sábado, 15 de septiembre de 2018

MIRANDO ATRÁS.


Pues sí, hoy se cumplen dos meses y medio desde mi último artículo en estas páginas. El tiempo vuela y los acontecimientos se pisan unos a los otros. Llueve, los recuerdos se ciñen a los cristales mojados de las ventanas en forma de letras borrosas. Lo pasado, pasado está. Para qué verter más lágrimas? Nada cambiará, por mucho que duela. Sin embargo cuesta, cuesta la de Dios olvidar según qué. Cuesta tanto, que no se olvida jamás.

No tengo palabras para el verano transcurrido, son imágenes en proceso de maduración. He madrugado, y he subido a mi refugio dejándome hipnotizar por el nacimiento del sol, su asomo enrojecido en el horizonte enmudecía los pensamientos. Mi cuaderno de bitácora, desgastado y medio enmohecido, se deslizaba entre mis manos. Paris dice la primera página. Santo cielo, que mayor me siento, cuantos años han transcurrido. Es mi libro de viajes y también, creo, que es el libro de mi vida. Me decidí un poco tarde, aunque dicen que más vale tarde que nunca. Me conjuré a viajar siempre que se dieran las circunstancias para hacerlo.

En aquel ilusionado y adolescente viaje, Paris mostraba su imponente perfil y la grandeur propia de un país orgulloso. Quedé fascinado. Por unos días olvidé los tonos grises, el blanco y negro de la miseria unida a la necesidad de donde yo procedía. El aislamiento internacional de España nos tenía sumidos en la  ignorancia y el destierro, físico e intelectual. La cultura francesa ahogaba en mi mente las casposas festividades del Corpus Christi, la España cañí, los toros, el Nodo, las bofetadas en el colegio, las películas garbanceras o las palizas en las comisarías. Dice mi cuaderno que posteriormente he vuelto a Paris algunas veces.

Mi bautismo aéreo fue en un viaje a Bonn. Crucero por el Rin siguiendo la ruta de los castillos célebres. Stutgart, Frankfurt y Colonia. Lisboa, antigua y señorial, como la canción. Oporto, deslumbrante. España, de cabo a rabo, y de oreja a oreja. Sur de Francia, ruta de los Cátaros. Palma de Mallorca e Ibiza también figuran en el cuaderno. Florencia, Roma y el calor sofocante del  Vaticano. La Toscana se refleja en mi cuaderno en letras mayúsculas, un lugar para apagarse lentamente. Siena, San Gimignano, Parma, Pisa y Lucca, ciudad natal de mi Dios musical.


Venecia figura en la libreta con un sello confidencial, tengo vivido en la ciudad de los canales un sueño oxidado entre altos muros heridos por la humedad, la niebla y un magnífico trozo de juventud. ¡Dios! Como pasa el tiempo. Mi primer viaje a la ciudad de los rascacielos me descubrió un mundo que nada tenía que ver con el mundo conocido. La vanguardia de lo desconocido, lo máximo a lo que pueda aspirar el viajero ávido de conocer. Cruzar el Atlántico fue la verdadera prueba de fuego en el avión. Ni lo superé ni lo he superado todavía. Dentro de unas horas cogeré el avión y ya me siento intranquilo.
Ámsterdam me cogió por sorpresa, bella, suave, llana. Fantásticos paisajes salpicados de enormes molinos de viento. Rotterdam, nueva y majestuosa. Hitler la convirtió en papilla. Se reconstruyó, impacta su grandeza. Praga, un cuento de hadas, cultura a raudales. Viena, cultura, música y más hadas. Aquí he cerrado el libro, mi indispensable cuaderno de bitácora, sin haber llegado al final. Fiel testigo escrito de mis recuerdos y de una vida.

De lo más reciente todavía puedo rescatarlo de mi memoria, apenas los diez últimos meses. Londres, Londres no es una ciudad, es la ciudad. Descomunal conurbación urbana que precisa de años para medio conocerla. Realmente espectacular. En Berlín, febrero, nos pilló una ola de frío inhumana. Una semana pateando las huellas del holocausto bajo una temperatura de diez y doce grados bajo cero cada día. Para morirse, palabra. Menorca, junio, un paraíso. Cuarenta años  desde que la visité por primera vez. Buen lugar también para perderse para siempre en cualquier lugar de la isla. Posiblemente si han tenido la paciencia de llegar hasta aquí, yo estaré volando con destino a Paris. Hemos empezado con la ciudad luz y terminamos con ella. Ya no llueve, pero el cielo está condenadamente plomizo y amenazante.

martes, 31 de julio de 2018

MOMIAS Y AMIGOS


Señoras, señores, al parecer y según anuncio del gobierno español, se quiere proceder al desalojo, al traslado de los restos mortales de la momia, del dictador Franco. Parece ser que la gran idea de Pedro Sánchez se va a encontrar con una encarnizada resistencia. No se puede pasar por alto que solo un 56’1% de los votantes del PP en Catalunya prefiere la democracia a cualquier otra forma de gobierno, y con respecto a Ciudadanos el 83’5%. Los que no están en estos porcentajes, que son muchos, se inclinan por la NO democracia. Es obvio imaginar que esta encuesta hecha en las Españas, donde la melancolía franquista goza de muy buena salud, el resultado sería escalofriante. Ignoro si el CEO (Centro de estudios de opinión) lo tiene previsto. Si algún día les diera por salir a la calle juntos, ríanse del bloqueo de los taxistas. Han pasado 43 años del traspaso de la actual momia, y perviven privilegios, condonaciones, prebendas y mamoneos múltiples. Eso sin contar las legiones de adeptos que tanto y tanto añoran aquellos grises tiempos. No tiene una explicación lógica ni traducible a la actualidad.

¿Se puede imaginar alguien que en Berlín hubiera un centro en forma de basílica o un moderno rascacielos, da igual, para acoger el peregrinaje de miles de ciudadanos para rendir pleitesía a Hitler? ¿Entra en sus cabecitas pensar que el ministro del interior alemán condecorara a Nuestra Señora de Schoenstatt con la Cruz de Plata, como aquí se concedió a La Santísima Virgen de los Dolores en su calidad de titular de la Real y Venerable cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y María Santísima de los Dolores? Jesús, Jesús, pero en dónde coño estamos. Así no es de extrañar que en ferias, cónclaves de partidos políticos y concentraciones públicas, se puedan ver chiringuitos con material de márquetin alusivo a la momia, y símbolos absolutamente ilegales como la bandera con la gallina. ¿Es realmente España, diferente? Pues mire usted, no sabría decirle, me da que pensar que puede que sea diferente, distinta, la ostia en bicicleta, un grano en el culo, yo que sé. Pero lo que se dice seria, homologable a los países democráticos de la vecina Europa, yo diría que no. Igual estoy equivocado y el grano en el culo soy yo. A saber.


Hablando de granos, Catalunya lidera una huelga de taxistas que ya se ha contagiado a casi toda España. No entro en el fondo de estas cuestiones, todo el mundo intenta defender sus legítimos intereses. Me llama la atención que llevan años poniéndonos de chupa de dómine, mofándose, insultando, caricaturizando, despreciando, y ahora resulta que se unen a la causa de los taxistas catalanes para que no se sientan solos, para darles su calor en la iniciativa. Coño, hemos pasado del “A por ellos” al “A con ellos”. Manda huevos. Pero si somos los que quieren romper España, despedazarla, descoserla, rasgarla, agrietarla. No, ya no, ahora somos amigos para siempre –Friends forever- que diría Julián el de los melones. Hay que joderse. Tanto es así que habrá que buscar espacios para tantos amigos; las timbas de cartas, los colchones sobre las vías del tranvía, las mesitas style camping, las paelleras, los botijos y cervezotes, los juegos infantiles, etc. Ahí es nada ubicar a tantísimos amigos que se quieren unir a la reclamación de sus derechos. A con ellos, se oyen los canticos en la autopista camino de Barcelona. Archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única. Que diría Cervantes. 

martes, 24 de julio de 2018

LINCHAMIENTO INFORMATIVO (O la obstinada desinformación)


Según publica el Consejo de Cámaras de Comercio de Catalunya en su Memoria económica de Catalunya 2017, se ponen de manifiesto multitud de datos que desmontan, hacen trizas, las alarmantes previsiones que durante el último trimestre de 2017 formuló el Banco de España como arma de combate contra el proceso secesionista de Catalunya. Catastrofistas y asfixiantes con una previsión de costos súper multimillonarios para esta comunidad. No se han cumplido, antes al contrario. El gobierno español aprobó un decreto exprés para facilitar el cambio del domicilio social de las empresas con el objetivo de mantener un relato alarmista y que generara alarmismo y desconfianza en el proceso independentista. Vano es decir que la marcha de una sola empresa es una mala noticia. Lo que no se explicó es que los centros de producción y los puestos de trabajo seguían donde estaban. En 2017 cambiaron de domicilio –social- 2536 empresas, y en ese mismo período marcharon 1279 empresas de Madrid, de las que nadie dijo nada. De la misma manera se vendió la falsedad de que la Agencia Europea del Medicamento no se estableció en Barcelona por causas directas de la situación política. Se escogió Ámsterdam y no por ello nadie imputó a Catalunya como culpable de que no se establecieran en Milán o Copenhague que también aspiraban a la elección.


Si algo ha enturbiado la situación económica no ha sido otra cosa que la desatención del gobierno español, el alarmismo infundado y la sangrante desinversión en infraestructuras –que con nuestros impuestos nos pagamos de sobras-. Catalunya tiene el 16’2% de la población de todo el Estado, representa el 19’2% del PIB, aporta el 21’3% de la recaudación total de impuestos y el 25’6% de todas las exportaciones. Por el contrario solo recibe el 13’5% de la inversión pública del Estado. Estamos hablando de datos contrastados, emitidos por un organismo oficial, no del tío Genaro el otro día en la bronca del bar.

Ha habido desinformación, tergiversación y confusión mal intencionada y a niveles de linchamiento absolutamente impropios de un país democrático, si es que damos por supuesto que lo sea. Por demás sabemos que una cosa es la gimnasia y otra coger una pea como un piano. ¿Moler a palos a una población indefensa y terciar para hundir la actividad económica de ese pueblo, son medidas aceptables de un estado de derecho? ¿Podría darse la misma circunstancia, los mismos hechos, en Inglaterra, Holanda o Finlandia, por nombrar unos pocos? Se imaginan –aunque les cueste un gran esfuerzo- que habiendo desavenencias políticas importantes en Alemania con el land de Baviera, se les ocurriera arruinar el land más próspero y coserlos a ostias. Verdad que parece imposible. Pues estamos donde estamos.

Al parecer este 2018 tampoco va mal del todo, de momento. En el primer trimestre el PIB catalán ha crecido un 0’8%, el doble que la media de la Unión Europea y con unas previsiones del cierre anual con un crecimiento del 2’9%. No está nada mal. En veinte años Catalunya ha evolucionado de tal forma que ha girado como un calcetín los datos: En 1995 las ventas a España representaban el 63’5% del total. En 2017 el 64’5% fueron ventas al extranjero. No deja de ser curioso que frente a los miedos, las amenazas veladas y las presiones de todo tipo, no hayan hecho mella en Siemens, Amazon, Nestlé, Facebook, Allianz, Oracle, Mediamarkt i Lidl, que presentan unos muy buenos credenciales vía inversiones en Catalunya para este mismo año. Y Mercadona también.

En ciertos centros de poder europeos se les empieza a colgar la mosca en la oreja. Otra cosa es que por razones estrictamente diplomáticas y de buen vecindario, se maten las moscas en voz baja. Con el cambio de gobierno parecen abrirse puertas con renovado aire, no quisiera equivocarme pero mucho me temo que no será otra cosa que el aire acondicionado de verano. Ya saben, Spain is different!  

viernes, 20 de julio de 2018

UNA DE PESO Y OTRA DE MARISCO



Uno que ya, modestia aparte, tiene las posaderas refritas y certificadas en lo referente a restaurantes y abrevaderos de todo pelaje, se cree en el legítimo derecho de opinar ciertas obviedades. Excepciones pocas y punteras, las hay  –siempre muy caras- el resto, creo yo, no están a la altura de las circunstancias en lo que a costa o litoral se refiere.  Sin generalizar pero hincando el diente, nunca mejor dicho. Precisamente es ahora cuando disponemos de más tiempo para gozar en rascarnos el ombligo o disfrutar de los placeres del buen comer y beber y, porque no, del querer. Tiene razón Marc Álvaro cuando dice que se fomenta el establecimiento del “entra y no vuelvas nunca más”. No hay voluntad alguna para fidelizar, al contrario, casi todos somos tratados de guiris ocasionales. De forasteros incautos seducidos por unas llamativas pizarras o simplemente agarrados por el brazo y embadurnados por bonitas palabras de charlatán de feria. El espectáculo puede llegar a ser decepcionante y preocupante. ¿A qué se debe que paguemos sin rechistar comidas que no responden a unos mínimos de calidad? ¿Por qué aceptamos precios que están hinchados de aire viciado, precios de dos meses para cubrir la precariedad de los otros diez? Mantelerías impresentables o sencillamente rotas, personal rotundamente descalificado, vinos de “la casa” a 14 euros la botella, aceites refritos que convierten las cenas de pescado en auténticas “fritangas”. El café invita la casa –por dios-, si a cuarenta o cincuenta euros por barba nos hemos pagado el café, copa y puro. Se persigue la cantidad, la masa, a tantos platos por hora. ¡Disculpe! ¿Y la calidad? Es que desde esta terraza el cliente divisa todo el puerto y el glamur de ver riadas de gente arriba y abajo helado en mano y sacudiéndose los ardores con resignadas sonrisas y más helados. En la mayoría de casos no veo justificada la cuenta, ni mucho menos. Comenta Álvaro que hoy todo es una experiencia, puede que así sea, en boca de los sabios gastrónomos, pero el asunto radica en que si se trata de una experiencia nefasta o incluso tirana, ¿vale la pena experimentarla?


El mismísimo The New York Times se hace eco del escándalo de los submarinos españoles. La historia comienza en 2004 con la aprobación del presupuesto para la construcción de cuatro submarinos –no sé para qué- por un importe de 2132 millones de euros –no sé para qué- y que tras catorce años de proyecto se ha visto prácticamente duplicado alcanzando los 3907 millones. Ahora la Armada Española –no sé para qué- espera de la flamante ministra que apruebe la financiación para que su construcción no se paralice y el primer submarino pueda sumergirse en el año 2031 –no sé para qué-.

Pero, pero resulta que los señores arquitectos navales, ingenieros navales o quien sea, no se apercibieron de que estos monstruos bélicos de hierro –no sé para qué- tenían un exceso de peso en su diseño de 120 toneladas, que en mi pueblo son 120.000 kgs. Razón por la que dedujeron que estos artefactos se sumergirían en las frías aguas del Atlántico, por poner algo de agua, pero a la hora de emerger, de subir a flote, no subiría ni por arte de magia. No flotaban. No problem dijo alguien, se le añaden diez metros más de eslora –largo- y problema subsanado, peso repartido. Coño, ¡albricias! haberlo dicho antes, Martínez. Ya está señor, flotan y asustan al enemigo. ¡Ostia! Pero si ahora no caben en el puerto –no sé para qué- Y otra vez, No problem, se alarga el puerto.

En resumen, 3907 millones, más el huevo de alargarlos, más asesoramiento americano, no, así no, 14 millones, más 16 millones para dragar el puerto, más 86 millones para arreglar las carracas anteriores y puedan combatir. Adivina adivinanza, a qué no saben quién va a pagar la factura.

Vamos a ver abuelo, ¿de qué montante estamos hablando? Me diga? Qué cuánto costará la inmersión, coño! Ah, pos haber gritao más. Pos ahora de pensión me dan 500 euretes, pero man dicho que me suben un euro más. ¡Jo!

sábado, 14 de julio de 2018

PRÓXIMA ESTACIÓN, NEW YORK


Sé que puede parecer insólito, pero el tren también tiene alas, y estas alas, atravesando el Atlántico, me llevaron hasta Grand Central, en New York, en la calle 42 entre Lexington Av., y Park Av. Medio estación termini y medio museo, monumental nudo de comunicaciones enterrado. La primera vez que caí en este Polifemo urbano tengo que reconocer que me impresionó mucho. Y las posteriores visitas, cada vez me impactaron más. Aquello no es una ciudad, es como el río cuando se transforma en mar. La inmensidad te ahoga, pero revives. ¡Y de qué manera!

Tenía diez días por delante y quería aprovechar al minuto mi estancia. Un minucioso estudio del plano, cuadriculación de la ciudad con lápiz de color y reparto de zonas por los días de estancia. Perfecto, una rotundo chapuza. Pobre de mí, cada cuadricula necesitaba diez días yendo rápido. Decidí no coger ningún transporte público, no perderíamos ningún detalle de las calles, las tiendas, los edificios, la gente, la policía, los bomberos. Lo quería ver todo a pie y... me los planché.

El primer día no cené, estaba rendido y con los pies hinchados. Todavía me duraba el cabreo con el perro de inmigración en la aduana del aeropuerto JFK. Me dormí pronto con la imagen del puente de Brooklyn clavada en el cerebro. Como he dicho, no cené pero si tomé una copa en The River Café, bajo el mismo puente y colgado sobre el río Hudson, con unas vistas tan increíbles del skyline de Manhattan que me prometí volver, pero para cenar tranquilamente y dejar volar la imaginación o los sueños frente a Chinatown.

Rápidamente decidí que la magnitud de la ciudad no me permitía sacar adelante mi cuidadosa planificación para rastrear aquel monstruo de gigantes de acero y hormigón. Dedicaría los diez días a hacer el turista, sacar una fotocopia mental de los cientos de lugares emblemáticos y dejar para futuras ocasiones el detalle de los cinco distritos y los incontables barrios. Tres días para tener una idea de Brooklyn y una semana para recorrer Manhattan. Por eso esta crónica también será una primera estación en la que, con el tiempo, intentaremos añadir otras rutas. En esta ocasión no hablaremos de El Bronx, Queens, ni Staten Island, sería necesario un libro.


A unas cuatro travesías al este de mi hotel, junto a Grand Central, está la confluencia de Broodway Av. con la séptima, donde aparece una especie de ombligo del mundo: Times Square. Si pones en marcha unas mínimas dotes de observador, te darás cuenta del porque Estados Unidos es la primera potencia, del porque tienes que dejar la piel si quieres destacar y ser alguien en medio de aquella neurasténica sociedad. En la que, en principio, toda persona tiene posibilidades de escalar posiciones: trabajando duro, muy duro. Esta es la clave. Ni pereza, ni bajas, ni pillería, ni puentes, ni eso no me toca. Trabajar mucho, nada más. Nadie te da la hora que es ni te abre la puerta del taxi, si a cambio no se escupe un dólar. El dólar es más que una moneda, allí es una forma de vivir y de entender la vida. ¿Fumar?, me parece que yo era el único fumador en la City. Dado mi interés por escudriñar al máximo, hablé con varios hispanos que trabajaban dos turnos cada día en diferentes empresas, con el fin de reunir suficiente dinero y poder crear ¡su propia empresa! Al hablarles de vacaciones o "bajas" se echaban a reír.

Junto a Times, en la 43, el Tony's de Napoli, es un buen lugar para retomar fuerzas y lubricar las tuberías con excelentes vinos australianos, sudafricanos o chilenos. En NY comenzaron a decaer mis convicciones en torno a los vinos. Muchas veces creemos que somos los reyes del mambo en diversos sectores cuando, a la hora de la verdad, adviertes que sólo somos el chico de los bongos.

Hoy cerraremos las breves impresiones en el Lincoln Center, el Metropolitan Ópera House, el MET para los amigos. Porque ¡eh!, yo he ido a New York también para ver ópera. Es el alimento básico de mi vida. Aquel día, el segundo, los trinos y la frescura del cercano Central Park, me acompañaron hasta las puertas del teatro para ver una Manon Lescaut que ya no podría olvidar nunca más.

(Publicado el 10/01/2010)

viernes, 6 de julio de 2018

EN PELOTA PICADA Y ALGO DE HIELO


Pues por aquí, bien, sin novedad destacable. Transcurre el verano de forma plácida y sin sobresaltos dignos de mención, si acaso dejar constancia de que hay menos gente de la habitual por estas fechas. Un trompazo con la bicicleta y el reventón de la rueda trasera son los incidentes más destacados de esta semana, en lo que a un servidor concierne. Tan solo me ha llamado la atención un artículo de Gloria Moreno en el que nos pone al corriente de cómo andan las cosas por Finlandia. Concretamente hace referencia a la ropa interior y al alcohol.

“Kalsarikänni”. Con esta palabreja definen los fineses o finlandeses el hábito de embriagarse en ropa interior. Lo que podría traducirse en agarrar una cogorza en pelotas. Así es, la oscuridad y el intenso frío de esas latitudes cercanas al Ártico, propician un alto consumo de alcohol, casi siempre en casa. Las rígidas inclemencias meteorológicas inducen a pasar muchas horas en casa, emborracharse en calzoncillos –es un eufemismo, deben de ir en pelotas-, relajarse y cargas pilas. Ignoro como se relaja uno, con el cerebro atestado de ginebra, vodka o whisky. Precisamente cuando andas a rastras por el suelo, a la relajación se la llama gelamación, como pisándote la lengua. El Kalsarikänni se practica siempre solo, pura intimidad, tú vas dando tumbos por todas las estancias con la botella en la mano. Me imagino que si se pasean delante de un espejo, deben enfurecerse por ver a alguien delante de él.

La gente de más edad tiende sin paliativos a considerar que la singular y secular liturgia de darle a la botella a solas y en bolas, no es más que coger una mona como un pufo. Sin embargo los más jóvenes dicen que se trata de beber moderadamente. Y ya sabemos que beber moderadamente puede provocar entrar en una autopista en sentido contrario o arrancar de la gasolinera después de repostar, con la manguera conectada. Por lo que hace al perfil de los mamones solitarios, se considera que es una buena opción para aquellas personas de clase media, en aquella fase de la vida en que los niños son todavía pequeños, la vida laboral es exigente y es necesario ahorrar para pagar la hipoteca. Los niños dicen “mamá tengo hambre” y mamá les dice “ejpega que denga papi”. Si papi llega a casa a las cuatro de la tarde, pongamos por caso, y no contesta nadie al timbre, papi sabe que debe aguardar hasta las ocho de la mañana, bajo una temperatura de 40 grados bajo cero, en espera de que mami se saque los rulos de dentro del cerebro. Querido, estoy en bolas practicando Kalsarikänni. ¿Qué fonito! Es el estado quien controla la venta de alcohol en Finlandia y con cierta rigurosidad. Menos mal. Razón por la que muchos finlandeses se embarcan en un ferri hacia la vecina Estonia, donde el comercio de bebida dura está liberado y es más económico, y se ponen de botellas hasta los dientes. Creo yo que si van con asiduidad a Estonia, ni circuitos culturales, ni turísticos, ni hostias con vinagre. Las maletas y bolsas de deporte cargadas hasta los hígados de destilados, nunca mejor dicho, y los tupidos y acolchados anoraks hinchados hasta las costuras de cristal etiquetado.

Es lógico pensar que a su vuelta a casa a los niños no les llevarán de recuerdo un reno con la cornamenta de plástico o un Santa Claus de corcho montado en un trineo. A lo sumo unas botellitas de vodka como las de los aviones, tamaño bolígrafo gordo. Vivir para ver ¡Qué digo! Vivir para columpiarse en bolas y atizándole a la botella. ¡Uy que frío!

viernes, 29 de junio de 2018

ESTO ES UN COÑAZO (Trozo III)


Todos aquellos que se pirran por el sol están de enhorabuena, ha llegado ya en serio y para quedarse. A mí me trae sin cuidado, me resigno y soporto sus invectivas. No luzco palmito ni palmón, invierno con cara de ajos tiernos y verano con la misma cara pero de color leche desnatada. El alcalde de Tarragona sigue con su buen ánimo manifestando el éxito, la excelencia de los Juegos del Mediterráneo. Pero parece ser que hasta en las carnicerías regalan entradas para presenciar alguna competición. Andan algo escamados al constatar que en la mayoría de espectáculos tan solo acuden los atletas, los árbitros, los que no se pierden una si es gratis, y la señora encargada de las toallas. Sin olvidar la pareja de policías aguantando el tostonazo. Malos tiempos para la cosa de los bíceps y la testosterona aplicada al esfuerzo. Sufro ya esperando el acto de clausura de estos Juegos. Con un poco de suerte se podrá presenciar un desfile de la Legión con cabra incluida, una exhibición de las costureras de Toledo o, vaya usted a saber, una demostración del campeón del mundo en almendra garrapiñada. La inauguración situó el listón en las nubes. Y ese sabor tarraconense que tanto gusta...



La Comunidad Europea y, con ella, todos sus mandatarios, también están de enhorabuena. Y no por el sol, los Juegos, ni siquiera por el pedazo de comidas y cenas que se montan. Uy, qué va. En las salas del pleno y en los mismísimos pasillos de la sede, se felicitan unos a otros, aunque no puedan ni verse, se congratulan de ver que el representante español por fin es alguien que su físico no es ceñudo, encorvado, huraño o arisco. Pero más que nada, porque estaban hasta las ingles de tener que hablar con las manos o las muecas. Y es de entender, claro, porque los políticos españoles se han destacado siempre por hablar el murciano, segoviano, sevillano, albaceteño, manchego, granaíno y, en ciertos casos, el madrileño. Y sí, ellos creen que son poliglotas, y no digo que no, pero es que no los entienden ni los más arriesgados. Situación que produce un efecto evaporador, excluyente. Esto es, mientras los mandatarios departen a mandíbula abierta en corrillos multicolor, el representante español acostumbra a estar sentado, mirándose las uñas y repartiendo sonrisitas al más allá, porque no hay más acá. Ojo, a nivel resolutivo espero del Sr. Sánchez, exactamente lo mismo que de sus antecesores. Ojalá me equivoque, pero no suelo equivocarme. Habla inglés y francés fluido, pero... Spanish is difficult.

Por estas largas playas en las que no me baño, un restaurante medio-alto te puede sacudir de 22 a 24 euros por una lubina al horno o a la sal. Esa misma lubina, en un establecimiento similar, te puede costar entre 26 y 28 euros en Barcelona. Yo tengo por costumbre ya hace muchos años, salir a comer, nunca o casi nunca a cenar. La excepción de la cena, por ejemplo, fue el pasado 17 de agosto. Esa noche me zampé una lubina a la sal. Pero esto fue irrelevante, carece de interés alguno. Terraza exterior, levantamos el culo de las sillas sobre la una de la madrugada, paseo hasta el aparcamiento y llegada a casa sobre la 1’20h. A treinta metros de nuestras sillas todavía calientes, cuatro terroristas son abatidos por el mismo mosso, estando nosotros en el interior del aparcamiento y no apercibirnos de nada. ¿Y qué pinta la lubina aquí? Nada, no pinta nada. Solo que aquella noche, antes de ser abatidos los terroristas, en su huida desesperada a pie, hirieron de gravedad a varias personas que paseaban tranquilamente, disfrutando de la noche, la conversación, el fresco y, tal vez, de una cena compartida con amigos. Con o sin lubina.