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jueves, 27 de julio de 2017

AZOTES DE MAR. ¡QUE VERANO MÁS GUAY!

Has jurado guardarme amor eterno, decía él, burro él, por lo cual ya no me podrás poner cuernos en la vida, concluyó el burro. La respuesta a tan onírico razonamiento no se hizo esperar. Vete a tomar por culo y no digas más chorradas, dijo ella mientras se tensaba las gomas de su braga/bikini. La acción se desarrollaba a escasos dos metros de mi copa de vino blanco, muy frío, claro. El menda, con los brazos y piernas embadurnados de ininteligibles trazos azules, cuando se desprendía de su gorra de guerrillero, presentaba un micro cráneo plantado de pelos amarillos en su parte superior, la azotea digamos. Los laterales del cráneo, presumiblemente, se habrían esquilado con el cuchillo eléctrico de rebanar chorizo. Style Changui. Su supuesta prometida, esparcida en la toalla, destacaba por sus tres aretes colgando del lóbulo, una perla más falsa que la inocencia del PP en todo el labio inferior, y un indiscreto y oxidado cascabel penetrante y colgante de su ombligo. Style putón verbenero. Más no vi. Pero mi instinto, ay mi instinto!, me sugiere que alguna herramienta debía llevar la moza en toda la boñiga. Quizá una campanita, puede que un diente de mono, no me jodas!, quien sabe, a saber. No les cuento nada más de la conversación de esos trogloditas, no vale la pena tener que darnos un bañito de yodo. Por cierto, verdad que se han inventado el pipi/can o la playa/can? Pues coño que monten el tarugo/can y metan a todos estos del cerebro congestionado. Eii Choni. Que gentuza, coño. Marchando otra copita de blanco, por favor. I fresco.


Ya saben, la bañota del veraneo. El coñazo de la brisa, el bochorno, el maldito calor, las infusiones de teta nocturna en la arena, el moderno bañador de papá, dios mío! Los recién ahogados, las sirenas, ambulancias, la policía y, en fin, los cojones de los negros dando color a la cosa con sus modelitos y bolsos Vuitton de todo a cien, amigo. Que si a la vuelta me tiro de cabeza al gimnasio, que como sigas así la barriga te va a esconder la pirula…pa lo que sirve! Que si en los balcones fuera guiris! Aquel que dice veo culo, quiero culo, la Sra. que por fin pesa solo 52 kgs, pero las tetas 48 más, que no nos dejan traer al perrito, cagüentodo. Miniflauta de Jabugo a 9 euritos y mal provecho. El coche nuevo, por pagar, las consolas de los niños en el respaldo, en cómodos plazos, ella con pamela y él con cabreo, el perrito, la pelota de playa, el apartamento, por pagar, hecho una mierda con tanta humedad. La gente se lo monta bien, tenemos apartamento en segunda línea de mar. Sabe distribuir los tiempos y alternar las fases de la luna: 15 días para disfrutar arruinándose y once meses y medio para pagar las cuotas de la hipoteca y el IBI de premio de consolación.


Hombreee, Pedro, cuanto tiempo, coño! Hacía años que no lo veía, pendenciero, vago, vividor, sin trabajo conocido, amante de sus amantes, soltero y víctima de los asedios sexuales. Qué es de tu vida, sigues enarbolando el palo mayor en mares revueltos? Porque supongo que no te habrás casado, no? No, que va, que va. Todo ha cambiado, amigo. Ya no es necesario seguir haciendo de sabueso y husmeando mujeres a las que hacerles un favor. Ahora todo es más sencillo. Hoy existe el WhatsApp y las suministradoras de orgasmos, jajaja! Ostia Pedro, lo que tú no sepas... Y se puede saber quiénes son las suministradoras de orgasmos, no me dirás que ahora vas pagando por ahí. Ni un duro, hoy las mujeres, no todas, claro, ya son más osadas que nosotros en los viejos tiempos, y te ponen entre la espada y la pared en cada esquina. Y aquí en la playa, ni te cuento.  Coño, y yo siempre enclaustrado tocando el piano, burro ignorante si soy. ¡Suministradoras de orgasmos, mecagüen la leche! Pero que Guay!!

jueves, 20 de julio de 2017

AZOTES DE MAR. EL CALOR DE UNA FACTURA.

Hoy no voy a hablarles del calor, las olas, los chiringuitos, los arrumacos nocturnos en la arena o las gambas al ajillo. Ni de la madre que los parió. No sé quién es. En todo caso, tan solo me referiré, excepcionalmente, al calor. Nada nuevo, ningún cambio, como cada año sino más: Estoy hasta los mismísimos congrios de llevar pegada cada día, en los brazos y lo que sigue tras ellos, esa fina y transparente capa caliente, húmeda y pegajosa que entorpece el normal funcionamiento de las pocas neuronas que acumulo y, tristemente, dinamita cualquier iniciativa encaminada al más mínimo esfuerzo. Todo al contrario, sin duda, de cuando concurren todas estas circunstancias en un tórrido encuentro con una vaporosa damisela. Siendo así, todo calor es poco. O era poco, porque ya ni me acuerdo. (Calor: sensación que se experimenta al entrar en contacto con un cuerpo caliente o al estar en un ambiente caliente.)


Pero sigamos, que el calor arrecia. Alain Ducasse es de esa generación de cocineros que, con solo verle la sonrisa, sabes que te pateará el duodeno mediante “l'addition”. Ofició de gran gurú de los fogones en el segundo piso de la Tour Eiffel en el Jules Verne. Se trataba de una cena romántica con la que el presidente de la república agasajaba al matrimonio Trump-Melania. A la izquierda, Brigitte y Donald, en frente, Emmanuele y Melania. A sus pies la ciudad luz y el Sena. Algún listillo de los muchos que sobran, se apresuró en confeccionar una foto montaje en la que se apreciaba una factura por un importe total de 154.953 euros. Cagüendiós! Fue la reacción airada e inmediata de los furiosos internautas. Y un Armand de Brignat valorado en 130.000 euros, otra vez, cagüendiós, las redes sociales, clamaban y rugían. Motivo no les faltaba, estoy seguro. Afortunadamente a las pocas horas, Le Monde enmendó la plana a los impresentables que originaron tal confusión, falsedad morbosa. El ágape no supero los dos mil quinientos euros, facturados a Emmanuele Macron, no al estado francés. O sea, como en España se hacen estas cosas, pero al revés, denle la vuelta y Bingo! En cierto modo puede excusarse la ligereza de los internautas españoles porque no están acostumbrados a estas pequeñeces. Lo malo de los 2500 es que sin ser un desafuero tampoco es una bagatela, pero ya verán cómo será aprovechado por alguna Mariloli para decirle al marido que a ver si se descuelga con una cena así, no seas tan roñoso, tonto del culo. Cagüenlaostia! Vacaburra, eres. Si es que somos así, cojones, a qué negarlo. En otro orden de cosas, hablando de Melania, esfinge, faraona, inexpresiva, muda, belleza agresiva, exquisita escultura eslava y con gafas de sol oscuras, impulsa a subirse 154953 veces al segundo piso de la Tour Eiffel para darle la mano, sin ascensor, trepando hierros. Joer, anda que no! Pues bien, en otro montaje fotográfico de algún desalmado, se puede ver a la princesa de las agrestes llanuras americanas, meter inocentemente la mano en el paquete presidencial, del francés. Será desgraciado el tío, no el francés. Es que lo que no puede ser, no puede ser.

Ya me disponía a cerrar los bolígrafos y colgar el ordenador, cuando me aparece una notita en la esquina inferior derecha de la pantalla en donde leo: Culo veo, culo quiero. Coño! ¿Quién hay por aquí? El cojín se hinchó y me apretó más, el culo. Qué me dices, no me jodas, por favor, pero en dónde estamos? Aprieto tecla y se me redirige a una página de Instagram en la que aparece el archifamoso, gran editor de programas de entretenimiento, marujo de gallineros y cotorras, comandante en jefe del ejército de marujas españolas: Jorge Javier Vázquez, de espaldas, en bolas, apoyado en una columna helenista, la vista perdida en el horizonte y el culo en pompa, con un pie de foto que quizá evoca sus pensamientos y reza: culo veo, culo quiero. ¡Cagüendiós! 


jueves, 13 de julio de 2017

AZOTES DE MAR. UN COÑAZO

A las olas no hay quien las pare, hacia arriba, hacia abajo, que subo, que me bajo. En fin, un coñazo. No las olas, sino el gobierno de las corruptelas; que no hagáis tonterías o vendrá Frau Cospedal, que si te doy con el 155, que si te enrejo y me chuto tu patrimonio, que nada de comprar urnas o pongo al fabricante en una urna y a ti en una tasca de tintorro cañí, que como buen español no negocio porque no me sale de los cojones y olé, que como buen demócrata me encanta el airoso pasodoble que lleva por título susurros de sables, que si te incauto la Cheneralitá y monto un puticlú, que si me arremango y lleno de Bárcenas la Cheneralitá para dirigil-la, que te invado la región, la inmovilizo y la bloqueo  -Bueno eso no, que si la bloqueo, Egpaña se me colapsa-, que voy a encarcelar  a tres millones de catalufos, que monto un gran hermano en la TV3. En fin, ya digo, un coñazo como la copa  de un pino.


Como iba diciendo, las olas suben y bajan. Y porqué qué coño hablaría yo de las olas ahora? Ah sí! Estoy en la playa y he de atender a mis azotes de mar, mi concepción in situ acerca de las palmeras azotadas por el viento, las hordas de guays en pantalón corto y el sensual contorneo de bellas mujeres en las noches de cenas en terrazas y ambientes chic! Que yo sepa el alcohol no ha sido invitado pero, créanme, pura lujuria, no se ve pero se le nota, campea y reina a sus anchas, desde las más lúgubres y atocinadas mesas hasta el más alto pabellón con bandera española de los yates amarrados en batería. Todo el mundo dándole al hocico con mano de vidrio y espíritu de 40 grados, doblando el codo con brío y traza marinera. Y quizá, pobre de mí, tengan toda la razón del mundo en coger esas cogorzas tan aristotélicas o quijotescas…se ven tan distintas las cosas! Claro que sí, justo al lado hay una mesa con dos parejas de cierta edad, frente a frente, durante toda la cena no han cesado sus estúpidos circunloquios en voz más que alta. Le he sugerido a mi hijo que quizá habría que llamarles la atención, cena tranquilo que te conozco. He cenado. Ellas despampanantes, bellas, atractivas, grandes ojos rimelados. Los dos jamelgos cargados de pulseras, medallas y peazo Rolex, claro. Camisa blanca y calzones cortos. Que estampa más estival y festiva! De comer no sé qué han comido, pero de beber…un fraude para las entrañas, una auto aniquilación y exterminio de las queridas asaduras, bendito hígado! Me abstengo de relatar en qué estado se encontraban al marchar, desequilibrio en estado puro.

El calendario me informa de que es jueves, el sol hace rato que chulea en las alturas y el mar azulea el horizonte de mármol turquesa, buen día para navegar, no navegaré. Mi mujer, consciente de mi ingente tarea en este mundo,  me ha dejado una lista encima del ordenador que de lejos intuyo como un rollo de papel de wáter. Toca supermercado. He salido de casa silbando para no exteriorizar mi cabreo aunque, bien mirado, también me gusta  ocuparme de la compra porque, entre otras cosas, compro lo que nunca me comprarían a mí. Alerta! Hace dos meses que no compro whisky, nada, ni gota, en casa. Maldita barriga, no se da por aludida y sigue con su pertinaz crecida. Otro coñazo como una casa.


Buenas noticias, en su último informe económico el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, asegura que Catalunya lleva puesta la directa arrojando unos resultados más que óptimos. ¿Exportación, rasgo identitario, industria eficiente, carácter emprendedor de los catalanes, coyuntura mundial? No amigos míos, nada de eso. El ministro tiene la certeza de que esos magníficos resultados se deben a que ¡Catalunya está en España! Cágate lorito. Media España ya se está frotando las manos. Ni siquiera es un coñazo, esto es la coña en persona. Y marinera, claro.

jueves, 6 de julio de 2017

AZOTES DE MAR. ROGELIO, LAS NUBES Y EL JUEZ.

Se produjo la muerte de un conocido, le apreciaba. La muerte, ni que sea esperada o temida, siempre nos coge con el paso cambiado, el efecto sorpresa nos conmueve. Y los sentimientos, como los pétalos, se abren de tal manera que entonces, y solo entonces, descubrimos que sentíamos por el finado algo más que una simple amistad. En ocasiones incluso ensalzamos aquellas virtudes que jamás tuvimos la honradez de reconocerle. Por no mencionar las críticas subidas de tono con las que denostábamos su trabajo o sus dotes.

En este caso no ha sido así, Rogelio fue un marinero de aguas precipitadas, embarcó con diecisiete años en un barco bacaladero y ya no abandonó el mar hasta el día de su jubilación, hace apenas unos cuatro años. Con singladuras de diez meses la vida de Rogelio transcurrió entre  Terranova y Groenlandia, y sus últimos abordajes fueron en el Mar de Barents, al norte de Laponia y al sur del Polo Norte.  Era un hombre parco en palabras, ceñudo, huraño y adusto. Libraba dos meses al año quemando sus cartuchos en el bar de la cofradía de pescadores. Sobre los cuarenta años un accidente le mermó en parte las facultades de su brazo izquierdo. El capitán no permitió su evacuación a ningún puerto noruego y fue atendido en la enfermería del buque. El maldito arpón destripó su antebrazo. Tenía sentido del humor e incluso hacía reír a sus contertulianos. A la pregunta de si tenía una novia en cada puerto, siempre respondía airado que él no tenía novias, tenía esposas en todos los puertos de Escandinavia que le trataban como a un marido de verdad, decía. No hay más, se ha sentado a la mesa de Neptuno y le deseo una larga y cómoda singladura en el fondo del océano en donde, a no tardar, tendrá una sirenita esperándole en cada arrecife.


El tiempo es implacable, cada día amanece según lo que le salga al tiempo de las entre nubes. Después de un junio abrasador e inquietante, julio despereza con altibajos impredecibles. Hay gente en la playa, me lo miro de lejos para no quemarme, pero las calles aparecen con cierta tranquilidad, sobre todo para los comercios. No así en la noche en que el bullicio se dispara y poder reservar una mesa en un restaurante se convierte en una odisea. Seguimos con los estereotipos de siempre, oigo una señora refunfuñar porque una tienda luce un letrero con la palabra “souvenirs”, esa manía, dice, de rotular todo en catalán. Podría ser la misma que el año pasado me indigestó el Martini por aquello de “pa”, debiendo ser, según ella, “pan”, no lo entendía, a pesar de que el establecimiento no tenía motos ni coches, ni mucho menos bragas y sostenes en el escaparate. ¡Maldito catalán subversivo!


Veo por televisión, con rubor, impotencia y asco, a una señora llorar desconsoladamente porque han ”okupado” su casa y no solamente no puede entrar en ella, sino que le han aconsejado que no aparezca por allí, que formule la denuncia pero que no tome ninguna iniciativa que podría perjudicarla gravemente. Les confieso que es algo que me aturde y saca de casillas, por no decir que me encabrona muy seriamente. Para terminar de rizar el rizo, los ocupantes, desde el balcón, se mofan de ella, la insultan y la conminan para que se vaya a hacer puñetas. Creo que legalmente existen no sé qué vericuetos legales que impiden el desalojo inmediato de las viviendas afectadas por esta lacra que se cuenta por miles. Me gustará hablar con un juez, no con un abogado o sabioncillo de turno, con un juez que me dedicara el tiempo necesario para instruirme y hacerme entender que el principio de propiedad privada es interpretativo, que pueda ser según como. A ojos de un lego como un servidor, el asunto es sencillo, diáfano, neto, indiscutible, injusto, lamentable, insultante; Yo vivo ahí, pago los impuestos, tengo una escritura justificativa de la propiedad porque la ley me obliga a tenerla, he pagado al notario sus honorarios y al registro también, y, me duele, pero también he pagado la hipoteca. ¿Y no puedo entrar en mi casa? 

miércoles, 28 de junio de 2017

AZOTES DE MAR. EN PELOTA PICADA

El pasado lunes se abrían las puertas a una semana que me prometía tranquila y sin sobresaltos inesperados. La presión del sol condicionaba pero no llegaba a los récords de días anteriores. De viernes a sábado la concentración de gente fue importante. Y la tan manoseada verbena de San Juan cumplió los mejores pronósticos. Una multitud de gente cargada de cocas, y un éxito -patético-, la afluencia de grupos a la arena en la noche del solsticio. Digo patético porque el estado en que se despertó la playa daba una imagen más que lamentable. Por todas partes había una sucesión de círculos que evidenciaban la posición de la gente durante la larga fiesta. Pero la gente ya no estaba, sólo era mierda en cantidades industriales: restos de madera quemada, envases de comida preparada, botellas, latas, papeles y un largo etcétera. Me detuve cerca de una máquina que labraba la arena a fin de aflorar la porquería enterrada, "Mucha suciedad, no? Pues sí, y condones también". Hay un dato curioso ahora, ya no sólo son adolescentes y los más espigados. Parece que hace más "in", más moderno, como más progre, se ve gente de cuarentena y cincuentena como se ponen ciegos amorrados a la botella. Ya tarde, y agrietando la noche, todos al agua. Abrazos, risas, besos, la luna, tocamientos e intentos fracasados ​​de polvos líquidos. El agua fría, el cerebro adormecido por la hora y el alcohol, y los ardores íntimos, hacen mala combinación. Al día siguiente te dirán que hacía mucho calor y se bañaron para refrescarse y ver la luna de más cerca.  Y como buenos imbéciles nos lo creeremos. Huelga decir que la escena de baño nocturno se produce en pelota picada. ¡Cielo, porque te mirabas tanto aquella muchacha de los pechos como misiles! Tú misma!

Lunes transcurrió sin incidencias destacables. Cuatro gestiones domésticas e ir criando barriga. Martes ya no, martes muy posiblemente pasará a mi atropellada historia como una larga jornada de esfuerzos y sufrimientos. Estaba contento porque tenía la bicicleta limpia y engrasada, hacía buena pinta. Por la mañana la remojé y enjaboné en la gasolinera. Una vez en casa, piñones, cadena y puntos de fricción, debidamente engrasados. Batería recargada, sin ella no hay paseo. Tenía un buen pretexto para el paseo, resolver un malentendido de escasa importancia en el pueblo de al lado. Nueve kilómetros por el circuito de la playa, y uno por camino de tierra. Todo correcto, la brisa acariciándome el rostro y la gorra desafiando el sol. La verdad es que ya tengo las cuatro extremidades, sólo tengo cuatro, bien barnizadas, el moreno se ha instaurado. Eso sí, desnudo soy igual que un BIC de dos colores, lo que antes llamaban moreno paleta. Ya de vuelta a casa, en el camino de tierra, al pasar por encima de una alfombra pedregosa oí un ruido seco y de mal presagio. Efectivamente, la llanta trasera tocaba el suelo y el neumático reventado. Dejé la gorra colgada del retrovisor y me dispuse a pensar cuáles podían ser las mejores opciones ante la gran contrariedad, o putada, depende del estado de ánimo, con lo cual era sin lugar a dudas, una evidente putada. Idea! Se me encendió la luz; el camino de tierra hasta la playa era bajada, y dado que todas las herramientas que llevaba encima no eran ni un corta uñas, así lo hice. Incluso subí a la bici y con suaves pedaladas fui bajando, si bien que, cuando llegué al Mediterráneo, la llanta no era más que un proyecto metálico. La idea consistía en atarla a un árbol o una señal y recogerla por la tarde con el coche. Pero me sentí culpable de abandono, de ser un mal padre. Mi hija tiene la casa a unos cinco kilómetros en mi dirección. Arrastrar el artefacto no lo encontré pesado, al principio. Pero madre mía, cuando una hora y media después llegué a casa de mi niña, no había niña ni nadie. Yo estaba al límite de mis fuerzas, casi moribundo por así decirlo, y el tobillo derecho sangrando de la cantidad de veces que el pedal se cebaba en mí. Bueno, la amarré  en la puerta de la casa y me fui. Faltaban cuatro kmts, hasta casa y era tan desesperado mi estado que los llamé diciéndoles que no me esperaran para comer y mucho menos que me hicieran preguntas. Todo mi deseo se centraba en una sopa de aspirinas, un flan de ibuprofeno, masaje intensivo de pies y mi cama de dos metros. Tan ilusionado que estaba por la mañana con la maldita bicicleta.

jueves, 22 de junio de 2017

AZOTES DE MAR. YA HAS HABLADO CON EL MAR?

Lejos de mis ámbitos rurales y del puesto de mando desde donde dirijo mis invectivas dominicales, allí, en lo alto del caserón, en donde se funde el horizonte con los verdes de la campiña y los de los afilados pinos, ahora me encuentro rodeado de agua por todas partes, aquí el horizonte es cielo y agua, agua y cielo. Todavía no he tomado contacto con la realidad mundana, con las calles, con los largos paseos de palmeras que cosen las costuras del mar. De momento el único protagonista que reina en tertulias y comercios es el sol, el sol esparciendo su despiadada y sofocante dictadura por todos los rincones. Mañana saldré a buscar una hermosa caja de bombones para mi protector, el aire acondicionado, y un colorido ramo de flores para la Virgen de las Nieves, que no deje de soplar, por favor.

Es en estas épocas cuando alguien a quien aprecio mucho, siempre me dice “Ya has hablado con el mar, porque tú siempre en verano hablas con el mar, no?” Pues no, no, todavía no he tenido ocasión de hacerlo. De todos modos, dudo  de que el amigo Neptuno, con lo ajetreado que está, pueda prestar  atención a las simplezas y perogrulladas que yo pueda explicarle. En todo caso, son sus aceradas y acertadas respuestas las que dan sentido al encuentro. Además, no estoy pasando precisamente las mejores semanas de mi vida, pero eso es otra historia. Hay historias que te anudan la razón y te enmarcan en blanco y negro.


De la última vez parece que quedó por aquí algún periódico, al recogerlos he reparado en una noticia de tercera fila que la encabeza de esta guisa, “Olvido Hormigos pone un anuncio en Instagram para encontrar trabajo y posa en bikini”. ¡Coño! Me he dicho para mis adentros y afueras. Vista la foto en cuestión no tengo  la menor duda de que la Sra. Hormigos se habrá visto obligada a contratar una secretaria para rehusar una avalancha de ofertas de trabajo. Me he sentado para leer sus declaraciones y no me avergüenza decir que he derramado unas crudas lágrimas, no hay para menos "No me reconozco en la mujer que fui. Pienso que cómo se me fue tanto la cabeza, el sexo no me daba la felicidad. Pienso en mis hijos y veo que no es normal lo que he hecho (...) He renunciado al sexo. Puedo pasar sin ello perfectamente. Pasé una etapa súperloca, cada vez que lo pienso digo: ¡Madre mía! No me hacía feliz, era solo sexo. Ahora me da igual, prefiero evitarlo. A la larga dices: ¿Para qué?", confesaba Hormigos. ¡Ostia qué fuerte! Pero qué le pasa a la Hormigos, acaso ya no siente las hormigas en su interior. Dónde ha quedado aquel clamor, aquella horrible pesadilla que le impedía el noble descanso, entre polvo y polvo, y declaraba “No hago el amor enamorada, solo me interesa por placer, por sexo”. Estremece comprobar hasta qué punto las personas podemos cambiar, mutar, transitar del fango al empedrado, de la nata a la trufa, de las brasas al frío, en fin, del infierno al altar. Pobre oveja descarriada, necesita urgentemente un empleo que sacie su vocación, que la salve de su pasado indecoroso, aspira a ser un miembro más de la sociedad trabajadora. Bueno, miembro quizá no, ya ha tenido un batallón de miembros, y erguidos ellos.



Se me rompe el corazón al oírla “Decía hace meses que vivía una etapa más feliz con su marido a pesar de que reconocía que su situación matrimonial había cambiado muy poco”. Di que sí Hormigos, coño!, un mal momento lo tiene todo el mundo, cómprale ya a tu marido un bonito sombrero de ala ancha, a poder ser que sea de paja, y del bracito y calle abajo cántale aquello de desde que te vi basura me volví. I aquí paz y después gloria, coño! Y también le dices que si tiene tiempo que vaya y hable con el mar, de las hormigas, por ejemplo.

( He escogido esta foto porque me parece muy adecuada para encontrar trabajo)

miércoles, 14 de junio de 2017

DISERTACIONES ENTORNO AL MITO DE CAPERUCITA ROJA.

Muchas generaciones en todo el mundo han crecido bajo la sombra y el desamparo de la mítica niña qué fue burlada por un lobo, pagando con su vida sus desdichados paseos por el bosque. El amor por su abuelita, residente en un dúplex justo en el centro del perímetro más frondoso, le hizo transitar por un camino plagado de incertidumbres y peligros varios. En la cestita unas galletitas y una botella de vino –hay autores que hablan de un pastel y unas cerecitas silvestres-. La bondadosa niña vestía una capa con una caperucita totalmente roja que le regaló la abuelita y que no se despojaba de ella ni para bañarse en el cristalino río. Pero ¡Ay! Su mente infantil la propulsó a desviarse del camino, desobedeciendo los consejos de su mami, para entregarse a la noble inclinación de recoger flores para su abuelita. Incorrección que el lobo aprovechó para largarse a casa de la abuela y zampársela al primer bocado. Acto seguido eructó como un lobo, se vistió con los harapos de la abuela y se metió en la cama a la espera de la dulce niña. Y así transcurrió, al poco rato entró Caperucita y se entabló aquel conocido coloquio de porque tienes las orejas tan grandes, los ojos, los dientes, en fin, que de un salto el impresentable lobo se la zampó con la caperucita puesta. Después entró un cazador y bla, bla, bla. Conclusión: no debes apartarte nunca del recto camino, obedecer a ciegas a los mayores y no hablar con desconocidos.

Bien, hasta aquí el relato que ha tenido en vilo a millones de personas durante su infancia y de las que, muy posiblemente, una gran mayoría de ellas han convivido con el terror del lobo feroz hasta sus últimos días. Pero vayamos con cautela y, a ser posible, con pies de plomo. Estudiando las diversas versiones escritas y analizando los personajes y sus circunstancias, creo haber llegado a conclusiones multidireccionales que constatan distintos mensajes que nos dibujan una versión de los hechos más real, más ajustada a lo que debió ser.


Veamos, mami no podía condimentar pastelitos ni tortas de cacahuete porque era una piltrafa de mujer extraída de los bajos fondos de Londres –zona portuaria-, hecha añicos de tanto ejercer de puta hasta los cuarenta años y que no sabía freír un huevo, a menos de que fuera humano. El caso  de su hijita es distinto, es penoso rayando la locura. De ninguna manera era una niñita de mofletes sonrosados. Las trazas psicológicas la sitúan en los quince años. Así es, cuando mami la envió a casa de la abuelita no saltó de alegría ni dio besos a mami, soltó una ristra de blasfemias y amenazas que concluyó con “otra vez a la mierda de la abuela”. De la misma manera que tampoco vestía la capa roja. Todavía no se había inventado el tanga, pero lucía un harapiento taparrabos que dejaba al descubierto los mofletes traseros y un par de tetazas de toma consomé. El lobo feroz ni era feroz ni tenía dientes y la última vez que comió fue en los últimos suspiros de la 2ª guerra mundial, circunstancia que le había ocasionado el olvido de comer. Tampoco es cierto que mirara el pandero de Caperucita, su instinto se orientaba al contenido del cesto. Dicho esto, mis pesquisas se dirigieron hacia la abuelita. Otro fiasco, nada de delicada y enfermita, acostumbraba a calzar siempre una cogorza como un piano. Era borrachuza licenciada, dedicada en cuerpo y alma a ultrajarse el hígado a lingotazos. De ahí lo del cestito de ida y vuelta y el cabreo de la cachonda Caperucita que de tanto vivir secuestrada en el bosque no hay que ningunear la posibilidad de que se tirara a más de un pino.

Las cosas no son lo que parecen, si no, vean ustedes. No se trata más que de una leyenda y, como tal, puede ser interpretativa. Mami bien podría ser Rajoy, siempre cabreado y mandando recaditos al juzgado, que sería la abuelita. Caperucita, la calentorra, una agente infiltrada para trasladar mensajes y desestabilizar al lobo. Las botellas de vino serían para el cazador que, además de borracho, custodiaba el borrador del referéndum, que preconizaba el resquebrajamiento de un país del sur de Europa, luego mató al lobo, si bien al tercer día resucitó, ignorando que no era un lobo, sino el presidente de la Generalitat, que se sentía acechado por todos los flancos, y con razón. Hay algún autor que tras tanto cachondeo medieval, sitúan al presidente en los bosques de Sherwood, armado de arco y flechas hasta los dientes.  Mitos y leyendas…ya saben.


(Abogo por no contar nunca jamás este cuento a los niños).