la puerta de los lavabos y retretes. En el de las señoras pasa los años un destartalado armario donde van depositando los periódicos leídos y los Lecturas de la Sra. Herminia. Aún hay ejemplares de la República. No sé si es prudente señalar que toda esta zona se halla infectada por un hedor que depende del país podría llegar a ser motivo de encarcelamiento. Ay Señor, qué disgusto con las dichosas cloacas dicen a los fondistas. Yo creo que entre los años que lleva esta peste señoreando la zona y lo enemigos que son todos del jabón, si lo arreglaran se encontrarían como solos, abandonados. Añorados, tal vez.


El comedor es el alma mater de un establecimiento de estas características. Tiene un aforo de unas 60 personas que, en la época vacas gordas, se acostumbra a llenar. No tienes la sensación de un restaurante parisino, coqueto e íntimo, pero si se hubieran empleado un poco, seguro que el resultado hubiera sido más gratificante. Uniformidad en el conjunto sí la hay; No hay ni una sola cortina que no esté agujereada, los cubiertos son rigurosamente desiguales en todas las mesas, los manteles tienen unos colores ofensivos a la vista y hará unos cinco inviernos que la Niña les propuso con el fin de incrementar las ventas en invierno, de convertir el comedor en una sala de reuniones para empresas; megafonía, proyectores, pizarra, etc. La Herminia se fue a Barcelona con su marido y volvieron al atardecer con un horroroso atril de plástico con pie, que hoy está tras la puerta del comedor con una cesta de castañas carcomidas. Joder, las mesas están dispuestas de lado y por filas. Como los pupitres de los niños en el cole. De modo que todo el mundo mira al frente y todos los ojos se concentran de repente con un osado reloj de pesas que se detuvo hacia el año del 87, por una sinuosidad involuntaria durante el baile de la conga. Pero hoy, según como, se parece a una caja de muertos puesta en pie con unas bolas dentro.

El aire para acondicionar el comedor en verano, se proporciona mediante cuatro ventiladores de techo como los que tenía Meryl Streep en Memorias de África. Si bien las instrucciones de la señora son bastante precisas: los días pares el 1 y el 3, y los impares el 2 y el 4. Más que nada porque consumen y a la gente mayor no les gusta. Por encima de todo este panorama en la planta baja, el caserón levanta tres pisos. El primero lo conforman las cámaras de los propietarios, el Niño, la hija de los propietarios, las dos criadas del verano y la salita de la gerente Herminia, que es secreta. En el segundo y tercero están las habitaciones de los hospedados, nueve puertas cada piso más dos al fondo del pasillo en las que están los baños. Dieciocho habitaciones para arreglar todos los días. Las habitaciones no son pequeñas, sencillas y orientadas al norte. Todas disponen de un pequeño lavabo que, mayormente, se usa como meatorio de hombres improvisado. Aunque son un poco altos. En su día se plantearon hacer los baños dentro de la habitación, como todos los hoteles, pero el coste se disparaba. El inconveniente viene dado porque la clientela, mayoritariamente, es gente de edad avanzada, y en el caso de los hombres ya pueden imaginarse que casi todos ya tienen la próstata como la trompa de un elefante, circunstancia que obliga a salir de la habitación frecuentemente durante la noche originando un revoltijo de portazos y ruido de zapatillas. El ama siempre se ha negado a poner orinales, que los vacíen ellos, dice, pero claro, el precio es ruido nocturno o aseos infectados y habitaciones malolientes. Las criadas están hasta los ovarios de tanto abuelo y tanta mierda y, por si fuera poco, no hay verano que uno u otro no se cague en la cama, dando pie a una embadurnada general que incluso los pomos de puerta quedan como materia reservada. Colcha y almohadas incluidas. El cuarto de la Herminia, Sra. Herminia, es la más grande, no tiene baño, pero sí orinal. Dos paredes están tapizadas con una especie de terciopelo color sangre, como los antiguos prostíbulos parisinos, y las otras empapeladas con motivos románticos cool azules, con fuentes de agua y adonis desnudos con unos atributos de peso. La lámpara de techo es una estilizada araña con ribetes cerámicos blancos que entrecruza los brazos causando una buena impresión en el reparto del rayo lumínico, si bien nunca jamás ha tenido bombillas. Dispone de una pequeña lámpara sobre la mesilla de noche que es un joven sentado y con la bombilla entre las piernas que se acciona con pera. Del joven cerámico se podría decir que es pariente del maricón, ay, ¡perdón! Del afeminado de la fuente del jardín. Junto al cortinaje que esconde el balcón, un amplio balcón, hay una jaula muy bonita y lustrosa con el pie de metal y filigranas. Dentro hay un loro de vivos colores y el pico amenazador. No da demasiado la lata porque también es de yeso como el perro de recepción. O sea que no puede decir lo de Herminia puta, Herminia puta, tan propio de los loros. Por indicación de la Sra. Hermínia, las chicas introducen pipas dentro de la jaula, dice que dan vida. Ostras qué mujer, qué exigencias más extrañas. Si tuviéramos que hacer una valoración de la estancia en su conjunto, no podríamos por menos de asimilarla con un mausoleo, con una espectacular y sensorial tumba de esbeltas figuras fantasmales. Aunque aquí de mármol, tururú. Hay una puerta tapada con un cortinaje verde oscuro, qué activando los mecanismos oportunos de apertura, da a una habitación contigua que es la del Niño, donde duerme el Niño. Nunca nadie en la vida ha visto esa puerta abierta, y la ama siempre dice que ni siquiera los bomberos la podrían abrir, una roca, el paso cerrado a cal y canto. Más sellada que la tumba del faraón. Del resto de estancias no hay que hacer una descripción detallada dada la exagerada austeridad ornamental de las mismas. Bueno, la Niña guarda con desazón encima de un estante una de aquellas latas que llamaban un cine NIC. Y una simpática fotografía panorámica de la familia Monster al completo. ¿Efectos vinculantes quizás? No, sólo una serie televisiva.
Continuará.


sábado, 23 de septiembre de 2017

LA FONDA DE HERMÍNIA (PEDAZO TERCERO)

Trozo 3

PRESENTACIÓN DE LA FONDA

Ca l’Herminia ocupa un buen espacio de la plaza, y más teniendo en cuenta que hace esquina. El solar es generoso. Una valla de hierro forjado discurre por los dos largos laterales. La entrada es por la esquina, ancha, señorial, con el pavimento reventado y el hierro forjado huérfano de pintura desde que se inventaron los canalones de la fonda. Por encima de la puerta el forjado adopta la forma de arco y con letra, así mismo de hierro y oxidada, dice FONDA HERMINIA. Al igual que los ranchos del oeste americano que tienen treinta mil km2 con un rótulo curvado en la entrada y el nombre de un pistolero de renombre con dos cuernos de cojones, eso sí, los 190 km de la valla están hechos con troncos de pino de Oregón. El jardín estoy seguro de que se diseñó en su día buscando un aire modernista, acogedor, reservado y silencioso, con una magnífica vegetación importada por los llamados indianos, que no llevaban pluma en la cabeza, pero se hicieron de una pasta por allá lejos, en el Caribe. Hoy desgraciadamente el jardín es una mierda como un piano viejo. Sucio, descuidado, con cuatro plantas espontáneas a la espera de que llueva, sin grava por el sendero, tres farolas bizcas y en la puerta de acceso al establecimiento una bonita cadena que cuelga atada a la cresta de un hermoso gallo, pero ¡ay! sin la campana. A la entrada de un pequeño almacén, en un lateral del edificio, todavía se puede ver hoy un trozo de madera pintada, si bien despintada, que anuncia REFORMAS SISCO, sin duda un descuido de la última reforma de 1987. Inicialmente, bajo un gran abeto que todavía respira, había una jaula con un jabalí que hacía las delicias de los niños y la desconfianza de los adultos, se llamaba Rocky, como Rambo, vaya, Sylvester Stallone. El pobre Rocky no era agresivo como su homónimo neoyorquino que le pides la hora y te pega un puñetazo en la boca que te han de cantar el miserere. No, ni pensamientos, fíjese qué paciencia tenía el animal que alguna tarde de invierno el Niño le ponía un collar y se lo llevaba de paseo al bosque. Que nadie se preocupe, ya contaré más adelante quién es el "Niño". También es para recordar la fuente en medio de la jardinería que con su rumor de agua brotando en estado líquido creaba el ambiente necesario para las tertulias de media tarde, los veraneantes estaban embelesados ​​con la fuente. No sé muy bien si era por el clímax de paz que generaba el chorro o porque significaba el preámbulo para engullir la cena. A la hora de la cena, la gente de fonda tiene las mandíbulas de hierro. Pío-pío, pío-pío, oyen los pajaritos, sí? Pues esta era la melodía con la que los veraneantes pasaban las calurosas tardes entre confidencias, relatos, promesas y alguna que otra mirada perversa dirigida al escote de alguna muchacha recién llegada. Miren, no me puedo resistir, cuando rememoro esos instantes tan sublimes que, quieras que no, te transportan al Romanticismo novecentista me hago la idea de que estoy con la gente de Miralls trencats, El viudo Rius o la muy añorada Florista de la Rambla. ¡Oh, qué fuerte!


Pero la vida ya tiene estas cosas, los golpes escondidos quiero decir, los imprevistos angustiosos, la realidad desmoralizadora, la crudeza de una obra de arte dañada. Hoy la fuente, aquel travieso rinconcito, ha quedado reducido a una montaña de ceniza y escombros. La roca volcánica rugosa y oxidada con la que estaba construida, ahora es como un amasijo de mierda de vaca del Pirineo. Ennegrecida, estriada y maloliente. No queda ni un pájaro, ni un nenúfar en el estanque, ni un banco de madera y forja. Nada. Feísima. Quieras que no la humedad se ha ido apropiando del espacio. Es tanto el musgo que hay por todas partes que ahora sería una fuente con barba. En lo alto de la fuente la coronaba una simpática figura de cerámica que representaba un pastorcillo con el paraguas abierto y mirando el cielo. Aunque saben que estos trabajos artísticos de cerámica siempre quedan con unas caras, no feas ni mucho menos, un poco compungidas quizá sí, a mí siempre me pareció el vivaracho pastorcillo que o bien era un afeminado, no un maricón, y que tenía unos ojos de psicópata vicioso. Caramba como pasa el tiempo, que raudas y veloces vuelan las hojas del calendario. Ya sé que más vale esto a que el calendario se detenga. Y en los pueblos, que quieren que les diga, las cosas son de otra manera, más íntegras, más reales, más poéticas si me apuran. Hay una nobleza entre las personas que en la ciudad no se ve por ninguna parte. La vida de pueblo tiene un sabor especial, reconfortante. Puedes aparcar donde quieras. Hablando de pueblos, he leído que un canal de televisión español hará una réplica del Foraster, de Quim Masferrer. Uno de los pocos programas que yo veo de televisión. Un verdadero encanto la vida en el campo, en serio. ¡Sou collonuts amics de Prades…Sou molt bona gent. Y por nada en especial, ni mejor ni peor, pero no es lo mismo, no suena igual, ¡Sois cojonudos, amigos de Villanueva de la Cañada ... Sois muy buena gente! Joder qué fuerte, antes me hago monje cisterciense.


Seguirá.

sábado, 16 de septiembre de 2017

FONDA DE LA HERMÍNIA (Pedazo segundo)

Pedazo segundo
UN VISTAZO POR EL PUEBLO

El pueblo no es precisamente de los pequeños por la zona donde se ubica. Tiene una población aproximada de 300 habitantes. No queda ninguna sucursal bancaria, si bien bajo la escalera del ayuntamiento hay un cajero automático de La Caixa, justo al lado de los gigantes Y cabezudos. No hay Mossos, guardia civil tampoco, pero en su día hubo, muy posiblemente por el negocio del contrabando, tan lustroso en aquellos tiempos. En cuanto al comercio y servicios pues los habituales: carnicería, bodega, un café, mercería y marroquinería, parroquia de Sta. María de las Nieves, colegio de primaria, panadería, y el clásico corte inglés: tienda donde se vende de todo. Y, naturalmente, hombres y mujeres para dar vida a todos estos establecimientos y los niños necesarios para rellenar las aulas de la escuela. El alcalde, Bertomeu Armengou, buena persona y muy servicial con la gente, políticamente hablando es independiente, o sea, que no profesa militancia partidista. Mucho mejor, una amenaza menos. El alguacil es un personaje entre simpático y grotesco, de los que coloquialmente los etiquetamos como inacabados, faltos de cocida. Antiguamente este cargo se ocupaba también de trasladar al vecindario las noticias y avisos locales de interés. Como por ejemplo, que ya ha llegado la furgoneta del pescado o que se espera granizo para el viernes. Se convocaba al vecindario en lugares estratégicos mediante unos toques de corneta. Tararíiiii ..... se hace saber .... Hoy eso ha quedado obsoleto, se han dispuesto por todo el pueblo altavoces y las noticias se transmiten por este sistema de megafonía. Con el fin de captar la atención del vecindario, previamente emiten unos segundos de alguna melodía que siempre es la misma. El anterior alcalde, que estrenó el ingenio, quería algo serio, no ordinario ni moderno. Algún espabilado le endosó la 5ª de Mahler en el fragmento de las trompetas de la muerte. Y el vecindario, ferozmente contrariado y acojonado, exigió un cambio de melodía. El alguacil propuso el pasodoble España Cañí y obviamente fue abucheado y bañado con aceite de oliva virgen sin refinar, del que todavía se lame, dicen. Maldita sea, ahora me apercibo de que no he dicho el nombre del pueblo, válgame  Dios, qué distracción la mía. Pues sí, este hermoso lugar al abrigo de las cimas que lo separan de Francia se llama Rocavella. La economía se basa primordialmente en el sector agropecuario, el de cultivo y el de explotación forestal. El turismo, de toda la vida, guarda unas singularidades muy propias. 

Aun no siendo la Cerdaña comparten con un buen puñado de pixapins que disponen de casa propia, fines de semana y algunos días de agosto se dejan ver. La singularidad a la que he hecho referencia, se trata del establecimiento más emblemático de la población desde hace cerca de cien años. Es un caso extraordinario, cuantos más años pasan más afianzan el negocio. Durante la larga época de los fríos y las nieves, poca cosa, en cambio en Semana Santa, julio y agosto, se convierte en un verdadero hervidero de gente. Les hablo de la Fonda Herminia. Nació con este mismo nombre, muchos años después lo cambiaron por Hotel Herminia, hasta que hará treinta años que lo rebautizaron como Fonda Herminia, y hasta hoy, si bien por todos estos lugares se la conoce como Ca l’Herminia. Como todos, este tipo de establecimientos centenarios se han tenido que ir poniendo al corriente de los tiempos con las lógicas renovaciones, mejoras, adaptaciones y cambios necesarios. Cabe decir, sin embargo, que en Ca l'Herminia ha costado un poco este proceso de mejoras, son muy remisos a la hora de meterse la mano en el bolsillo, unos garrepas, vaya. Y eso contando con que tienen los riñones bien abrigados. Basta decir que la cocina económica que tenían desde los inicios no la renovaron hasta hace cuatro o cinco años. Era un destartalado artefacto de hierro de más de mil kg que ya clamaba al cielo, con soldaduras por todas partes y alambres haciendo de soportes o tiradores de diferentes partes del artefacto. Las neveras de madera y los utensilios de trabajo aceitados y grasientos. Las sartenes requemadas hasta el último suspiro. ¿Como les diría yo? Unos guarros, vaya. Por lo que se dice, un día recibieron una visita inesperada, que no eran precisamente los de Michelin, y después de un cambio de impresiones algo tenso, al poco tiempo recibieron un comunicado que no sólo les hizo temblar los dientes, sino que llevaba incorporada una notificación inapelable por la que les obsequiaban con un palo de aquellos que hacen historia. Incluso, del disgusto, Herminia tuvo que guardar cama una semana entera. La fonda esta en medio de la plaza del pueblo. La centralidad urbana para entendernos. A diferencia de casi todas, no es redonda ni tampoco cuadrada o rectangular, no. Es como aquella plaza de Lucca (Toscana) que tiene forma ovalada. Grande, espaciosa, la mitad con árboles y bancos de madera, y la otra mitad para el paso de vehículos, camiones y el autobús de línea. Si bien Ca l'Herminia es el ojito derecho del lugar, allí mismo confluyen los factótums de la convivencia: el ayuntamiento, el horno, la farmacia a días alternos, el bar Copo de Nieve, el corte inglés y algo más . En el edificio nº6 de la plaza, segundo primera, vive el doctor Ulldemolins hace aproximadamente unos treinta años, nunca ha querido pertenecer a la seguridad social y aún cobra la iguala a los vecinos con lo cual se va sosteniendo. Persona muy respetada y con un gran predicamento por parte de todos los vecinos. De cada cuatro diagnósticos equivoca cinco, pero no se le tiene en cuenta, y por la fiesta mayor abre el baile de noche. Es soltero y se da la feliz circunstancia de qué en la misma escalera, en el cuarto primera, vive la señora Amelia, persona ya mayor y muy afable que de joven ejerció en Barcelona de puta, con buena acogida y éxito profesional. Ahora la pobre, sin ascensor, ni dientes, sale poco de casa, a menudo sube el señor doctor y se hacen auscultaciones recíprocamente, si bien el médico ya tampoco está para demasiadas auscultaciones, y las vaginales, ni olerlas de lejos. Entre la ayuda del doctorado amigo y media docena de adolescentes que suben de vez en cuando a que les toque la corneta, pues mira, se va arreglando. Pero vaya, no creo que ya pueda soplar demasiado tampoco. Ya se sabe, la procesión es muy larga y el cirio muy corto. El corte inglés pertenece nada menos que a la esposa del señor alcalde. Tiene por costumbre tener siempre en el cristal de la puerta un folio rayado en el que dice, Ya vengo, un número de teléfono y debajo, escrito con claridad, el horario de apertura y cierre del establecimiento. La gente del pueblo, sabedora del inciso, pasa primero por casa de la alcaldesa consorte y ¡Carmetaaaaaa! En cambio los pixapins la llaman por teléfono y baja corriendo, vive a dos pasos.


Seguirá…-

martes, 12 de septiembre de 2017

LA FONDA DE LA HERMÍNIA


HOY EMPEZAMOS LA PUBLICACIÓN DE "LA FONDA DE LA HERMINIA" CON EL PRIMER CAPITULO. RELATO DE TONO HUMORÍSTICO PARA DESCRIBIR LA VIDA DE PUEBLO A TRAVÉS DE UNA FAMÍLIA DE LO MÁS SURREALISTA. SEGUIRÁ EN LAS PRÓXIMAS SEMANAS.

Pedazo primero
MEAPINOS INTRÉPIDOS

Estamos en el pre Pirineo, en la cara sur, rodeados de altas colinas y de impresionantes cumbres que hacen de agentes fronterizos. Estos valles están llenos de pequeños pueblos y pedanías donde la gente, de la solidaridad hacen una manera de vivir, hoy te ayudo yo y mañana lo haces por mí. Vivir en la montaña no es cosa fácil, es muy duro. Pero disfrutar de los valles verdes es un regalo de Dios. Se ha puesto de moda que vengan por estos parajes gente de ciudad que, al sufrir las exclusiones del trabajo, la falta de trabajo o, lo que es peor, han hecho siete días de estancia el año pasado, han creído que huyendo hacia montaña las cosas serán más fáciles para sobrevivir: un huerto, media docena de gallinas, un gallo, dos patos, un cerdo y una bomba manual para sacar agua del pozo. De electricidad nada de nada, esto es para los meapinos, se trata de no dañar la naturaleza, un pequeño generador para cuatro bombillas y el portátil. Se decantan por una casita en el valle o una prehistórica borda en ruinas, ya nos lo haremos, paciencia y constancia. Nada de tele ni de comodidades urbanas, tan sólo un destartalado 4X4 que cae a trozos, como debe ser. Queremos ser gente rústica, enamorada de la montaña, queremos vivir de la naturaleza. ¡Muy bien, así me gusta, valientes! Les emociona despertarse en medio de un prado verde y florido donde el sol hace sus primeros bostezos, los animales saludan a su manera, el perro, muy importante el perro, los apabulla a saltos y besitos. Desgraciadamente deben ser muy diestros en la administración del sol, toda vez que hacia allá las diez y media ya desaparece tras un pedazo de montaña que tienen enfrente. Él descubrirá que hacer de albañil, carpintero o pintor no es exactamente como aquellos programas de la tele que seguía con tanto entusiasmo e ilusión -Haga su propia casa-. Pero donde encuentra más inconvenientes es en el huerto. Efectivamente, aunque en la feria de San Mateo haya comprado semillas de todo tipo, para plantar las lechugas, tomates, cebollas, ajos y patatas, se da cuenta de que el libro de instrucciones no sólo es una mierda como un tractor, sino que ve hastiado como sus manos de contable de segunda le están quedando como las suelas de los zapatos mordidas y, muy lamentablemente, los riñones le queman como una antorcha, privándole incluso de abrocharse las alpargatas. Alpargatas que ,con el coño de las ramitas y las ortigas, ya las mandó a rodar por el barranco del Ángel, muy próximo. Pero el desencanto no termina aquí; cuando harto de proferir maldiciones y blasfemias, cuando las callosidades de las manos le revientan, cuando el mango de la azada chorrea de sangre mientras cava los bonitos surcos del huerto, entonces, sólo entonces se da cuenta de que allí no hay agua para regar! Al instante se le enciende la luz, iré sacando cubos del pozo. Y unos cojones sacaré 500 cubos de agua cada dos días! Y todavía no le ha dicho nadie que en verano el pozo se seca.


Bueno, tampoco quisiera parecer que pretendo hacer un alegato en contra del mundo rural, todo lo contrario, nada más lejos de mis creencias, para mí todas las bendiciones son pocas para la gente que con sus esfuerzos y toneladas de dignidad hacen posible la vida en estos lugares. Otra cosa son las decisiones tomadas a golpe de sangre o querer ver bucólico lo que sólo son pedruscos y matorrales. Y mucho peor creerse que uno es capaz de hacerlo todo en esta vida. De todas maneras, parece ser, de acuerdo con las conversaciones de gente que lo saben a ciencia cierta, que en estos procesos ciertamente laboriosos y muy comprometidos por parte de pixapins que optan por reciclarse, que el factor "mujer" es mucho más explosivo, si se me permite la expresión. Así es, la mujer es más vulnerable como también suele ser mucho más realista que los ceñudos de los hombres. Dicen que una tarde de otoño avanzado, llegaban los chillidos y la algarabía de una parejita en proceso de adaptación al medio, a unos 3 km del pueblo. Eres un hijo de puta me has enredado. Hombre, enredado no, tú también estabas ilusionada. Me tengo que calentar el agua todo el día, no tenemos agua caliente. Voy a mear al corral a media noche, con las bestias y no hay luz, el cerdo me mira y el perro me huele. Me prometiste una casa como la de Raíces Profundas, allá en el Oeste. Tenía de todo, joder, y pasaba un río cerca. Alan Ladd sabía hacer de todo. Yo tengo una casa que es una mierda y quizás todo lo que nos aportará aquella película serán los indios. Las lechugas que cosechas no las quieren ni las gallinas, las patatas huelen mal y el cerdo dice que me las coma yo, y los patos se mueren de hambre, tienen más pico que cuerpo. No quiero vivir más en esta casa de mierda y moscas. No tengo lavadora, ni microondas, ni calentador, ni estufa. Me muero de frío y con las manos cosidas de sabañones. No nos da el sol y en la mierda de jeep que compraste no quiere subir ni el perro de los ruidos y chasquidos que suelta. Y tú con el martillo y cuatro clavos en la boca aún no has tapado ni un agujero de las ventanas. ¡La madre que me parió, pero que hemos hecho!
Bueno, se hace evidente que, en cualquier caso, nunca llueve a gusto de todos. Y ahora llueve sobre esta parejita de granjeros Playmobil.
Seguirá