sábado, 14 de julio de 2018

PRÓXIMA ESTACIÓN, NEW YORK


Sé que puede parecer insólito, pero el tren también tiene alas, y estas alas, atravesando el Atlántico, me llevaron hasta Grand Central, en New York, en la calle 42 entre Lexington Av., y Park Av. Medio estación termini y medio museo, monumental nudo de comunicaciones enterrado. La primera vez que caí en este Polifemo urbano tengo que reconocer que me impresionó mucho. Y las posteriores visitas, cada vez me impactaron más. Aquello no es una ciudad, es como el río cuando se transforma en mar. La inmensidad te ahoga, pero revives. ¡Y de qué manera!

Tenía diez días por delante y quería aprovechar al minuto mi estancia. Un minucioso estudio del plano, cuadriculación de la ciudad con lápiz de color y reparto de zonas por los días de estancia. Perfecto, una rotundo chapuza. Pobre de mí, cada cuadricula necesitaba diez días yendo rápido. Decidí no coger ningún transporte público, no perderíamos ningún detalle de las calles, las tiendas, los edificios, la gente, la policía, los bomberos. Lo quería ver todo a pie y... me los planché.

El primer día no cené, estaba rendido y con los pies hinchados. Todavía me duraba el cabreo con el perro de inmigración en la aduana del aeropuerto JFK. Me dormí pronto con la imagen del puente de Brooklyn clavada en el cerebro. Como he dicho, no cené pero si tomé una copa en The River Café, bajo el mismo puente y colgado sobre el río Hudson, con unas vistas tan increíbles del skyline de Manhattan que me prometí volver, pero para cenar tranquilamente y dejar volar la imaginación o los sueños frente a Chinatown.

Rápidamente decidí que la magnitud de la ciudad no me permitía sacar adelante mi cuidadosa planificación para rastrear aquel monstruo de gigantes de acero y hormigón. Dedicaría los diez días a hacer el turista, sacar una fotocopia mental de los cientos de lugares emblemáticos y dejar para futuras ocasiones el detalle de los cinco distritos y los incontables barrios. Tres días para tener una idea de Brooklyn y una semana para recorrer Manhattan. Por eso esta crónica también será una primera estación en la que, con el tiempo, intentaremos añadir otras rutas. En esta ocasión no hablaremos de El Bronx, Queens, ni Staten Island, sería necesario un libro.


A unas cuatro travesías al este de mi hotel, junto a Grand Central, está la confluencia de Broodway Av. con la séptima, donde aparece una especie de ombligo del mundo: Times Square. Si pones en marcha unas mínimas dotes de observador, te darás cuenta del porque Estados Unidos es la primera potencia, del porque tienes que dejar la piel si quieres destacar y ser alguien en medio de aquella neurasténica sociedad. En la que, en principio, toda persona tiene posibilidades de escalar posiciones: trabajando duro, muy duro. Esta es la clave. Ni pereza, ni bajas, ni pillería, ni puentes, ni eso no me toca. Trabajar mucho, nada más. Nadie te da la hora que es ni te abre la puerta del taxi, si a cambio no se escupe un dólar. El dólar es más que una moneda, allí es una forma de vivir y de entender la vida. ¿Fumar?, me parece que yo era el único fumador en la City. Dado mi interés por escudriñar al máximo, hablé con varios hispanos que trabajaban dos turnos cada día en diferentes empresas, con el fin de reunir suficiente dinero y poder crear ¡su propia empresa! Al hablarles de vacaciones o "bajas" se echaban a reír.

Junto a Times, en la 43, el Tony's de Napoli, es un buen lugar para retomar fuerzas y lubricar las tuberías con excelentes vinos australianos, sudafricanos o chilenos. En NY comenzaron a decaer mis convicciones en torno a los vinos. Muchas veces creemos que somos los reyes del mambo en diversos sectores cuando, a la hora de la verdad, adviertes que sólo somos el chico de los bongos.

Hoy cerraremos las breves impresiones en el Lincoln Center, el Metropolitan Ópera House, el MET para los amigos. Porque ¡eh!, yo he ido a New York también para ver ópera. Es el alimento básico de mi vida. Aquel día, el segundo, los trinos y la frescura del cercano Central Park, me acompañaron hasta las puertas del teatro para ver una Manon Lescaut que ya no podría olvidar nunca más.

(Publicado el 10/01/2010)

viernes, 6 de julio de 2018

EN PELOTA PICADA Y ALGO DE HIELO


Pues por aquí, bien, sin novedad destacable. Transcurre el verano de forma plácida y sin sobresaltos dignos de mención, si acaso dejar constancia de que hay menos gente de la habitual por estas fechas. Un trompazo con la bicicleta y el reventón de la rueda trasera son los incidentes más destacados de esta semana, en lo que a un servidor concierne. Tan solo me ha llamado la atención un artículo de Gloria Moreno en el que nos pone al corriente de cómo andan las cosas por Finlandia. Concretamente hace referencia a la ropa interior y al alcohol.

“Kalsarikänni”. Con esta palabreja definen los fineses o finlandeses el hábito de embriagarse en ropa interior. Lo que podría traducirse en agarrar una cogorza en pelotas. Así es, la oscuridad y el intenso frío de esas latitudes cercanas al Ártico, propician un alto consumo de alcohol, casi siempre en casa. Las rígidas inclemencias meteorológicas inducen a pasar muchas horas en casa, emborracharse en calzoncillos –es un eufemismo, deben de ir en pelotas-, relajarse y cargas pilas. Ignoro como se relaja uno, con el cerebro atestado de ginebra, vodka o whisky. Precisamente cuando andas a rastras por el suelo, a la relajación se la llama gelamación, como pisándote la lengua. El Kalsarikänni se practica siempre solo, pura intimidad, tú vas dando tumbos por todas las estancias con la botella en la mano. Me imagino que si se pasean delante de un espejo, deben enfurecerse por ver a alguien delante de él.

La gente de más edad tiende sin paliativos a considerar que la singular y secular liturgia de darle a la botella a solas y en bolas, no es más que coger una mona como un pufo. Sin embargo los más jóvenes dicen que se trata de beber moderadamente. Y ya sabemos que beber moderadamente puede provocar entrar en una autopista en sentido contrario o arrancar de la gasolinera después de repostar, con la manguera conectada. Por lo que hace al perfil de los mamones solitarios, se considera que es una buena opción para aquellas personas de clase media, en aquella fase de la vida en que los niños son todavía pequeños, la vida laboral es exigente y es necesario ahorrar para pagar la hipoteca. Los niños dicen “mamá tengo hambre” y mamá les dice “ejpega que denga papi”. Si papi llega a casa a las cuatro de la tarde, pongamos por caso, y no contesta nadie al timbre, papi sabe que debe aguardar hasta las ocho de la mañana, bajo una temperatura de 40 grados bajo cero, en espera de que mami se saque los rulos de dentro del cerebro. Querido, estoy en bolas practicando Kalsarikänni. ¿Qué fonito! Es el estado quien controla la venta de alcohol en Finlandia y con cierta rigurosidad. Menos mal. Razón por la que muchos finlandeses se embarcan en un ferri hacia la vecina Estonia, donde el comercio de bebida dura está liberado y es más económico, y se ponen de botellas hasta los dientes. Creo yo que si van con asiduidad a Estonia, ni circuitos culturales, ni turísticos, ni hostias con vinagre. Las maletas y bolsas de deporte cargadas hasta los hígados de destilados, nunca mejor dicho, y los tupidos y acolchados anoraks hinchados hasta las costuras de cristal etiquetado.

Es lógico pensar que a su vuelta a casa a los niños no les llevarán de recuerdo un reno con la cornamenta de plástico o un Santa Claus de corcho montado en un trineo. A lo sumo unas botellitas de vodka como las de los aviones, tamaño bolígrafo gordo. Vivir para ver ¡Qué digo! Vivir para columpiarse en bolas y atizándole a la botella. ¡Uy que frío!

viernes, 29 de junio de 2018

ESTO ES UN COÑAZO (Trozo III)


Todos aquellos que se pirran por el sol están de enhorabuena, ha llegado ya en serio y para quedarse. A mí me trae sin cuidado, me resigno y soporto sus invectivas. No luzco palmito ni palmón, invierno con cara de ajos tiernos y verano con la misma cara pero de color leche desnatada. El alcalde de Tarragona sigue con su buen ánimo manifestando el éxito, la excelencia de los Juegos del Mediterráneo. Pero parece ser que hasta en las carnicerías regalan entradas para presenciar alguna competición. Andan algo escamados al constatar que en la mayoría de espectáculos tan solo acuden los atletas, los árbitros, los que no se pierden una si es gratis, y la señora encargada de las toallas. Sin olvidar la pareja de policías aguantando el tostonazo. Malos tiempos para la cosa de los bíceps y la testosterona aplicada al esfuerzo. Sufro ya esperando el acto de clausura de estos Juegos. Con un poco de suerte se podrá presenciar un desfile de la Legión con cabra incluida, una exhibición de las costureras de Toledo o, vaya usted a saber, una demostración del campeón del mundo en almendra garrapiñada. La inauguración situó el listón en las nubes. Y ese sabor tarraconense que tanto gusta...



La Comunidad Europea y, con ella, todos sus mandatarios, también están de enhorabuena. Y no por el sol, los Juegos, ni siquiera por el pedazo de comidas y cenas que se montan. Uy, qué va. En las salas del pleno y en los mismísimos pasillos de la sede, se felicitan unos a otros, aunque no puedan ni verse, se congratulan de ver que el representante español por fin es alguien que su físico no es ceñudo, encorvado, huraño o arisco. Pero más que nada, porque estaban hasta las ingles de tener que hablar con las manos o las muecas. Y es de entender, claro, porque los políticos españoles se han destacado siempre por hablar el murciano, segoviano, sevillano, albaceteño, manchego, granaíno y, en ciertos casos, el madrileño. Y sí, ellos creen que son poliglotas, y no digo que no, pero es que no los entienden ni los más arriesgados. Situación que produce un efecto evaporador, excluyente. Esto es, mientras los mandatarios departen a mandíbula abierta en corrillos multicolor, el representante español acostumbra a estar sentado, mirándose las uñas y repartiendo sonrisitas al más allá, porque no hay más acá. Ojo, a nivel resolutivo espero del Sr. Sánchez, exactamente lo mismo que de sus antecesores. Ojalá me equivoque, pero no suelo equivocarme. Habla inglés y francés fluido, pero... Spanish is difficult.

Por estas largas playas en las que no me baño, un restaurante medio-alto te puede sacudir de 22 a 24 euros por una lubina al horno o a la sal. Esa misma lubina, en un establecimiento similar, te puede costar entre 26 y 28 euros en Barcelona. Yo tengo por costumbre ya hace muchos años, salir a comer, nunca o casi nunca a cenar. La excepción de la cena, por ejemplo, fue el pasado 17 de agosto. Esa noche me zampé una lubina a la sal. Pero esto fue irrelevante, carece de interés alguno. Terraza exterior, levantamos el culo de las sillas sobre la una de la madrugada, paseo hasta el aparcamiento y llegada a casa sobre la 1’20h. A treinta metros de nuestras sillas todavía calientes, cuatro terroristas son abatidos por el mismo mosso, estando nosotros en el interior del aparcamiento y no apercibirnos de nada. ¿Y qué pinta la lubina aquí? Nada, no pinta nada. Solo que aquella noche, antes de ser abatidos los terroristas, en su huida desesperada a pie, hirieron de gravedad a varias personas que paseaban tranquilamente, disfrutando de la noche, la conversación, el fresco y, tal vez, de una cena compartida con amigos. Con o sin lubina.

lunes, 25 de junio de 2018

ESTO ES UN COÑAZO (Trozo II)


Hemos pasado unos días de lo más agitado, ha habido para todos los gustos. El solsticio de verano ha hecho mover miles de personas de un lugar a otro, todo el mundo practicando ejercicios de auto control y dominio de nervios en las largas colas de la carretera. La verbena y las cocas no se han hecho esperar. Grandes corros de familias o amigos se forman a lo largo de todo el litoral. Unos con comidas preparadas y otros con la consagrada tortilla de patatas. Se hace juerga, se cantan canciones y descorchan botellas. Y como casi nadie ha de conducir, se cogen unas trompas de las que marcan territorio. Sin olvidar el baño nocturno del que muchos cantan excelencias, sobre todo los que aprovechan el desenfreno para hacer un par de kikis bajo la torcida mirada de una luna en crecimiento.

Qué podemos decir de estas noches en la playa que no sea una repetición. Casi todo se ha dicho y escrito, son legendarias. Hombre sí, podríamos aprovechar para mencionar como quedan estos idílicos marcos el día siguiente. Pues hechos una mierda. Así es, montañas y montañas de desechos, restos de comida, toneladas de botellas o plásticos de todo tipo. Sólo de las playas de Barcelona se habla de 20 toneladas de basura. Pero aún hay más, si, más. Los cientos de condones enterrados en la arena, o no, y los que flotan sobre las olas como caballitos de mar y se desplazan a la deriva como un barco averiado. No seré yo el que me bañe al día siguiente ¡madre mía! a riesgo de salir del agua con un bigote impostado. A mí me es indiferente que la gente se desahogue a golpe de ingle, como si se quieren ventilar una estrella de mar o dejarse morder una teta por una medusa. Pero, coño, que se lleven la  mierda a su casa, por favor.



Tarragona está de moda, sí señor. Esta ciudad ha permanecido alejada de los grandes eventos durante demasiado tiempo. Cierto que durante el proceso independentista, su voz se hizo notar con frecuencia. Tarragona es una ciudad de tamaño apropiado, bonita, antigua, y vigía privilegiada del Mare Nostrum. Después de un largo camino lleno de obstáculos y sobresaltos, finalmente se pudo realizar e inaugurar su gran sueño: Los Juegos del Mediterráneo. Competiciones deportivas dentro del Movimiento Olímpico del Mediterráneo. La ceremonia inaugural tuvo lugar el pasado sábado, bajo la presidencia del rey de las Españas, el presidente de la Generalitat y el alcalde tarraconense. De entrada les confieso que me quedé muy atribulado, confuso, extrañado. Y esto no tiene nada que ver con la tirantez que se respiraba en el palco de autoridades. Cuando el alcalde Ballesteros presentaba por la megafonía a las autoridades presentes, al nombrar al presidente Torra se oyó una avalancha de gritos y silbidos. Mientras, yo me ocupaba de un aceitoso ibérico, acompañado de un queso ciertamente ofensivo, observé que las gradas estaban llenas de banderas españolas, muy respetables, y de las catalanas que brillaban por su escasez. Ignorando lo que ocurría o podía pasar, lo atribuí a los latigazos de vino tinto que me inoculaba para hacer frente a los sólidos. A continuación la actuación de unos artistas que sin lugar a dudas deben de ser muy buenos, otra cosa es que yo sea un ignorante, que fueron desgranando su programa vocal. Las tomas de las cámaras de TV mostraban grandes espacios del estadio vacíos, fríos, desalmados. Mientras me zampaba la última loncha de jamón, en la pantalla se veía el cielo de la ciudad romana por donde dos paracaidistas militares descendían hacia el centro del estadio mediterráneo. En ese preciso instante, el mando a distancia me transportó hasta una peli de sangre y tiros, creo que de Bruce Willis. La sangre que chorreaba por doquier hacía juego con el vino que me iba infiltrando.

En resumen, sin desmerecer ni censurar a nadie, si me llegan a decir que todo aquello estaba pasando en Guadalajara o Burgos, por ejemplo, me habría quedado tan ancho. Los preciados diseñadores y parideros de grandes espectáculos de masas, las autoridades locales, el tío Ramón que es muy listo, ¿no podían haber dado un aire más catalán, más tarraconense, más ajustado a la realidad de las cosas, a todo aquel esperpento? Y los castellers, ¿dónde estaban los castellers?

martes, 19 de junio de 2018

ESTO ES LA COÑA (Trozo I)


Mala suerte, me he partido el menisco. El menisco izquierdo. Afinemos un poco más, de eso hace ya tres o cuatro años, no ahora. En su día ya me dijo el cirujano que ya no se opera el menisco de forma protocolaria y automática. Tan solo en casos en que se considera necesario. Me he acordado hoy, anticipo del tiempo estival que está al llegar y antesala de los itinerarios en bicicleta. La bicicleta emite un ligero chasquido a cada vuelta de pedal, que coincide exactamente con el chasquido emitido por mi rodilla maltrecha. Nada preocupante si lo comparo con las docenas de ruidos, pulsaciones, mialgias, punzadas y pequeños dolores que exhala mi cuerpo entero. Un cataplasma, vamos. En invierno me divorcio de la bici, por pura cobardía. En donde yo vivo las temperaturas invernales son un tanto inhumanas y lo último que haría sería pegar aquel maldito sillín a mi culo. Además, la tengo en la playa, lejos de mis adoradas montañas. Ya me encuentro en la playa, poca gente, ventadas por la tarde, paseos matinales, comidas frugales, mucho pescado y ausencia absoluta de tetas y de machos alfa dispuestos a comerse lo incomible.

Por las noches lo de siempre, o casi. Hojeo el periódico, me calzo los cascos y dejo que la música me amanse, como a las fieras. Cuando me parece que lo que oigo es digno de compartir, lo hago mediante un grupo de Facebook que creé ya hace algunos años. Había permanecido casi siempre bajo mínimos sin embargo, ahora, se ha recuperado y se encuentra en unos niveles de participación muy prometedores, y va al alza. Hay un grupo de personas muy activos que llena la página de buena y variada música. Yo soy muy repetitivo, cansino diría yo. Aunque la mayoría de agregados derrochan amabilidad prestando atención a mis publicaciones. PEN CLUB MÚSICA, por si a alguien le puede interesar y compartir sus gustos musicales.


Ahora es tiempo de renuncias también. Aquí suelo pasar de puntillas sobre la información política de los periódicos. Es como un hartazgo la temática de las peleas diarias y el quítate tú que me pongo yo. Que si han encarcelado a Urdangarin, que si se presentan no sé cuántos para presidir el PP, que si Susana dice que a los catalanes ni agua, que como Sánchez no se coalicione con otros, su recorrido será efímero. Que si el presidente hace footing por la mañana en los jardines de la Moncloa –que a mí me importa un huevo-. Aunque reconozco que Sánchez corre con estilo de deportista, al revés del anterior, Rajoy, que corría como si estuviera escaldado o con ansias de llegar al retrete. En fin, al mediodía comparto plato con las noticias televisadas, por la noche ya no. Miro las estrellas y el reflejo de la luna sobre el mar, y si no hay luna, me lo imagino. También miro las olas, y si tampoco hay luna, las oigo.

Me han entrado furibundas ganas de oír el pasodoble de España Cañí y mandarlo al Face. Leo no exento de asombro, como diría un entendido, que en el último programa de Supervivientes, que no he visto jamás, un tal maestro Joao ha podido hacer realidad uno de sus sueños: ver y tocar el culo de Jorge Javier Vázquez. Como lo oyen. El tal Joao, que no sé si será vidente, le pudo leer el futuro a Javier, nada más y nada menos que reflejado en su culo. ¡Coño! Que diría mi padre o cagondiós que diría mi vecina. Una foto ilustra el notición en la que aparece el divo televisivo con los pantalones en los zapatos y al realizador de sueños arrodillado frente al famoso culo. Y al parecer, no es que no tenga pelos en la lengua, es que no tiene pelos en el culo. Joao profetiza que el divo venderá su casa, cesará su periplo televisivo, etc. Y a Juana de Arco pongo por testigo de que un servidor, que tiene los ojos nuevos de trinca, por más que miro la foto, no olerla, no veo letra alguna en esa masa muscular al fresco y a un palmo de la nariz del vidente. Ya me perdonarán, amigos y amigas, pero solo de pensar en el sillín de la bici, creo que no la cogeré más. ¡Es que hay que joderse, que diría mi abuela! Si esto es información/televisión, yo soy Giacomo Puccini.

miércoles, 13 de junio de 2018

AMORES TORTUOSOS



Anoche sufría un estrago depresivo y transcendente de personalidad, que no sé ni qué es eso, pero queda muy bien, casi dramatúrgico. El caso es que cesé en mi empeño de colgar tostonazos musicales en Facebook y me entregué a la noble causa de hurgar en los sentimientos ajenos. Puesto que este sitio tiene nombre de tren, me decidí por ver la película Tren nocturno a Lisboa. Previamente revisé La Correspondencia. El nexo que une ambas películas es que están interpretadas en su papel masculino por Jeremy Irons, el misterioso, el extraño, el frágil, que nunca deja indiferente.

Sin ninguna duda el tren a Lisboa es muchal mejor película que la del amor de ultratumba. Una fogosa relación de amor entre una estudiante de astro física y su profesor que le triplica la edad. El film se inicia en una habitación de hotel, impartiendo una lección de besuqueo en la que se comen las bocas, acompañada de un malabar juego de manos entre ambos. Bien, él desaparece de esta vida, pero ella sigue recibiendo en momentos y fechas oportunas diferentes mensajes en forma de audio, email, y cedés. El calvario que sufre la joven se acrecienta hasta límites insoportables, y los recuerdos que la asfixian.  Todo ello con un relato tedioso, lento y repetitivo. Irons no sale bien parado a mi modo de ver. El actorazo que es, queda desdibujado y volátil. Para mi que tenia prisa por acabar el rodaje. Buenos exteriores y relajante y exquisita música.

A buenas horas hoy una moza de 18 años estaría pendiente de los mensajes de ultratumba, siguiendo el esperpéntico guion de todo un flamante cadáver. ¡Qué digo moza! Ni toda una mujer en todo su esplendor. Como mucho le llevarían un ramito de gladiolos de su parte y de las partes de su nuevo amigo. La vida es así de cruda y real. Para mi que Tornatore (Cinema Paradiso) quiso rizar el rizo, pero pinchó. Hoy se hace difícil encontrar poesía tras las esquinas, priman las prisas y los picores de bajos. Suena mal quizá, pero ahh…



Jeremy Irons está más en su sitio, mejor ubicado, algo embelesado, en Tren nocturno a Lisboa, como profesor de latín y griego en Berna. Su afilado rostro encaja en la trama, el azar pondrá en sus manos un billete de tren con destino a Lisboa. Solitario y algo huraño se obsesionará en encontrar al autor de un pequeño libro escrito durante la dictadura de Salazar. La película mantiene el ritmo y describe bien el momento y el ambiente de la ciudad violentada por el fascismo. En ese ir y devenir, el protagonista suizo (Irons) persigue lo imposible, conociendo un buen puñado de personajes que van tirando del ovillo hasta llegar al autor del libro, extinto ya. En ese largo itinerario, va cubriendo los grandes vacíos de su propia vida. Un matrimonio fracasado y un aula llena de estudiantes como únicos amigos. Solitario, metódico, pensador, reflexivo y algo tímido. Bingo, con un pie en el estribo del tren de vuelta a Suiza, el profesor descubre el amor y el tren parte sin él.

El cine en su conjunto y en su magnetismo indiscutible, es fuente de enseñanza para muchos. Te deleitas con las imágenes y te dejas impresionar por las palabras. Como todo, hay de bueno y de malo. Pero siempre hay una chispa esperándote o simplemente una historia que te conmociona. Dicen que es un arte, y yo me lo creo. Otra cosa es querernos convencer con argumentos mal intencionados o explicarnos historias de amor, de un amor imposible, irracional, falso y obsceno. Pueden hacer tintinear los sentimientos, pero no engañarlos, no mentirles. La mentira no es una buena receta, ni para el condado de York ni para Lisboa.


viernes, 25 de mayo de 2018

COGE LA PASTA Y CORRE

Queridas amigas y amigos, la función va a empezar, lo que ignoro es cómo acabará. Los payasos han sido retratados, el maquillaje cubre las caras duras y la carpa abarrotada de público clama venganza y castigo. Como resultado de tal evento, la atmosfera ha sido invadida por una espesa y contundente nube. Nube que al parecer va preñada de ingentes cantidades de mierda pura. Es el gran día.

Durante años han querido intoxicar, y lo han conseguido, con que los artistas catalanes eran los desestabilizadores del tablero español. El bombardeo de insidias y calumnias ha sido demoledor. Los insultos y humillaciones, dignos de la taberna más pestilente. Y como ya sospechábamos los payasos del grupito catalán no han sido más que los enanitos de las representaciones. Los bufones a los que se les puede pegar y mancillar. Los grandes artistas y cabecillas del mayor desfalco político de esta triste historia, no han podido evadirse ni en sus lujosos carromatos.

Si el sideral robo se hubiera perpetrado en algún circo democrático europeo, a estas horas habría ya centenares de dimisiones. Aquí no, aquí no dimite ni el mico del circo. España cañí en todo su esplendor. El jefe de filas ha manifestado a la COPE “El gobierno asegura que no le afecta de ninguna manera la sentencia”, la sentencia de la Gurtel. O sea, no le afecta que su tesorero durante décadas, cargos de confianza, diputados, ministros y aliados diversos, hayan sido sentenciados a décadas de prisión. Al parecer ni le afecta “de ninguna manera” la gravedad de la lista de delitos cometidos: asociación ilícita, fraude a la administración pública, prevaricación, blanqueo de capitales, delitos contra la hacienda pública, tráfico de
influencias, apropiación indebida o estafa procesal.

Y siguiendo con las piruetas desde lo alto del trapecio, ha seguido no sintiéndose afectado por la sentencia. Ni que se haya confirmado la existencia de una caja B del partido de los trapecistas, con una estructura financiera y contable paralela a la oficial, al menos desde el año 1989.
Tampoco cree que le afecte de “ninguna manera” que el tribunal haya acreditado la existencia de un auténtico sistema corrupto entre el grupo del saxofonista Correa y los levantadores de pesas del PP hasta el punto de que, según sentencia, se creó en paralelo un autentico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación y contratación pública central, autonómica y local. No parece afectar tampoco al hombre bala, la serie de despropósitos de toda índole que recogen los 1700 folios de la sentencia. Ni se dan por enterados de las partidas de cartas que jugaron a la sombra de la carpa, en las que, en vez de sota, caballo y rey, había sobres rellenos de espuma líquida, ¡alehop! ¡Al bolsillo!

¿Qué más se puede decir de los integrantes de ese circo? Afortunadamente ha sido necesaria la intervención de la justicia para clamar al cielo lo que Pagliacci balbucea al final del drama en escena, “La Comedia e Finita”. Algunos nos preguntamos, no saliendo del asombro, si puede llegar a ser cierto este drama, si es verdad que esta compañía de funambulistas trashumantes forma parte del gobierno de un país. Si no es un sueño que se castigue un rapero a tres años y medio de cárcel o se mantengan en prisión preventiva de incierto final a personas que no han sido procesadas. Que un primero de octubre dictaminaran el apaleamiento del paciente e inocente público que había comprado su localidad. ¿Cuál será la opinión de la Europa democrática acerca de este monumental galimatías? Estamos hablando de corrupción en su más exigente acepción, adscrita como las lapas a las más altas esferas de un país.

Empiezan a surgir voces de otros circos que se sienten ofendidos. Desconfío. Cuando Aznar subió al poder dio por finiquitada la última etapa de González, un despropósito de cajones rotos. Con Aznar ya saben por dónde anduvieron los tiros de feria i siempre toca. Con el hombre bala queda todo dicho. Mociones de censura, elecciones… ¿quién quiere ser director del nuevo circo? ¿Sánchez? ¿Rivera? Sin palabras. La Comedia e Finita.